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El fin de la era del «dólar verguenza», Posadas ya tiene una pizarra para saber a cuánto está la divisa minuto a minuto

La pizarra de Mazza hoy
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Después de unos cuantos años, la ciudad de Posadas por fin vuelve a tener una pizarra para monitorear el valor del dólar como se debe, al mejor estilo de la «city porteña».

Mazza Hermanos -que desde la apertura del cepo a fines del 2015, es la casa de cambios número 1 del país por volumen de operaciones-, dejó de lado las reservas y pruritos que las entidades de todo la Argentina exhibieron en los últimos años para mostrar al público el valor del dólar en forma clara. Algo así como el «dolar verguenza».

Ayer inauguró una pizarra electrónica donde se puede observar desde la vereda, con toda claridad, la variación del dólar, real, guaraní y euro, las cuatro monedas más tranzadas -en ese orden-, en la plaza cambiaria posadeña.

Hasta hace unos días, la entidad se manejaba con una vieja pizarra de los años ochenta, situada adentro del local, donde los números se colocan en unas canaletas de plástico y no se podía apreciar muy bien desde la vereda por el reflejo del sol en la ventana.

Mazza no fue la única entidad que sacó o escondió las pizarras con las cotizaciones del dólar en la Argentina en los últimos años. En rigor, las casas de cambio y los bancos de todo el país sacaron de las veredas las cotizaciones, las escondieron. Los policías que custodian las entidades aún ahora se suelen revolver -incómodos- o se acercan a preguntar qué hace uno, cuando alguien le saca una foto a los precios con el celular.

Cuando mostrar lo que vale el dólar es un «pecado»

En Posadas, por caso, el Banco Hipotecario también tenía una bonita pizarra en la vereda y la removió. Y lo mismo ocurrió con otras entidades de la «city posadeña», como bien podría llamarse a la calle Colón entre San Martín y Sarmiento.

Si bien nunca lo admitieron de manera oficial, el retiro de las pizarras fue parte de una política para no irritar al Gobierno kirchnerista, que en su momento llegó a «criminalizar» la compra de dólares, tratando de hacer sentir a cualquier argentino que compraba billetes verdes para preservar el valor de sus ahorros, como un verdadero delincuente o traidor a la patria.

Un verdadero sinsentido, teniendo en cuenta que en la Argentina el que puede ahorrar algo, lamentablemente tiene que comprar dólares o comprar «ladrillos» porque no hay otras opciones para preservar el valor de la moneda. Pero también un disparate, por la enorme vocación por el atesoramiento de dólares que mostraron los principales referentes del kirchnerismo.

Una cosa son las medidas de control de cambios -polémicas pero legítimas-, que puede implementar cualquier gobierno cuando enfrenta una feroz fuga de capitales como la que aquejaba a la Argentina en esos año de cepo. Medida defendible, sobre todo si es circunstancial.

Pero algo muy distinto es tratar de criticar a un argentino que es honesto, trabaja y trata de ahorrar lo que puede comprando algunas divisas para que a sus ahorros no se los «coma» la inflación.

La fuga de capitales no conoce de «grietas»

Cabe agregar que ahora Macri enfrenta también una feroz fuga de capitales que, de seguir así, en cualquier momento va a obligar al gobierno a instrumentar algún tipo de medida de control de capitales, de esas que tanto criticó.

Ningún extremo es bueno y la casi total ausencia de controles de cambio -es decir, poner ciertas restricciones para el ingreso y/o egreso de dólares del país- de Cambiemos también le hizo daño a la Argentina.

Por ejemplo, la ausencia de medidas de control de cambios favoreció la entrada irrestricta de fondos especulativos para apostar a las Lebac. Una enorme cantidad de dinero especulativo de corto plazo que generó una «bola de nieve» y una posterior corrida cambiaria. Esto a su vez obligó a un remedio carísimo, cuyos durísimos efectos recién se empiezan a padecer en economía argentina. Porque para terminar con la rabia (suba del dólar) están matando al perro (la actividad económica).

Al sacar los controles de cambio en forma -dicen algunos- apresurada en el 2016, el BCRA se quedó sin herramientas que le hubieran ayudado a retener las divisas en la Argentina. Como no las tiene, debe recurrir a pagar unas tasas descomunales que están destruyendo la economía, las pymes y el empleo.

Una política que encima tarde o temprano va a ceder a la presión incontenible por pasarse al dólar  -dicen los economistas aún afines al gobierno-, de la misma forma que cede una represa que nunca abre sus compuertas. El agua siempre pide seguir río abajo, no se puede retener eternamente en forma artificial. Lo mismo sucede con el dólar.

«En el juego dólar versus tasa, siempre llega el momento que uno se cansa y dice ‘no juego más'», dijo la semana pasada Roberto Cachanosky, a quien no se le puede decir que no simpatiza con Cambiemos.

Todo eso sin computar el enorme costo que paga el país por esos multimillonarios intereses en instrumentos como las Leliq o Lecap. Créanme, es mejor no ponerse a hacer cuentas de cuánto nos salió y nos sale a los argentinos pagar los intereses de toda esa fiesta.

Ni pensar en compararlo con las cosas que hubo que resignar por el recorte que pidió el FMI para dar el dinero para frenar la corrida. Recortes como los subsidios a los colectivos, el Fondo de la Soja, la imposición de retenciones a las exportaciones de las economías regionales o la eliminación de reintegros, la no baja de Ingresos Brutos en muchas provincias, recortes en la salud, educación, etc.

A propósito de esta ausencia de controles de cambio, la necesidad de dólares igual es inocultable para este Gobierno. Macri le rogó ayer a los sojeros en ExpoAgro que por favor liquiden cuanto antes la cosecha del poroto y sus derivados, porque necesita los verdes. Pero en su primer año, el Gobierno de Cambiemos -apresuradamente, dicen muchos- les eliminó las obligaciones que los exportadores tenían para liquidar las divisas producto de la cosecha.

Servicio al cliente

La pizarra de Mazza quedó muy coqueta y sin dudas presta un servicio para los que van a comprar o vender divisas o quieren consultar las cotizaciones para decidir si hacen o no una transacción. ¿Vendo ahora o espero? ¿Compro ya, o podría bajar un poco y me ahorro unos pesos? Al fin y al cabo, se trata de dar un servicio al cliente.

Ojalá no sea muy consultada y ojalá no salga mucho en la tapa de los diarios locales ese cartel electrónico. Eso sería bueno para el país.

Ojalá el dólar no sea noticia en la Argentina. Pero es difícil, porque acá, cuando se trata de inflación, desconfianza en la moneda y suba del dólar, ahí no hay grieta. Todos los gobiernos demostraron que se parecen bastante, unos a otros.

El autor es periodista especializado en Finanzas. Trabajó en la sección economía de La Nación, la agencia Bloomberg y fue editor de Finanzas del diario Infobae.

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