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Lenin Moreno ¿valiente o kamikaze?

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El presidente Lenin Moreno se autocalificó de «valiente» luego de anunciar las decisiones económicas supervisadas por el FMI y el BID. Adjetivo en el que puso énfasis, como queriendo probar lo que otros ponen en duda sobre su conducta política. Y hasta tendría razón, porque la eliminación de los subsidios a los combustibles es una medida con altísimo costo social y político que ningún otro mandatario quiso tomar desde cuando se instauró esta política económica, en 1974. ¿Cómo entender este inesperado acto de “valentía”, según él? ¿Cómo explicar que se haya decantado por una medida de esta naturaleza?

La respuesta corta es que Lenin Moreno está actuando como un «kamikaze político» para favorecer a otros actores e intereses. El término kamikaze fue usado por primera vez para calificar a los pilotos japoneses que durante la Segunda Guerra Mundial estrellaban sus aviones contra objetivos militares de los Aliados. Quien realiza un ataque suicida es un kamikaze. La respuesta larga implica considerar tres factores.

El primero tiene que ver con su autopercepción como político. Desde que asumió el mandato Moreno ha manifestado su desinterés en continuar en la arena política. Y seguramente no se trata de un ardid, sino de una necesidad física de descanso por su condición. El paso del tiempo acrecentó su indiferencia al no trazar un horizonte estratégico para su Gobierno. El suyo es un Gobierno sin discurso, sin líder y sin perspectiva electoral. En política esa «insoportable levedad» de Moreno produjo una ralentización en la gestión gubernamental que debió estorbar a más de uno, dentro y fuera de su entorno. Así las cosas, nada mejor que convencerle a Moreno de ser un kamikaze: si quiere morir como político, mejor que lo haga contribuyendo a la causa de la ortodoxia económica y las derechas.

NADA MEJOR QUE CONVERTIR AL PRESIDENTE MORENO EN UN «KAMIKAZE POLÍTICO» ANUNCIANDO MEDIDAS ECONÓMICAS DE ESE CALIBRE. AL HACERLO, LOS OPERADORES POLÍTICOS DEL GOBIERNO RETOMAN LA INICIATIVA Y EL TEMPO DE LA POLÍTICA SE VUELVE VERTIGINOSO.

El segundo factor tiene que ver con los integrantes de su Gobierno. A diferencia de Moreno, en su gobierno hay varias figuras con aspiraciones políticas. Los representantes del movimiento político «Ruptura 25» que están en el Gabinete (María Paula Romo y Sebastián Roldán) son los más evidentes, pero no los únicos. Para todos ellos el peor escenario preelectoral es un gobierno sin iniciativa y preso de las coyunturas desatadas por factores exógenos. Por eso, nada mejor que convertir al presidente Moreno en un «kamikaze político» anunciando medidas económicas de ese calibre. Al hacerlo, los operadores políticos del Gobierno retoman la iniciativa y el tempo de la política se vuelve vertiginoso. No hay que olvidar que el tiempo es a la política lo que el espacio a la geografía y quien maneja el ritmo anticipan los movimientos.

La eliminación de subsidios es una declaratoria de guerra contra la dirigencia del transporte que los obliga a posicionarse y polarizar el escenario político (con los correístas a la cabeza). Claro que hay otros sectores sociales que se han movilizado y se movilizarán en contra de las medidas, pero de todos los «grupos de interés» afectados con las medidas anunciadas, el más influyente es el de los transportistas. La CONAIE, los gremios estudiantiles y las organizaciones de trabajadores están diezmadas y su capacidad de movilización aún es insuficiente. A esto se suma el virtual consenso que se ha fabricado para legitimar las medidas entre los economistas ortodoxos, los dueños de los principales canales de televisión, los gremios empresariales y los partidos políticos de derecha (PSC y CREO).

El tercer factor tiene nombre propio y se llama «Alianza País». Si fue posible la conversión de Moreno en un «kamikaze político» es porque el avión que pilotea está predestinado a desaparecer. Como ya ocurrió con la Democracia Popular–Unión Demócrata Cristiana (DP-UDC) que murió de inanición electoral luego del Gobierno de Jamil Mahuad y sus políticas de shock económico. En el caso de Alianza País su estigma es doble. El correismo y el morenismo han abollado sus expectativas por diestra y siniestra. Nada mejor para un «kamikaze político» que un avión con vocación de suicida, como lo es el de Alianza País.

Que el círculo íntimo de Moreno lo haya convencido de actuar como «kamikaze político» alegando valentía es una jugada táctica que beneficia al menos a tres sectores: a los operadores gubernamentales con aspiraciones políticas, que si logran capear el temporal tendrán una carta de presentación para ser admitidos en los proyectos electoral que preparan las derechas del país. A la tecnocracia de los organismos multilaterales (FMI y BID) para quienes la eliminación de los subsidios a los combustibles significa mayores recursos para el pago de la deuda externa; y a los partidos de derecha que aspiran a gobernar el próximo período, ya que buena parte del trabajo sucio ha sido concluido por Correa (desarticulando las fuerzas sociales que resistieron el modelo neoliberal durante años) y por Moreno (con esta reforma estructural de la política económica). ¡Lenin Moreno se cree valiente, pero todos saben que es un kamikaze!

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