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San Sebastián, donde renace la selva misionera

San Sebastián, donde renace la selva misionera
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De chico no soñaba con jugar en Primera ni con ser astronauta. De chico soñaba con tener su propio parque nacional. A los once años hizo su primer viaje de aventura y al año siguiente la Patagonia lo volvió a recibir con los brazos abiertos. Nunca se rompió esa conexión con la naturaleza y el joven Matías se convirtió en un fotógrafo de naturaleza, profesión que disfruta como el primer día y que lo llevó a recorrer diversos lugares de la Argentina detrás de la foto perfecta de un pájaro, una serpiente o un puma en el sur helado. 28 años después, sin prisa, pero sin pausa, en la selva misionera Matías Romano hace realidad el sueño de la niñez. 

Mientras el mundo asiste impávido los incendios en el Amazonas o el desastre ambiental de Australia, en un pequeño rincón alejado de Misiones, Matías lidera un proceso inédito de regeneración de la selva misionera con la plantación de especies nativas. No hay nada parecido en Misiones y apenas el rewilding de Conservation Land Trust en los Esteros del Iberá, se le parece, aunque está enfocado en la fauna y no en la flora. 

Hace un tiempo Matías vino a Misiones como fotógrafo de naturaleza y quedó impactado. Después llegó a Andresito, donde un amigo había comprado una chacra y, como reza el refrán, la tierra colorada se le quedó pegada en la piel.

Primero fue socio de su amigo y después terminó comprando San Sebastián de la Selva, una chacra de casi cien hectáreas metida como una cuña en una extensa porción de selva misionera, frente al Parque Provincial Urugua-í y pegado al Parque Foerster, a unos treinta kilómetros de Andresito y poco más de 400 de Posadas. La propiedad tenía un 30 por ciento de reserva de monte y el resto era un potrero dedicado a la ganadería. El amplio casco central de la chacra mutó en un lodge, se sumaron cabañas y un enorme lago regala una vista incomparable en los atardeceres. 

Pero Matías no vino de Buenos Aires para administrar un hotel, pese a que estudió hotelería y turismo. La conexión con el lugar era mucho más intensa y aunque el lodge atraía a visitantes de todo el mundo, fue por más: decidió, al principio tímidamente, regenerar la selva que lo enamoró. 

Una anécdota permite apreciar la transformación: una tarde lo visitaron unos vecinos que querían pescar en el lago -como era costumbre-, algo que ya no se podía porque la propiedad se transformó en reserva. “Qué descuidado está todo esto, con los yuyos altos”, fue la reprimenda del decepcionado pescador. La naturaleza comenzaba a recuperar lentamente su espacio. 

El hotel, con lugar para 20 visitantes, lejos está de estar descuidado,acaba de recibir una calificación de 9,4 puntos sobre 10 de los turistas que llegaron a través de Booking y elogiaron, sobre todo, la hospitalidad. 

Matías pronto comprendió que no bastaba con dejar hacer a la naturaleza. El viejo potrero, apisonado por el peso de las vacas y con un abundante pastizal, frenaba el crecimiento de los árboles plantados. “Estamos compitiendo contra una exótica sin tirar agroquímicos”, explica en referencia a los altos pastizales. 

Por eso decidió mejorar la técnica de plantación, se removió el suelo y se incorporó el seguimiento georeferenciado de cada nuevo árbol. 

Con la ayuda de la fundación Vida Silvestre -y medio centenar de voluntarios-, ya se plantaron más de siete mil plantines de especies nativas, como palmitos, anchicos, cedro, guatambú, lapachos y palo rosa, entre otros. 

La extensa pradera de hace siete años, exhibe ahora manchones de verde diverso, con árboles en crecimiento, desde unos pocos centímetros hasta unos dos metros los más robustos. Las imágenes dan muestra de la magnitud de la transformación y el contraste entre el antes y el después es impactante.

Matías viene de Buenos Aires y se queda una semana al mes. Pero conoce mejor que sus colaboradores cada recoveco de la propiedad. Se emociona cuando encuentra un azota caballo con semillas y nidos de pájaros entre las ramas. “Esto tiene una cuota de pasión enorme. No es un “negocio”. Se mantiene. A mi, que soñaba con tener un parque nacional, me retribuye de otro modo. No solo desde la parte económica. Pero estamos en la puerta de un cambio fuerte en naturaleza y van a aparecer alternativas para que conservar sea más negocio o por lo menos equilibrar la balanza”, explica en una entrevista con Economis

Exhibe un metódico conocimiento de cada especie, su evolución, cuando fue plantada y qué efectos tendrá en el entorno. En 2020 espera superar el volumen de árboles plantados. 

¿Cómo surge la idea de la regeneración del ambiente?

Eso surgió al ver que estábamos en el centro de un corredor biológico entre Urugua-í y Foerster. Era un hueco que faltaba regenerar, una pieza en el rompecabezas. Al principio lo pensamos como algo espontáneo, porque el monte se regenera. No nos planteamos hacer enormes plantaciones o monitorear. Pero un potrero tarda mucho en regenerar, por la tierra compactada. Con Fundación Vida Silvestre, ya llevamos entre cinco o seis mil árboles plantados. Los primeros años no hicimos un recuento exacto. Plantábamos y no teníamos en la cabeza pensado esto de monitorear la mejor especie, la que mejor se adaptaba o crecía rápido. Después si, con el tiempo nos dimos cuenta -y es una recomendación que haría a quien quiere iniciar un proyecto semejante-, nos dimos cuenta que es importante tener los datos y saber cómo evolucionan, porque los esfuerzos no son pocos y uno tiene que saber las mejores especies para el ambiente o las que se adaptan. Tomar los datos debe ser tan importante como la plantación en sí misma.

El joven conservacionista también busca involucrar a más vecinos. “La agricultura en la zona es de escala familiar, con mucha cercanía con el monte, estamos rodeados de naturaleza y frente al parque Urugua-í, lo que conforma un ambiente favorable para la conservación. Los argentinos son los primeros deben apoyar esto y los misioneros deben abrazar la naturaleza”, reflexiona.

Lejos de ser un soñador, Matías se revela pragmático para la toma de decisiones y elude la queja fácil. “Las cosas se cambian cuando se dan todas las condiciones para el cambio. No es porque uno vaya a quejarse va a cambiar. Hay que trabajar para generar las condiciones”, sentencia. 

Los primeros árboles plantados coinciden con el nacimiento de su primera hija, Bahía, que hoy tiene seis años y medio. Mayka vino hace tres. Y Malu, su esposa, juega un rol central como sostén emocional y familiar, a veces en terreno, a veces a la distancia. “Sin ellas no podría”, confiesa. Quiere que su legado sea la regeneración total de la selva y que sus hijas hereden la pasión por la naturaleza y la conservación. 

Este año pondrá en marcha otro paso del rewilding en la selva. Un criadero de pacas y agutíes se está levantando a un costado del hotel para repoblar la zona y restablecer el equilibrio natural con la función que cumplen como dispersores de semillas. 

También pueden atraer a depredadores mayores que todavía no fueron captados por las cámaras trampa, como el yaguareté, que domina el territorio en el parque Urugua-í y el Parque Nacional Iguazú, pero que parece no animarse a utilizar el ecoducto que cruza en la altura la ruta 101, en el ingreso mismo a San Sebastián. 

Dentro de la reserva ya hay carpinchos que aprovechan el lago y se pasean cómodos entre los visitantes. Pero los reyes del lugar son los pájaros. Todas las especies de tucanes pintan el cielo con sus colores. Urracas, carpinteros y bailarines, patos y pequeñas aves le ponen música a un ambiente que, sin pausa, vuelve a tiempos mejores.

Fotos gentileza San Sebastián de la Selva y Damián Cardozo.

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