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Cuentas públicas de Misiones: las fortalezas macro en un contexto de fragilidad y los desafíos para sostener el equilibrio

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En un contexto macroeconómico difícil y débil para la Argentina, las provincias no son ajenas a las dificultades y los desafíos que se plantean. El incremento del gasto a partir de una inflación descontrolada y el estancamiento de los ingresos a partir de menores recaudaciones ponen en jaque a las cajas provinciales que tienen un muy alto nivel de dependencia de los recursos coparticipables. 

En ese marco, 2018 fue paradigmático: la gran mayoría de las provincias argentinas cerró el año con superávit corrientes y financieros, algo que no se observaba hace una década. Sin embargo, mientras que por un lado se celebra el objetivo de mantener cierto equilibrio en las cuentas públicas, del otro lado está la discusión sobre cómo ajustar el gasto público: en muchos estados subnacionales, se realizó a partir de los salarios públicos. 

Misiones tiene fortalezas que la distinguen de sus hermanas del NEA. Por un lado, a lo largo de los últimos años, ha logrado mostrar superávits operativos (salvo 2016), una situación que se ve fortalecida además por el hecho de que tiene una relativamente sólida base de ingresos propios, que en 2018 representaron un 44,1% de los ingresos corrientes. En este punto, tiene una clara diferenciación en el marco regional, sacándole varios cuerpos de distancia a provincias como Chaco y Formosa que tienen una casi exclusiva dependencia de recursos de origen nacional y, por ende, una muy débil base de ingresos propios (inferior al 20% del total de sus recursos corrientes). 

En otro punto donde Misiones se diferencia del resto de las provincias del NEA tiene que ver con su alto nivel de gasto en capital. Pese a ser una variable positiva en términos de gestión (mayor inversión de capital implica, a priori, un mayor nivel de desarrollo de obra pública, entre otras cosas), este aspecto fue el que motivó que, entre 2011 y 2017, Misiones culmine sus ejercicios con déficit financiero. 

Ya en 2018, Misiones culminó su ejercicio con un superávit corriente de $8.393 millones (que equivalen al 13,8% de sus ingresos corrientes). Esto se logró a partir de una mayor expansión de sus ingresos corrientes (+35,2%) junto a menor crecimiento de los gastos corrientes (+23,6%), siendo este un escenario muy similar al observado en el gobierno nacional en los últimos dos años particularmente. 

En ese mismo año, añadiendo los ingresos y gastos de capital, la provincia reportó por primera vez siete años un superávit financiero de $723 millones (1,1% de los ingresos

totales), siendo esto una novedad positiva en términos de equilibrios fiscales, que también experimentaron casi la totalidad de las provincias argentinas, como se indicó anteriormente.

Al cierre del tercer trimestre de 2019, con los últimos datos oficiales disponibles, Misiones alcanzó un resultado operativo positivo en $10.132 millones (16,1% de los ingresos corrientes del período). A su vez, el resultado financiero también fue superavitario en $118,5 millones (0,2% de los ingresos totales), con marcado déficit en la administración central pero un abultado superávit en lo referido al instituto de seguridad social (por $1.023 millones). 

¿Qué se espera para el 2020? 

El presupuesto provincial (ya aprobado) proyecta un superávit corriente de $11.962 millones (13% de los ingresos corrientes presupuestados). Sin embargo, la necesidad de financiamiento proyectada para el año se ubica en el orden de los $19.111 millones, lo cual representa casi un 21% de los ingresos totales esperados. 

Pese a ello, la incertidumbre respecto a los supuestos macroeconómicos tomados como referencia, dado la inexistencia de un presupuesto nacional consistente, hacen que las estimaciones del presupuesto provincial se encuentran sujetas a futuras modificaciones, tanto en lo referido a los ingresos esperados como en la proyección del gasto, que están atados a variables como la inflación y el tipo de cambio. 

En este marco, Misiones tiene otra fortaleza: su nivel de endeudamiento tuvo una clara tendencia decreciente desde 2012. En 2011, el stock de la deuda pública provincial representaba casi el 44% de sus ingresos totales y logró descender al 13% a fines de 2018. Además, el peso de deuda en moneda extranjera se ubica en torno al 7,7% de la deuda total, niveles muy bajos y muy positivo en un marco de inestabilidad cambiaria. 

Para septiembre de 2019, el stock de deuda de la provincia ascendía a $8.141 millones (-4% respecto a diciembre 2018), mientras que el porcentaje de deuda en moneda extranjera se incrementó a un 11,9%, más alto que en a fines de 2018 pero manteniendo un nivel considerado bajo. 

Ante este escenario, Misiones tiene el desafío de consolidar sus fortalezas, es decir, continuar ampliando su base de ingresos propios, contener su stock de deuda para que continúe siendo baja, y consolidar el gasto de capital (que es importante en la provincia pero con tendencia decreciente en los últimos años). 

Si la Provincia sostiene y consolida dichas fortalezas, podrá contener con mayor eficacia los embates propios de un contexto macroeconómico que pegó duro a las provincias y lo seguirá haciendo por lo menos por un semestre más.

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