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Vinieron a destruir y terminar con la Argentina

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Muchos aun no comprenden y dicen “fracasaron” y “se equivocaron”. Falso, vinieron a hacer todo el daño que ya han perpetrado, y mucho más si les seguimos dejando. Son apátridas que desprecian visceralmente al Ser Nacional.
Forman esa oligarquía abyecta, que solo busca seguir enriqueciéndose, fugando capitales a paraísos fiscales; tienen cerrado espíritu de casta pretendidamente superior, que se basa en los infinitos privilegios que los rodean desde siempre; son hipócritas que mienten y falsean sin ningún atisbo de moral, son perversos que se solazan ante la miseria generalizada que ellos mismos provocan.
Son peores que los oligarcas del mitrismo y de la década infame, pues aquellos, en sus sumisiones a Gran Bretaña, guardaban algún resto de decoro para considerar –en sus distorsionadas ópticas- que defendían ciertos intereses básicos de Argentina, y a algún resto de patriotismo muy elemental hacían referencia. Estos en cambio, solo desprecian todo lo nacional, operando como marionetas funcionales a los poderes financieros transnacionales y las Potencias Atlantistas, que buscan sin tapujos, la disolución nacional.
A los odios cerriles del mitrismo sarmientino a la gente común (“solo sirven para abonar la tierra con su sangre”, dijo de los gauchos “el gran educador” cuando se ufanaba de los degüellos al por mayor contra los federales, perpetrado por los Coroneles de Mitre), le sumaron la impiedad de los feroces bombardeadores del ’55 (masacrando a su propio pueblo) y fusiladores del ’56, el odio a lo Nacional y Popular de los golpistas del ’62, las aberraciones del ’76 (para imponer el neoliberalismo); y ahora agregaron un cinismo a toda prueba, opinando como simples relatores respecto al desbarranque generalizado que ellos provocaron intencionalmente, eludiendo sus responsabilidades como perpetradores de la sumatoria de acciones de traición a la patria y de negociados alevosos para ellos y sus amigotes (capitalismo de country, lo llaman algunos), advirtiéndose como se ríen descaradamente de la miseria acentuada y la angustia general que adrede provocan y agravan día a día.
Son incapaces de resistir un diálogo libre con periodistas no comprados o condicionados previamente.
Tampoco pueden ya dialogar con personas comunes, ante el repudio general que cosechan, por lo que la calle ya les es marcadamente hostil.
Su accionar político – económico es continuación directa del neoliberalismo procesero (puesto en vigencia por Martínez De Hoz, con la custodia de las bayonetas de Videla y sus secuaces, como tropas de ocupación en el propio territorio, bajo la excusa “perfecta” de “la subversión”), y es también continuador total –pero en versión recargada- del neoliberalismo noventista-, aquel del claudicado Alfonsín y de los apátridas Menem y De La Rúa.
Claro que ahora con varios de los mismos perpetradores de los años ’90, se manejan como “niños bien” que en base a la prepotencia de fingidos buenos modales, buscan llevarse todo por delante, como se detalla seguidamente.
 La suma del poder público -que buscan afanosamente y que en buena parte la consiguieron, “domesticando” a periodistas, políticos y sectores del Poder Judicial-.
 Cuentan con los apoyos casi irrestrictos de los auto subordinados miembros de la dogmática familia militar liberal (esa que ve “zurdos” hasta en la sopa, pero no ve a los delincuentes de guante blanco de las finanzas y las oligarquías), y el poder de choque de las fuerzas de seguridad, prestas a apalear a obreros despedidos, docentes, jubilados y al pueblo protestando ante tanta desfachatez y descaro.
 Todo eso con las complicidades de sectores clasemedieros tan afectos al odio fácil y a “comprar” mensajes prefabricados para tan incautos y no pensantes, como reacios a razonar y a buscar fundamentos bien basados, que esos sectores demuestran ser.
 Las “progresías”, “comprando” causas prefabricadas por los mismos factores de poder que nos agreden desde afuera, aportan al odio y a las divisiones, militando causas conflictivas como el ultra feminismo, el aborto, el ultra indigenismo, el ultra ecologismo y otras similares.
De mínima buscan hacernos retroceder un siglo y medio, reeditando el infame mitrismo, el mismo que buscó reinstaurar el repudiado “proceso”; pero de máxima, claramente su objetivo es balcanizar a Argentina y hacerla desaparecer como Unidad Geopolítica; esto último acorde a los dictados que con muchos
fundamentos se atribuyen a Churchill en los acuerdos de Yalta, que el neoliberalismo transnacional claramente asumió como un objetivo propio.
Destruir el empleo y precarizarlo al extremo, instalar la desocupación masiva como fenómeno permanente para “domesticar” a los trabajadores asalariados y a los pequeños cuentapropistas; reducir brutalmente el poder adquisitivo de los salarios; empobrecer rápida y alevosamente a la clase media, y transformar en indigentes a los pobres; “descartar” a los indigentes dejando que se mueran –literalmente- de hambre y de enfermedades de la miseria; usar la candidez política de los jubilados, para luego hambrearlos y forzarlos a muertes prematuras por carencias de medicamentos y falta de alimentos sanos y suficientes; desarticular totalmente el país, paralizando las obras públicas e incluso no reponiendo las existentes, además de instalarnos “salvavidas de plomo” como las costosas y muy ineficientes “energías renovables” (un curro gigantesco del que casi nadie habla pues es un tema muy técnico); precarizar y vaciar de contenido a la Educación y a la Salud Pública; destruir premeditada y alevosamente a toda la industria argentina, con lo cual no solo nos dan una estocada mortal a nuestro futuro como nación independiente y soberana, sino que fomentan un país chiquito, en el cual apenas tendrán cabida con trabajo no más de diez millones de habitantes (todo el resto, somos “descartables” y “sobramos” para estos perversos apátridas); destruir rápidamente y con brutal alevosía todos los entes tecnológicos y los programas de desarrollo científico que logró realizar nuestro país, varios de ellos de notable relevancia mundial (como el nuclear, satelital, de desarrollos de drogas medicinales, de técnicas avanzadas de siembra, etc.); tergiversar en forma total la Historia Nacional, incluso haciéndola desaparecer de los planes de estudio y de la mentalidad de la población (los billetes sin figuras de próceres son una de las acciones perpetradas en tal sentido); desprecio total por la soberanía (tal como antes ya lo había dicho el actual impresentable presidente), y acorde con eso, entregar en bandeja Las Malvinas al arbitrio británico, perpetrando acciones para perder derechos en La Antártida y el muy rico y extenso Mar Argentino, además de “preparar el terreno” para secesionar La Patagonia, despoblándola con aviesa intención; subordinarnos expresa y vilmente a los dictados de las potencias anglosajonas, y con ello a la OTAN y las Potencias Atlantistas, además del poder hoy omnímodo del FMI y de la Banca usurera transnacional.
Para avanzar en la sádica misión de hacer colapsar totalmente a Argentina, el gobierno neoliberal recargado actual, el de CEOs apátridas soberbios y poco ilustrados, cuenta con fuertes apoyos internos y externos. Y demuestran estar dispuestos a todo, con tal de no perder el poder y completar su macabra tarea.
Pero los sectores del Pensamiento Nacional tenemos la enorme fuerza de la verdad; de la justicia de su causa totalmente patriótica y humanamente cristiana (lo cual incluye, con respeto, a otros credos) en su concepción moral; de la Doctrina Nacional que pese a los ataques recibidos vive y está muy fuerte; y sin duda el mundo multipolar de hoy nos ofrece potenciales aliados para enfrentar exitosamente al proyecto globalista, egoísta por definición, antiteo y apátrida que hoy nos agrede con saña y alevosía.
Pese a lo oscuro de la hora, el resultado está abierto. En su resolución favorable se juega el futuro de la patria, y nuestra dignidad como argentinos… nada menos.

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