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¿Milagro o será que se puede? Emprendedores misioneros pusieron una industria en 2014 y hoy crecen, exportan y tienen cada vez más clientes

¿Milagro o será que se puede? Emprendedores misioneros pusieron una industria en 2014 y hoy crecen, exportan y tienen cada vez más clientes
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Forestal Oberá nació en 2014 y es una industria que procesa la resina del pino elliotis, esa suerte de miel que sale del tronco y se recolecta en bolsitas.

A pesar de que arrancó en una época donde el país ya transitaba un estancamiento económico que luego se agudizó, a fuerza de trabajo, seriedad, ingenio y también algunos golpes de suerte, esta empresa de tres emprendedores de Misiones hoy es un símbolo de que en la Argentina se puede. A pesar de todo y contra todo.

Porque hoy Forestal Oberá emplea en forma directa a más de 60 personas. Tiene más de 1 millón de árboles en producción y acaba de celebrar un acuerdo con una industria de Portugal que le aseguró buena parte de su producción futura. Además tiene clientes en todo el mundo, cada vez más. Corea, México, India, Brasil, Turquía y la lista sigue y se agranda.

Todo arrancó hace unos años, cuando se juntaron tres profesionales que venían de disciplinas bien distintas, aunque unidos por una misma pasión: emprender.

Mario Plotz tiene 55 años y es médico (urólogo) retirado hace 15. Nació en Corrientes pero vivió gran parte de su vida en Misiones. Ralf Frank es contador y productor forestal de la localidad de 25 de Mayo. Y Gustavo Cetrángolo es un prestigioso ingeniero forestal, de Buenos Aires. Pero que después de tantos años trabajando por acá, adoptó como suya a la tierra colorada.

Los tres son protagonistas por igual de una historia emprendedora que sorprende y genera admiración. Porque desafía las leyes de la tan castigada economía argentina de los últimos ocho años (el segundo mandato de CFK y el que termina de Macri), donde -lamentablemente-, las inversiones brillaron por su ausencia y las fábricas se caracterizaron más por bajar las persianas que por la apertura de nuevos establecimientos.

«Creo que Dios protege a los irresponsables», dice, medio en broma, medio en serio, Mario Plotz, junto a sus dos socios, Frank y Cetrángolo.

Economis visitó la planta de Forestal Oberá, que a pesar de su nombre está situada en Ituzaingó (Corrientes), en un predio pegado al ex barrio para hombres solteros que construyó la EBY para albergar a los trabajadores que levantaron la represa a comienzos de los 80.

Plotz, Frank y Cetrángolo están en una pequeña sala que ellos llaman «de directorio» y que llama la atención por su sencillez y austeridad. Se nota que la inversión la hicieron «a pulmón» como dicen, y que cada peso fue destinado a las facilidades industriales y no a comodidades ejecutivas, más superfluas. Una de las claves de su éxito, sin dudas.

La otra es que en todos estos años, no apostaron a otra cosa que no fuera el futuro. «Nunca retiramos ganancias de la empresa, sino que siempre las reinvertimos», señaló Cetrángolo, quien asesora a grandes firmas forestales de todo el país.

Frank es productor forestal de 25 de Mayo, donde también tiene un aserradero que exporta. Y Plotz -que llegó a ser presidente del Colegio Médico de Misiones en los años 90-, también tiene un emprendimiento inmobiliario en Paso de la Patria.

«La medicina no era para mí, ni estar encerrado en un consultorio, soy emprendedor», dice, con una sinceridad llamativa, propia de alguien que logró comprender sus contradicciones y descubrir su verdadera vocación. ¿Cuántos otros médicos que consagraron 10 años al estudio de una profesión que no los hacía felices habrán logrado salir de laberintos similares?

En una charla larga con Economis, estos tres profesionales, que además son amigos, dejan en claro que cada uno se hace cargo de un área del negocio. Plotz se encarga de lo industrial. Frank lleva los números y Cetrángolo se encarga de la parte comercial.

«Nunca tuvimos una pelea. Sí podemos tener diferencias, naturalmente», dice uno, y los otros dos confirman con un gesto.

El producto: colofonia y trementina

Forestal Oberá procesa la resina del pino elliotis que cada productor forestal recoge en bolsas y luego junta en un tanque plástico. La empresa le paga a valor dólar, a los productores misioneros y correntinos con los que celebró acuerdos.

Después esa resina viaja en tanques cisternas hasta la planta de Ituzaingó, donde se vuelca en una pileta enorme. A partir de ahí empieza el proceso de destilación, que separa a la resina en dos productos: colofonia y trementina.

La colofonia es una sustancia del color de la miel que se endurece y en bloque parece caramelo. Se utiliza mucho en la industria de pinturas, entre otros usos.

Tanto la resina como la colofonia y la trementina son commodities y tienen precios internacionales. Plotz y Cetrángolo vieron que en 2011 los precios estaban muy altos. «Vamos a ganar plata, vamos a llenarnos de plata», le dije a Gustavo, recuerda Plotz con una sonrisa. Un dato: Cuando arrancaron la resina se pagaba u$s 1.950 la tonelada, hoy está casi un tercio de ese valor.

Lo cierto es que al poco tiempo la firma entrerriana Lauther, principal productora de este producto, cambió de gerencia y a ellos les dejaron de comprar. Así fue como nació la idea de poner su propia fábrica.

Lauther producía 20.000 toneladas por año de colofonia y trementina. Ellos apuntaban a una fábrica modesta que produjera 2.000 toneladas al año. Pero hoy están cerca de superar la producción de los entrerrianos.

Celulosa Iraní, socios brasileños por un tiempo

No fue el único contratiempo que debieron sortear. Forestal Oberá tuvo como socio a Celulosa Iraní, una fábrica de papel brasileña que pertenece a una familia de industriales y abogados de Porto Alegre.

Los brasileños querían explorar el negocio forestal en la Argentina con miras a invertir en una futura mega planta de celulosa. Pero al final terminaron yéndose del negocio, algo desencantados por las condiciones políticas y las perspectivas económicas que veían por acá.

Pero eso sí, querían su dinero de vuelta. Mandaron a dos de los estudios de abogados corporativos más prestigiosos de la Argentina a cotizar el aporte que habían hecho en Forestal Oberá, ya que exigían recuperar su inversión. Verdaderos tiburones a la caza de ingenuos empresarios pyme del interior del país.

«Vinieron con la actitud de encontrar una falla, un error, que les permitiera quedarse con la empresa, con una actitud de buitres que incluso los propios brasileños no avalaban», explicaron. Para ellos fue un aprendizaje. En lugar de responderles con tácticas legales o chicanas, le mostraron todos los números.

«Aprendimos que la seriedad paga, porque además nos cruzamos con gente muy buena en distintos lugares del mundo que reconoce eso», explicó Cetrángolo.

Poco tiempo después, con la necesidad de cubrir deudas con los bancos que dejaron los gerentes brasileños (ellos manejaban la empresa durante su sociedad), apareció un comprador argentino que hizo una orden importante, les pagó por adelantado y confió en ellos. Iba a ser el primero de varios que apostaron a la seriedad de este trío.

Más tarde viajaron a Europa a buscar clientes. Consiguieron a un importante productor de pintura de Portugal, ese con el que hoy prácticamente están asociados. Pero cuando comenzaron a proveerlos, se les quemó la fábrica.

«Ese mismo día, cuando todavía no se había apagado el incendio, ya sabíamos que íbamos a seguir, que ibamos a reconstruir y volver a empezar», señalan los tres. La fábrica estaba asegurada y de la compañía (La Segunda) respondieron inmediatamente.

Los portugueses, del otro lado del Atlántico, vieron que estaban tratando con gente de trabajo y seria. En lugar de alejarse y buscar otro proveedor, viajaron a Ituzaingó y prometieron apoyarlos en la reconstrucción.

«Hay que reconocer que en todos estos años difíciles, tuvimos también suerte. Por eso digo que Dios protege a los irresponsables. Si no tenés golpes de suerte, es imposible subsistir en este país», dice riendo, Plotz.

Ingenio argentino

La pura verdad es que además del trabajo y la suerte, estos tres -argentinos al fin-, también pusieron su cuota de ingenio.

La colofonia se exporta en tambores de hojalata. En un momento se dieron cuenta de que podían bajar costos y ser más competitivos si fabricaban sus propios tambores. Así es como montaron una pequeña fábrica de tambores, dentro de la planta de colofonia y trementina. El procedimiento prácticamente lo sacaron de Youtube.

La planta se montó con componentes fabricados casi íntegramente en Misiones, como las calderas o las complejas tuberías. «La metalmecánica misionera es de primera calidad», aseguran.

Cuando le consultamos por cómo ven el futuro del país, dicen que preocupados como cualquiera por la incertidumbre electoral y de la economía, pero seguros de que los encontrará trabajando y buscando crecer.

La entrevista se hizo 12 días después de las PASO y el mismo día que Macri visitaba Yacyretá para inaugurar el paso fronterizo Ayolas-Ituzaingó, a escasos 3 kilómetros de ahí.

«Nos preocupa un poco que se está hablando de controles de cambios y nos puede complicar la operatoria», señalaron.

Días después vinieron finalmente los controles de cambios, que por ejemplo, obligan a Forestal Oberá a liquidar exportaciones en 5 días. Cuando antes ni siquiera tenían la obligación de liquidar y menos de ingresar las divisas. ¿Pero, qué le hace una mancha más a este «tigre»?

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Un Comentario

  1. Felicitaciones a los 3..en especial a Frank que es de mi zona. Éxitos en su emprendimiento y si Dios quiere serán Empresa Internacional… Y puedan generar trabajo para nosotros!

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