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«Desatando la fe»

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La Palabra de Dios desata lo que llamaría un “ciclo virtuoso de lo sobrenatural” que empieza en palabra y termina en palabra. Empieza con la exposición de alguien que proclama la Palabra de Dios. Sigue con alguien que oye la Palabra de Dios y la cree, y se completa cuando sale la Palabra de Dios de la boca de quien creyó en ella. Luego entra en el oído, va al corazón y cuando sale por la boca se desatan milagros sobrenaturales.

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” Romanos 10:17

Romanos 10:10. Creo firmemente que todos tenemos fe, creemos en el Señor y hay una obra del Espíritu Santo en nosotros. Pero parece que no colaboramos demasiado con el Señor, para que esa fe sea efectiva y produzca frutos sobrenaturales. Muchas veces por nuestra boca salen palabras contrarias a lo que decimos creer. Otras, nuestras acciones no concuerdan con lo que creemos y decimos creer. O simplemente nuestra boca no expresa lo que creemos en nuestro corazón. En todos estos casos hay problemas, el Espíritu de Dios encuentra trabas. De manera que habría que usar esta tremenda arma para que desatemos fe milagrosa a través de nuestras palabras.

Proverbios 18:21. Recordemos siempre que en nuestra lengua hay vida o muerte. La lengua tiene un tremendo poder para bien o para mal, para muerte o para vida, para salvación y para perdición.

Veamos dos clases de declaraciones mencionadas en el Nuevo Testamento que producen Milagros:

LA PRIMER CONFESION ES EL SEÑORIO DE JESUS 

En Juan 16:7-11 Jesús nos muestra que el pecador será convencido por el Espíritu Santo de un solo pecado: «Por cuanto no creen en mí». Sin embargo, muchas veces, se ha exigido a la persona no creyente, que confiese todos los pecados que hayan cometido, para que sea creyente. De hecho, si quisiese, no podría confesar todos sus pecados, por no poder recordar todo lo que ha hecho. La confesión principal que el pecador tiene que hacer es el señorío de Jesús, pues el pecado principal, es no haber aceptado el Reinado de Cristo sobre su vida. El individuo tiene que aceptar el Señorío de Jesús, y las demás cosas se arreglarán y acomodarán por sí mismas.

Existió un avivamiento en Brasil en 1956, donde 268,000 personas fueron convertidas y casi 100,000 fueron bautizadas en el Espíritu Santo. Eso sí que es un avivamiento, y más aún al saber que el 99% de la gente era de la iglesia católica romana. En ese entonces mientras esperaban en Dios, no predicaban en contra de nada, predicaban lo que decía la Palabra.

Romanos 10:9-10/ Mateo 10:32-33. Tiene que haber una confesión pública de que Jesucristo es nuestro Señor, porque así se rompe con el mundo. Lo tienen en cuenta los demonios. Es un cambio de señorío; es lo define nuestra posición. La confesión del señorío de Jesús nos pone inmediatamente bajo Su vigilancia, transformación, cuidado y protección.

LA SEGUNDA CONFESIÓN ES LA DEL CREYENTE CUANDO HA PERDIDO SU COMUNIÓN CON DIOS.

La segunda confesión en el Nuevo Testamento es la confesión de pecados del creyente cuando éste ha perdido su comunión con Dios.

La pérdida de la comunión muchas veces causa enfermedades. Y hay correlación entre la comunión con Dios y con los hermanos. No hay una sin la otra, así que tenga en cuenta que hay que amar a Dios y al prójimo como a sí mismo.

Santiago 5:15. En el momento en que pecamos perdemos nuestro testimonio. El pecado apaga la luz. La fe entra en la oscuridad de la comunión perdida. 

En el Salmo 137: 1-4 tenemos una figura de la comunión perdida. Israel había pecado y se hallaba en cautividad. Cuando sus enemigos les pidieron un cántico, se lamentaron, «¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?». He aquí un cuadro de la comunión perdida. La fe no tiene canción, no hay comunión no hay adoración cuando la comunión se pierde. 

Salmos 51: 1-12. Otro ejemplo de la comunión personal perdida es el caso del rey David. Quien, sin embargo, al arrepentirse, es perdonado. 

Es muy importante que entendamos, que la declaración de nuestro pecado (aquel que ha opacado la comunión con Dios) trae restauración, perdón y aceptación por Dios el Señor. 

1°Juan 1:3-7. Nótese que la palabra «comunión» se menciona 4 veces en estos versículos. Estas palabras no están escritas para el pecador. Están escritas para el creyente: primero, para amonestar que no se pierda la comunión; y segundo, para mostrar cómo volver a tener la comunión. Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, Él dice que mentimos. Es decir que si no estoy en comunión y digo que estoy bien, falto a la verdad. Si digo que no he cometido pecado y, sin embargo, no hay comunión, ¿será que mi fe es débil? Entonces dice Él que, si confieso mis pecados, Él es fiel y justo para perdonar mis pecados y limpiarme de toda maldad. 

Si usted ha pecado, lo sabe. Si no lo sabe, no busque nada para condenarse. Cuando persiste en condenarse, usted se roba a sí mismo la fe. Cuando peca, lo sabe, porque tenemos por dentro un monitor que nos dice cuando hacemos mal. Si usted ha errado, no espere. Diga sin tardar: «Señor, transgredí tus leyes, perdóname». Él lo hará y usted seguirá andando en comunión. 

En el momento que confieso mis pecados, Él me perdona y estoy en Su presencia como si yo no los hubiera cometido. No necesitamos confesar nuestros pecados repetidas veces. Esto produce debilidad, duda y remordimiento en nuestro espíritu. Una vez confesados, Él los ha perdonado y olvidado. Luego, usted debe olvidarlos.

Santiago 5:14-15: A veces pensamos «Aquel ha hecho mal. Va a cosechar el resultado de su maldad. Está enfermo ahora porque ha pecado». La comunión quebrantada puede causar la enfermedad; pero el Señor dice: «Y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados». 

Entonces la segunda declaración más importante es la que nos devuelve la comunión perdida. Algunos destruyen su propia fe. Creen que van a permanecer en el lecho de dolor porque han pecado. Pero Dios dice: «La oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados». Hay perdón en la sanidad.

Usted no debe tener más remordimiento. Dios no lo retiene y le interroga ¿por qué lo hace usted? Puede ver entonces con qué confianza podemos acudir en oración y saber con seguridad que Él nos oye.

Que Dios te bendiga y tengas una semana de completa victoria! Y Feliz y bendecido día para todos los padres en su día!

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