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«Ya llegué», el poema de una joven apostoleña que conmovió en esta semana de la Mujer

«Ya llegué», el poema de una joven apostoleña que conmovió en esta semana de la Mujer
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Lurián Batista es una joven apostoleña que esta semana conmovió con su poema «Ya llegué», en donde evoca a muchas de las luchas -externas e internas- que enfrentan las mujeres en la actualidad. En una semana muy especial para la mujer, reproducimos la obra de esta joven poetisa -nacida en 1990-, que hoy reside en Posadas y participa del grupo Poesía de Miércoles.

Ya llegué

Me dijeron que avise cuando llegue

YA LLEGUÉ
Crié a mis hermanos
Protegí como pude a mi madre
Giré sobre el dedo índice de mi padre como una bailarina en su cajita de gritos.
Me tapé los ojos hasta que termino la escena
Bajé la vista ante el Cristo Misericordioso de la pieza de mi abuela
Le junté la mesa a mi suegra
Le serví siempre el vaso lleno al hijo.

Le dí las Gracias a una máquina
No le esquivé ni una sola sonrisa al nene del asiento delantero.

Jamás me cruce de vereda
Jamás les negué el cansancio, jamás los desperté con mis tacos
Jamás les quite el abrigo.
Curtí mi piel con las caricias de las mano del trabajo, aprendí todo lo que se de geografía.
Y devolví con ternura cada gesto.

También

Hice frente a compañeros el vía crucis de los leggins,
Jugué al jenga de los favores con un jefe.
Llegué temprano para nada
Llegué tarde para todo
Y EN EL MEDIO TRABAJE.

¡YA LLEGUÉ!
No voy a dejar que pisen a mis hermanos
No voy a ser pantalla de mi madre
Voy a soltarle la mano a mi padre y taparle la misma boca con el mismo dedo.
Voy a sacarle el volumen al turismo carretera de los domingos
Voy a mostrar el sexo
Voy a dejar los platos sucios para que lave el hijo
Voy a llegar a tiempo a la cita conmigo, vestida para mí
Voy a pasar después del varón o de la mano
Voy a llegar y preguntar qué hay de cenar
Voy a ir a juicio
Voy a poner titulares en las páginas de Avon
Voy a pedir a grito, a llanto y a risa que no nos maten.
Que nos dejen llegar sin aviso
Que nos dejen llegar sin un hijo
Sin un plato de tuco
Sin la línea de la camisa marcada
Sin la sala barrida
Sin la seriedad fingida
Sin el miedo
Sin las bendiciones
SIN LAS JUSTIFICACIONES Y CON LAS TETAS CAÍDAS…

Que nos dejen llegar.

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