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Revolución siglo XXI

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El 2018 encuentra a la Argentina lejos de los ideales de 1810, cuando la revolución asomaba como idea de independencia para despegarse del yugo imperial. Hoy el imperio no tiene bandera pero su alcance es global. Impone condiciones y toma decisiones con consecuencias directas en lo local, en la mínima mesa familiar. Puede que no sea el mismo de hace 18 años, puede ser un FMI más humano, pero el sistema financiero, tal como está concebido, juega con sus propias reglas y, generalmente, gana o gana. Siempre es un partido desigual.

Depende, claro, de quien acepte entrar en el juego y sus reglas. Argentina había recuperado cierta independencia en 2006, cuando se le pagó toda la deuda junta al Fondo Monetario. Mantuvo su presencia en los mercados financieros, pero dictó propia política económica.

Volver al Fondo significa resignar esa autonomía y someterse a modelos y controles que dejan exhausta a la economía para poder cumplir las metas. Ya le pasó a la Argentina y a los países que recurrieron en busca de auxilio. Otra es la suerte de los países que mandan en el Fondo.

Nunca es buena noticia recurrir al Fondo, porque ya agotaste tus propias ideas o porque ya no hay salida al exceso de endeudamiento. En la Argentina hubo una combinación de ambos. Una acumulación de deuda de corto plazo que asfixió las posibilidades de financiación y un exceso de optimismo que se agotó rápidamente.  

El mercado, así, en abstracto, marca los tiempos. Reclama ajustes y cuestiona que haya más o menos empleo público y que se destine más o menos a las jubilaciones. Desprecia a un Estado presente y exige que los números cierren para “atraer inversiones”.

Misiones es un ejemplo para graficar el derrotero que significa “pertenecer” al club. Hubo un tiempo en que el gobernador era “el alumno más aplicado del modelo económico”. La Provincia era  asidua a los bancos y organismos financieros para tomar deuda, que fue creciendo hasta los mil millones de dólares, en paralelo a una pobreza y desempleo creciente.

Desde hace 18 años se cambió el paradigma. Misiones no tomó más deuda y refinanció sus vencimientos hasta convertirlos en una ínfima porción del presupuesto. El 95 por ciento de la deuda estaba en dólares. Hoy apenas el cinco por ciento, lo que se convirtió en una virtud: es una de las pocas provincias que no sufrió con la corrida del dólar. Otras provincias tienen hoy una deuda 40 por ciento más abultada que el año pasado.  

La consultora Moody’s, que califica las cuentas de Misiones, al igual que otras provincias y la Argentina, destaca las potencialidades locales. Son extensas, pero se pueden resumir en cuatro: gasta poco en relación con sus ingresos, no toma deudas, recuperó superávit operativo y hace obras con recursos propios. Todo lo contrario a lo que se le achaca a la Nación.

En el promedio de los últimos siete años de la ejecución presupuestaria de Misiones se observa un superávit económico equivalente al 9,4 % de los ingresos corrientes. En 2017 obtuvo un resultado económico positivo equivalente a 2.570 millones de pesos. Los ingresos corrientes alcanzaron a los 45.076 millones, superiores a los gastos corrientes que ascendieron a 42.506 millones, permitiendo destinar el remanente a inversiones reales directas.

Esa inversión real en gasto de capital es mayor que en el promedio del país: Misiones de cada 100 pesos que gastó en 2016, 16 lo destinó a gasto de capital, cinco puntos porcentuales por encima de la media de las provincias. 

Y, por último, tiene un bajo nivel de ocupación estatal con respecto a la media nacional, lo que refleja una política de austeridad a los fines de no comprometer el normal desenvolvimiento de las finanzas públicas.

Sin embargo, la economía real sufre las consecuencias de las turbulencias nacionales. La construcción se frena por la falta de financiamiento y quienes tenían créditos casi cerrados, hoy dudan de firmar por el nivel de tasas, que además están atadas a la inflación.

La yerba mate es un ejemplo bien local para graficar el estado de situación. Usted se preguntará ¿qué relación tiene un tarefero o un colono con las inversiones en Lebacs y la “bicicleta financiera” que se armó a partir de la política del Central? ¿Qué culpa tiene un molino yerbatero de las especulaciones de los fondos de inversión extranjeros que vinieron a hacer el famoso carry trade (traer dólares, cambiarlos por pesos y ponerlos a trabajar en Lebacs o bonos)?

El sector yerbatero requiere de mucho capital para levantar la cosecha. Son 50 millones de pesos semanales. Es dinero para pagarle a las cuadrillas de tareferos cada viernes, más dinero para el flete de esa hoja verde hasta el secadero. También, claro está, el dinero para el productor y luego ese capital que queda inmovilizado por 12 o 14 meses con la yerba canchada estacionándose en los galpones. El sector yerbatero necesita capital y lo necesita por un tiempo.

¿Cómo se financia? Generalmente los secaderos o las industrias adelantan pagos para la cosecha o los productores descuentan cheques propios o de terceros en los bancos, en el mejor de los casos, o en financieras o directamente en “cuevas”.

Con las tasas de referencia del Banco Central encima del 40 por ciento, el financiamiento se hace casi imposible de afrontar. Para descontar cheques algunos bancos están cobrando tasas de 50 o 60 por ciento o aún más. Y algunas entidades como el Banco Nación suspendieron algunas de esas líneas.

En tanto, las financieras cobran más que los bancos y las “cuevas” más que las financieras.

A todo esto hay que agregarle el dinero que necesitan los molinos para comprar la materia prima y ponerla a estacionar en períodos que pueden superar los 12 meses.

Juntar 10 millones de kilos de yerba para un molino de los “top” tiene un costo de 250 millones de pesos aproximados. Si una industria pusiera el dinero en Lebac tendría un rendimiento de 100 millones de pesos al año y sin hacer nada.

Hasta antes del comienzo de la crisis cambiaria, según datos del BCRA, los principales molinos tenían una deuda con el sistema financiero de 2.200 millones de pesos. Un parte importante de esta deuda es a tasa variable, con lo cual, se incrementa con la suba que dispuso el Banco Central.

La yerba está en cada uno de los hogares argentinos, pero apenas presente en la mesa de decisiones del superministro Nicolás Dujovne. Solo Luis Miguel Etchevehere exhibe un mate en la mesa de los varones economistas.

Dujovne todavía no hizo ningún anuncio sobre el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional ni sobre las medidas que tomará para frenar el déficit fiscal. Solo trascendió que les pidió a sus colegas una mayor coordinación para el ajuste que se aplicará. Sin embargo, abrió un nuevo frente de batalla con la base de sustento electoral de Cambiemos: la patria sojera.

Deslizó la posibilidad de frenar la baja mensual de las retenciones a la soja y que podrían reimplantarse retenciones al maíz y el trigo y desató un cisma con el campo, simiente del Gobierno actual en los días de lock out patronal contra Cristina.

El paro sojero había sido la respuesta a las retenciones móviles que pretendió imponer aquel Gobierno. En cambio, desde 2015 se eliminaron y bajaron retenciones y se quitaron cada uno de los obstáculos para girar dólares al exterior. ¿Resultado? Los dólares se fueron y hoy escasean para pagar los compromisos de deuda y frenar corridas contra el peso. Por eso, someterse nuevamente al FMI es una salida elegante.

El “campo” ahora reclama una reunión urgente con Macri para que desmienta a su superministro.

El campo, claro, no el mismo en todo el país. La chacra misionera no tiene tanto poder de lobby. La deuda con el sector tabacalero asciende a 1.200 millones de pesos del Fondo Especial del Tabaco, lo que pone al borde de la parálisis a las obras sociales. Los productores de distintas asociaciones se unieron para elevar el reclamo a la Nación. No hay argumentos que expliquen la demora. La burocracia y hasta el desinterés parecen ser las respuestas.

Los diputados del bloque misionerista advierten que detrás de la demora se esconde la idea de dar de baja el FET. No es descabellada ni nueva. Ricardo López Murphy ya había querido manotear los recursos durante la fugaz alianza. Ahora figuraba -para 2022- en la reforma impositiva impulsada por Dujovne.

Fue quitada en el recinto por presión de los misioneros de la Renovación. “El FET no corre peligro”, defiende el radical Luis Pastori y promete que se pagará lo adeudado. Por las dudas, no pone fechas. La prometida reglamentación del artículo 10 de la ley Pymes dejó algunas enseñanzas.

“No estamos contentos con el atraso en la reglamentación”, justificó –nuevamente- Marcos Peña en el Congreso. Menos mal. Los misioneros tampoco, desde agosto de 2016. La mirada de la Nación siempre ha sido condescendiente con la demanda misionera y eso quedó en evidencia cuando el propio presidente Mauricio Macri admitió desconocer de qué se trataba el mentado artículo 10, que habían enarbolado en campaña los radicales Pastori y Alex Ziegler.

Ahora el argumento para estirar la demora es que las asimetrías menguaron por la brusca devaluación del peso argentino. En Paraguay, cuya economía está dolarizada, es más caro comprar lo que antes era baratija. Pero la teoría dista de la realidad. Es cierto que en los primeros días pos devaluación menguó el cruce a Encarnación, pero eso no se tradujo en un boom de compras en Posadas. Sucede que en la capital misionera los precios siguen siendo altos, acompañando la inflación y el potencial traslado a los precios de la suba del dólar. Del otro lado del Paraná, lentamente los precios tenderán a un nuevo equilibrio, explican los comerciantes. Es que estaban artificialmente altos por la fuerte demanda misionera. Tienen margen para bajar y volver a ser atractivos. La ventaja misionera, por estas horas es el precio del combustible –congelado aquí por lo menos hasta junio-.

En Paraguay está prácticamente igual que aquí, pero es en Brasil donde se revirtió la balanza. El presidente Michel Temer aplicó un tarifazo a los combustibles similar al de Macri en la Argentina y subió 14 por ciento el precio del combustible, lo que desató la furia de camioneros y transportistas. En 2015 los camioneros ya habían paralizado Brasil en una protesta contra Dilma por una suba de impuestos.

Ahora el litro de combustible está 4,98 Reales -34 pesos, tres pesos más caro que en Posadas-, por lo también se frenó el cruce para llenar el tanque en tierras brasileñas.

Sin embargo, los empresarios locales advierten que hay una inflación contenida en el congelamiento de los precios de las naftas en la Argentina, que podría dispararse en junio, cuando venza el plazo puesto por Juan José Aranguren. Algunos cálculos muestran la desmesura de los aumentos: el litro de nafta Premium podría irse a 38 pesos de acuerdo a lo que calculan los expendedores.

Un combustible caro, combinado con las altas tasas que “no volverán rápidamente al valor que tenían” antes de la corrida, según anticipó el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, se convierten en un coctel amargo para la economía real. Pero hoy la prioridad está puesta en “dar certidumbre a inversores y mercados”, como explicó el ministro de Finanzas, Luis Caputo.

En ese escenario se juega la política. La oposición advierte que el Gobierno necesita respaldos para sostener el timón, pero al mismo tiempo, exhibe una debilidad que no tenía hasta hace unos meses.

El peronismo, en todas sus variantes, comienza a moverse para recuperar terreno perdido porque ve que no es una quimera ganar en 2019.

En cambio, en Cambiemos mantienen la calma. Aseguran que las turbulencias son pasajeras y consecuencias de la pesada herencia.

En ese tablero, los gobernadores cobran dimensión. Son los garantes de la gobernabilidad y actores necesarios para construir nuevos liderazgos. Ya no habrá candidatos “del partido”, sino que serán productos del consenso, principalmente de la mesa chica de los gobernadores. La nueva visita de Juan Manuel Urtubey –en otra fiesta patria- tiene que ver con eso. El salteño busca atar respaldos para una eventual candidatura presidencial que surja del interior y con apoyos locales. Lo mismo hizo antes el cordobés Juan Schiaretti, a quien muchos quieren impulsar para el sillón de Rivadavia. El misionerismo, entendido como legado de Guacurarí, tiene muchos puntos en común con la historia de Salta, custodiada por el caudillo Miguel de Güemes.  Es una identidad y sentido de pertenencia del interior profundo que puede “exportarse” al resto del país.

“La única política económica que parece haber en el país es la monetaria”, cuestionó Urtubey al plantear la necesidad de una “alternativa superadora” por encima de un partido para “pensar en una Argentina federal”.

El apoyo de la Renovación es singular. No es un partido político con marcha o boinas, sino la conjunción de ambas con el condimento independiente. Ha dado muestras de gobernabilidad por encima de egoísmos, con la suma de cuadros de distintas extracciones para sacar como resultado algo distinto. Cualquier proyecto de gobernabilidad futura debe contar necesariamente con el respaldo misionerista. Pero no es tiempo de pensar en candidaturas, sino en aportar soluciones a la salida de la crisis nacional. Passalacqua, Urtubey y el vicegobernador Oscar Herrera Ahuad  pasaron la tarde del viernes hablando de eso.

Nadie de afuera nos manda, fue la semilla que nos dejó la Junta de Mayo”, señaló el gobernador Hugo Passalacqua.

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