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“Las campañas electorales deberán estar atravesadas por la igualdad de género”

“Las campañas electorales deberán estar atravesadas por la igualdad de género”
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El movimiento por la igualdad género, que nació como un reclamo de las mujeres en el país, cobra fuerza y la sociedad – o parte de ella – se va apoderando de los cambios que genera interpelar el orden establecido de una cultura que relegó a la mujer a un segundo plano.

Paola Zuban, politóloga, consultora, dirige Gustavo Córdoba y Asociados, integra la Asociación Argentina de Consultores y Mujeres Líderes América, analizó en una entrevista con Economis el impacto social y político que generó ese movimiento.

Afirmó que el establishment político, por conveniencia, está casi monopolizado por varones, pero que necesariamente el año que viene, año electoral, “las campañas electorales deberán estar atravesadas por estos temas, porque la sociedad está interpelando a los candidatos”.

 

– La igualdad de género tuvo y tiene desde hace algún tiempo protagonismo en el debate de los medios, y la sociedad se va apropiando en cierto modo del tema. El proceso es lento, pero hay avances. ¿Por qué crees que no está todavía en el debate político? 

El proceso es muy lento, llevamos mucho tiempo en él. Nuestras predecesoras han allanado el camino sin ningún lugar a dudas, pero aún hay muchas resistencias. Creo que hay varios motivos por el que el debate político no incluye en su agenda los temas de género con la importancia que esto tiene y con la seriedad que requiere. Por un lado, el establishment político está casi monopolizado por varones que están más preocupados por otros temas que ellos consideran más importantes. También acompañados por una sociedad de varones, pero también de mujeres auténticamente preocupadas por la inflación, la inseguridad, el narcotráfico que asola al país, etc. Que son poderosos elementos “distractivos” de la cuestión de género. Por otro lado, hay un componente sociológico bastante interesante de analizar en profundidad, pero digamos que tiene que ver con una natural resistencia al cambio por temor a la pérdida de privilegios y de statu quo.

El año que viene que es un año electoral, ¿los candidatos deberán que estar obligados a tratar la cuestión de género?

Creo que las campañas electorales tienen que estar atravesadas por estos temas, porque la sociedad está interpelando a los candidatos. Todo este proceso al que asistimos es un llamado de atención a candidatos y dirigentes políticos, pero también a funcionarios que hoy están administrando los distintos niveles del estado. Por eso es importante también reclamar y apoyar los proyectos de paridad o cupo, no solo en las legislaturas sino en las instancias ejecutivas y administrativas. Hoy se están presentando también proyectos de obligatoriedad de capacitación en temas de género a funcionarios públicos. Eso es fundamental. La agenda política no debe ir detrás de la agenda social.  

– La mujer avanzó bastante en los derechos de participación política. Tuvimos una presidenta electa por el voto sin ir más lejos. Sin embargo, da la sensación que los espacios de decisión siguen siendo de los hombres.

Absolutamente. Aún con leyes de paridad o cupo, aún con dirigentes mujeres que ocupan hoy los principales lugares de imagen en la consideración pública, algunas gobernadoras, intendentas y aún una vicepresidenta, todavía el porcentaje de mujeres en los lugares de toma de decisión son muy minoritarios. Es muy importante que además de las leyes que aseguren la cantidad, también seamos capaces de asegurarnos una paridad sustantiva. Los cargos ejercidos por mujeres que no tienen perspectiva de género, tironean el proceso para atrás.

– Cuál es tu visión sobre el rol que ocupa la primera dama. En la Argentina y en el mundo. Fue muy cuestionada (y adhiero) la agenda de las primeras damas en el G20. ¿Coincidís?

Existe lo que algunos llaman el “feminismo mainstream” para referirse a quienes sostienen las banderas feministas como moda, sin mucho contenido o alejado de las realidades de muchas mujeres o; por caso, más preocupadas por empoderar futuras empresarias que por lograr una igualdad en todos los planos y eso es lo que se le critica a la primera dama. Creo que las feministas no estamos en situación de desaprovechar ningún espacio ni interlocutor para la visibilización de la problemática, pero lo que si me preocupa mucho es la reducción de fondos del presupuesto nacional para las políticas de género y la lucha contra la violencia a la mujer, en el 2019. Entonces lo que debe preocuparnos, en la primera dama o en el presidente o en cualquier funcionario es que el discurso sea congruente con las acciones.

– A partir de la denuncia contra Juan Darthés, muchas mujeres se animaron a denunciar y hablar por primera vez de abusos sufridos o violaciones. ¿Cómo ves el trabajo que se realiza desde los Estados para la asistencia y contención a las víctimas?

Hay trabajo, pero todavía es muy escaso. Es como querer construir un dique con dos palillos de dientes. En varios trabajos de investigación que realice este año, surgió que las mujeres tienen más miedo al trato que los policías le dan que al de su pareja abusadora. La revictimización que sufren las mujeres las aleja de la justicia. Hay un enorme trabajo de capacitación que realizar ahí. Pero deberíamos empezar por entender primero la importancia de la plena implementación de la ESI (Ley de Educación Sexual Integral) en nuestro país, con las modificaciones que el congreso aún no aprueba.   

– ¿Por qué crees que cuesta tanto que la sociedad, o buena parte de ella, le crea a una mujer que denuncia abuso o violencia?

Hay muchos estereotipos instalados en la estructura de nuestra construcción social que señalaron históricamente a las mujeres como seres perversos que desde el comienzo de la historia “tentaron” al hombre para sacarle ventaja. A partir de ahí, son capaces de manipular, mentir y usar su condición sexual para cuanta brujería se les ocurra. La realidad es bien diferente. Está medido a través de estadísticas que menos del 4% de las denuncias interpuestas por mujeres en contra de varones, resultaron falsas. El componente psicológico no es menor. El abusador parece una persona “normal” para los cánones sociales. Tiene una “fachada” socialmente aceptable (esposa, hijos, trabajo, vida social, etc) y resulta revulsivo pensar que convivimos con ellos en la cotidianeidad de nuestra vida en general. Hay una negación, que como mecanismo de defensa ante el horror, no nos deja ver a estos personajes como realmente son. Muchos, la mayoría cometen estos abusos de las puertas para adentro de sus casas. Sabemos que las mujeres abusadas, por muchos motivos demoran mucho tiempo en denunciar. Pero el principal motivo, es que no se les cree.

– ¿Cómo trabajan las Mujeres Líderes de América que integras?

Mujeres Líderes de América es un proyecto de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Fundación Ciencias de la Documentación (FCD) para la construcción de un Comité de Mujeres comprometidas en cooperar en una agenda de igualdad en las Américas, siendo nosotras mismas ejemplos de liderazgo. Está integrado por senadoras, diputadas, congresistas, gobernadoras y académicas, entre otras, de España y América que trabajamos por un objetivo común: contribuir a mejorar las capacidades y habilidades de actuales y potenciales lideres políticas, así como fortalecer el rol de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, favoreciendo la construcción de una democracia participativa y representativa.

¿Cómo está la Argentina en términos de igualdad en relación a otros países de América?

Argentina tiene muy buenas leyes: la ley 26.150 programa nacional de educación sexual integral, ley 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, ley 27.412 de paridad de género en ámbitos de representación política, como así también la ley 26.743 de identidad de género y ley 26.618 de matrimonio igualitario y la ley 25.990 de parto humanizado. Lamentablemente, cuesta mucho su implementación efectiva. En comparación con otros países de América, nuestras leyes son de vanguardia, pero los números no mienten. Los indicadores son disímiles tanto si hablamos sobre índices de femicidios, brecha salarial o paridad política. En algunos mejor y en otros peor. Compartimos el lamentable indicador sobre las desigualdades simbólicas; son las más pesadas de erradicar.

En cualquier índice que se mida o estadística que se conozca, la mujer se lleva la peor parte. Desigualdad de salarios, desempleo, empleo informal, ni hablar en los casos de violencia o abuso. ¿De quién depende revertir esta realidad?

Estamos frente a un momento bisagra, de cambios de paradigma. Las sociedades van reconfigurando su formato en un proceso largo y costoso en términos de inequidades y víctimas. Los estados nacionales son los principales actores responsables de intervenir con políticas públicas efectivas y presupuesto, pero fundamentalmente con voluntad política.

Twitter: @pzuban 

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