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Los primeros cien días de Alberto Fernández

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Alberto Fernández, el recientemente electo presidente de la Argentina, y con menos de un mes para empezar a ejercer el cargo efectivamente aprendió (o debió haber aprendido) en base a la experiencia de Mauricio Macri algunas cosas:

1* Debe ser cierto eso de que lo que no se hace en los primeros 100 días de Gobierno no se hace más.

2* Las políticas graduales para la economía no sirven.

3* Las herencias hay que resolverlas pronto o se agravan más.

A la luz del creciente problema inflacionario que tiene la Argentina, y sabiendo que si esto no se soluciona rápido se puede llevar puesto su Gobierno más temprano que tarde, ha trascendido en los medios que lo primero que intentará hacer es un acuerdo social de precios y salarios.

En qué consiste:

La idea es sencilla (de escribir, no de aplicar, aquí se verá la primera destreza política del gobierno). Consiste en lo siguiente:

El Gobierno llama a los formadores de precios en la Argentina; por ejemplo, de 260 empresas productoras de alimentos 18 tienen el 60 % del mercado.

“Dentro de esto tenemos casos notorios a saber: el 80 % del aceite es de dos empresas, el 75 % de los enlatados una, también el 75 % del azúcar está en manos de una (se omite los nombres porque no estamos para hablar hoy de concentración económica; lo que se quiere mostrar es que los que forman precios en la Argentina son identificables, aunque esto no quiere decir que sean los malos de la película, al menos no siempre…. Pero ese es otro tema)”

También llama a los sindicatos, o mejor dicho a los sindicalistas que los conocemos todos y les dice:

  • “Señores, esto se nos va de las manos, hagamos un pacto por un tiempo de no aumentar los precios y los salarios para cortar la inercia inflacionaria y salimos todos contentos por la recuperación de la confianza y el aumento del consumo”

Obviamente los empresarios plantearán que el aumento del dólar les subió los costos y todavía tienen que aumentar algo para no perder y los sindicatos pedirán algún aumento de sueldo para recuperar lo perdido y ahí sí, fijando pautas de aumentos que quedaron rezagados o decrecientes de acuerdo al contexto echamos a andar el acuerdo y la inflación baja y los sueldos no pierden poder de compra.

¿Se puede o no se puede?

Para contestar esta pregunta vamos a la historia, ya que algo que parece muy tentador, no siempre termina como como esperamos; veamos dos frenos abruptos de la inflación con concertación de precios y salarios:

A) Pacto social de inflación 0 de José Bel Gerbard: año 1974 tercera presidencia de Perón, se hizo el acuerdo, y en un primer tramo la inflación bajó, los salarios crecieron, también el consumo y la actividad económica. Cabe aclarar que el principal objetivo del ministro era también incrementar el salario real y generó fuertes emisiones de dinero a la vez que controlaba los precios. Después de un tiempo vuelve la inflación y al final todo termina en el Rodrigazo. 

¿Qué salió mal? Desde la ortodoxia la crítica es casi obvia, como no se aumentaban los precios aumentaba el consumo de manera forzada, disminuían las exportaciones por el aumento del consumo, y se generó una inflación reprimida que inevitablemente iba a terminar como terminó. Desde la heterodoxia agregan que la crisis de los países petroleros de 1973 pegó fuerte en la Argentina como todo el mundo y eso también hizo insostenible el plan.

B) El plan Austral del gobierno de Alfonsín: También empezó con un acuerdo y congelamiento de precios, pero a diferencia del plan de Gelbard, era mucho más realista. El objetivo era quebrar la inercia inflacionaria, y para hacerlo rápido debía pararse por igual el dólar, los precios y salarios. Cabe destacar que el plan Austral estuvo bien calculado, y esto significa con las cuentas del Estado en equilibrio para evitar la emisión monetaria. Tuvo un éxito rotundo los primeros meses, pero también después de un tiempo terminó en la hiper. 

¿Qué salió mal? Otra vez la ortodoxia diría que controlar precios no sirve, que reprime la inflación y después explota. Tiempo después de arrancar el plan, Estados Unidos subió fuertemente la tasa de interés lo que encarecía el pago de la deuda externa, sumado a la caída del precio del trigo, lo que hacía bajar las retenciones y el ingreso de dólares al país. El cálculo inicial era insostenible ante el nuevo contexto externo y la historia terminó en la hiper. 

Sin embargo en Israel copiaron el plan radical y después de ser constante en los acuerdos lograron bajar la inflación, los pactos de la Moncloa en España también tuvieron éxito en este plano. 

Entonces…

Si el acuerdo es a la Gelbard, o sea con el objetivo de aumentar sueldos sin corregir los problemas de fondo, va a durar poco porque es insostenible, en algún momento empieza la presión sobre el dólar porque se exporta menos y se importa más por el aumento de consumo y la presión del dólar lo hace insostenible.

Si el acuerdo es a la Sourrouille, con el objetivo de frenar la inflación pero con las cuentas tendiendo al equilibrio, y el contexto externo no juega una mala pasada puede comenzar el descenso de la inflación y a partir de ahí ver que todos los sectores incluido salarios crezcan de manera sostenible. 

Enamorarse de los controles de precios y aumentar los sueldos sin corregir el fondo de la cuestión, es una condena al fracaso segura, y se sabe, solo hace falta mirar la historia.

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