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Es imperativo salir de la trampa de los dolarizados con costos pesificados

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La dolarización de la economía, buscada y parcialmente implementada por los sucesivos gobiernos neoliberales que hemos padecido en Argentina, es la pieza crucial para anclarnos a un modelo de economía cerradamente subdesarrollada, exclusivamente productora de materias primas.
Sin duda la dolarización de los energéticos, es una pieza clave en ese nefasto proyecto de atarnos total y definitivamente a la divisa extranjera, con lo cual se destrozaría una herramienta soberana clave, como es el manejo del valor de la propia moneda y la capacidad de imprimirlo, perdiéndose en tal caso el derecho al señoreaje (utilidades por devaluaciones) por parte del Banco Central.
Separadamente, como se la impuso hasta ahora, pretende garantizar siderales ganancias a los grupos de poder concentrado, que a través de sucesivos gobiernos neoliberales, se hicieron con el control del manejo de la energía eléctrica mayorista, de casi todas las usinas y las principales distribuidoras; del gas con todo el extenso pero aun muy incompleto sistema de distribución; de los combustibles líquidos; y de buena parte de las operaciones de extracción y posterior manejo de los hidrocarburos.
Esos grupos de poder concentrado, focalizados en los energéticos, maximizaron en forma sideral sus utilidades, las cuales solo marginalmente se invirtieron, distribuyéndose casi todo como dividendos, los cuales alimentaron las descomunales fugas de divisas, en un proceso perverso fogoneado e incentivado por el gobierno neoliberal, volcado a la timba financiera y a la destrucción nacional.
Es inadmisible y aberrante, que mediante la dolarización forzosa, se pretenda eternizar la muy negativa situación de pobreza energética –o de infraconsumo de energéticos insustituibles para la vida y para el imprescindible desarrollo económico-, que se instaló con egoísta y frenética busca de hiper utilidades; y de perversa falta total de sensibilidad social y de patriotismo, por parte del precedente gobierno neoliberal. Gobierno que vino para profundizar políticas en tal sentido, ya parcialmente perpetradas en el “proceso” y el noventismo, los dos anteriores períodos neoliberales.
En lo concerniente a los hidrocarburos –petróleo y gas- deben separarse totalmente del dólar, para sus precios internos, auditándose sus costos, los cuales son pesificados en sus mayores partes, pues esos combustibles se producen y procesan localmente; debiendo separarse de los precios de exportaciones.
Para evitar maniobras especulativas o de dolarizaciones compulsivas, por parte de grupos oligopólicos, cabe desdoblar las retribuciones acordadas a empresas extractivas, separándose la ventas al mercado interno de las exportaciones, pudiendo implementarse procedimientos similares a las retenciones, con las que se deben pesificar a valores accesibles los comestibles (harinas, carnes, etc.), sujetos a la dolarización salvaje impuesta por el neoliberalismo, con el beneplácito de las oligarquías camperas; estas últimas siempre insensibles, egoístas, y carentes por completo de todo vestigio de patriotismo y del elemental grado de sensibilidad social.
Los contratos vigentes para hidrocarburos de fracking (Vaca Muerta y similares), deberán incorporar adendas mediante las cuales se separen las oscilaciones de las cotizaciones de divisas, de los precios a aplicarse en el mercado interno, el cual de ningún modo debe ser objeto de presiones de desabastecimiento, como las hechas por Repsol en su momento.
Los grupos de poder concentrado se preocupan excluyentemente de sus intereses oligopólicos o en algunos casos monopólicos, como las prestadoras del servicio de energía eléctrica, o de gas, que son monopolios por sus características técnicas, pero que al ser privados y con inexistentes controles o frenos a su voracidad financiera, en épocas de neoliberalismo descarnadamente perpetrado, cometen toda clase de abusos, como lo son entre otros, las pretensión de tener y mantener tarifas dolarizadas, siendo que sus costos son pesificados. Allí el Estado deber ser fuerte para regular y evitar abusos, no debiendo descartarse la alternativa de volver a estatizar todos esos servicios, de tanta importancia estratégica.
Por su parte, las organizaciones empresarias de estacioneros, entre otras de pequeños o medianos empresarios, deben rever sus irracionales posturas de crudo neoliberalismo, mediante las cuales presionan para mantener precios dolarizados.
Deberán entender que con precios pesificados y accesibles a la industria, a otros actores económicos, y a los consumidores, podrán vender mucho más, y con ello aumentarán sus ganancias.
El tema no se agota.

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