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Cómo combatir las acciones desmedidas y no razonables por las deudas

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En estos días pareciera haber  una acción concertada para obligar a la Argentina a pagar al contado todas sus acreencia, entre ellas con algunos fondos dispuestos a “conversar” y otros buitres conocidos nuestros por habernos atacado en el denominado “juicio del siglo” que fallara en contra de la Argentina el fallecido juez estadounidense Thomas Griesa que fuera protagonista de la economía y política nacional durante más de una década. El prolongado enfrentamiento judicial que tuvo a Griesa como árbitro expuso el poder de los lobbies financieros  y la existencia de un vacío legal internacional para resolver crisis de deuda soberana como la que atravesó la Argentina con el estallido de la convertibilidad. La noticia de su muerte llegó el país a través de Daniel Pollak, el abogado mediador impuesto por el magistrado para acercar posiciones en 2014, que informó las novedad a las autoridades del Ministerio de Finanzas con quienes negoció el acuerdo final para pagarle a los buitres al inicio del gobierno de Mauricio Macri.

La reestructuraciones de deuda son un procedimiento habitual desde comienzos del siglo XIX. Representan el mecanismo para salir de un default.  Entre 1950 y 2017 se registraron más de 600 casos de reestructuraciones soberanas en el mundo. Sin embargo, como resultado de la construcción de un vacío legal que acompañó el proceso de desregulación financiera, no existe reglas globales para encontrar soluciones  que garanticen la salida de los países de las trampas financieras, volver a crecer y garantizar el cumplimiento de los vencimientos de la deuda. Es una salida similar a la que propone nuestro presidente Alberto Fernández. Después de la crisis 2001-2002, Argentina llevó adelante  un proceso de reestructuración en dos etapas con que logró normalizar la situación del 92,4% de la deuda en default. No fue sencillo. A la resistencia del sistema financiero internacional tradicional y los organismos multilaterales se sumó el accionar de un grupo de inversores carroñeros que compraron bonos argentinos  a precio de remate con la pretensión de cobrar el ciento por ciento de sus acreencias. Para eso, los fondos como Elliot Management encabezado por el magnate Paul Singer comenzaron a litigar contra el país en los tribunales de Nueva York y a desplegar todo su poder de lobby. A pesar de la resistencia política, diplomática y judicial presentada por Argentina hasta fines de 2015, los acreedores lograron imponerse. En abril cobraron el acuerdo alcanzado con el gobierno de Macri que les validó una rentabilidad de hasta 1270 por ciento. Si bien los buitres más agresivos desistieron, todavía quedan causas abiertas  que están a cargo de la jueza Loretta Preska, que con la asunción del nuevo gobierno puso un compás de espera a su fallo.   

Ante estos acontecimientos las naciones afectadas y sus pueblos deben concertar estrategias conjuntas que hagan poco atractivo el accionar de estos fondos buitres, y para ello proponemos las siguientes acciones:

  1. Concertar con los países del Mercosur una acción que excluya a estos fondos de participación en la compra de bonos, deudas remuneradas, acciones de empresas del Estado, y participación en los negocios del petróleo de Vaca Muerta y el litio de nuestros salares.
  2. Todo litigio deberá ser resuelto por tribunales argentinos bajo leyes argentinas.
  3. Fue un error permitir litigar en Nueva York bajo leyes estadounidenses, pero dada la situación económica se permitió esa cláusula que servirá a esos fondos trasladarlos a paraísos fiscales. 
  4. Avanzar un escalón más y con acciones que bordean la ilegalidad, poner una recompensa de 10 millones de dólares, fácilmente aportables por los afectados por estos delincuentes a quienes puedan matar o asesinar a alguno de ellos. Solo la publicación de esta recompensa, hará que estos “gentelmen” de la estafa, desaparezcan de sus lugares habituales de dar conferencias de prensa, entrevistas y primeros actores de la radio y televisión, con las consecuencias del aumento del stress, pérdida del apetito y sueño y la vida fácil que hasta ahora han llevado y que han damnificado a cientos de miles de personas.
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