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Rumbo a la nada misma y vamos por más…

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“Sin Rumbo”, el libro de Eugenio Modesto de las Mercedes Cambaceres Alais, narra la historia de Andrés, un joven acostumbrado a  vivir a su manera y sin ningún escrúpulo. Hasta que un día, cansado del aburrimiento de su hacienda, decide ir a la casucha del  puestero y comienza un romance clandestino con la hija del mismo, Donata, a quien deja embarazada. Luego, la abandona y se  marcha a la ciudad.

Visita frecuentemente el Teatro Colón, en donde conoce a una cantante de ópera llamada Marietta Amorini, la prima donna de Aída. Amorini cede inmediatamente a las insinuaciones de Andrés pero, después de quince días de haber comenzado su apasionado  romance, éste se aburre y decide volver a su hacienda en el campo.

Cuando regresa, ve que la campesina había muerto pero su hija (Andrea) continúa viva, por lo que asume que es hija suya y se hace cargo de ella. De esta forma Andrés comienza a cambiar su modo de vida en beneficio de su pequeña hija.

Pese a su felicidad, un día Andrea enferma de difteria, muy debilitada, fallece. Andrés, destruido por la tragedia que lo había marcado a él y a su hija, se suicida, dando final a la historia.

Si alguien pensaba leer este libro, lamento haberle “garcado” con el final, pero en Andrés veo -perplejo- la historia de nuestro grupo empresarial NO “cambiemos”.

Democracia en la forma, pero no en el fondo. Llegamos para cambiar y mejorar. Mejorar implica todo “cambio”. Bueno, el nuestro NO, claramente fue para empeorar y retroceder “avanzando”.

Sin un Gobierno presente no hay políticas públicas. Tampoco las hay con un gobierno a solas, hay que gobernar señores. A esta altura del campeonato, ustedes deberían darse cuenta del “sin rumbo en el que nos metimos”.

El peor diseño de políticas es el que después no se gestiona y la peor gestión es aquella que previamente no se diseña. O sea, mi amigo lector, nosotros no hemos hecho nada. No se si se percataron, pero no podemos organizar ni un partido de futbol.

El centralismo y la ignorancia central, desde la época de Juan de Garay a esta parte, es la madre de todos los problemas.

Los “porteños” tenemos bien ganada la fama de ser soberbios y arrogantes. Usamos las palabras “Argentina” y “Buenos Aires” como si fueran lo mismo. Oscilamos entre no sentirnos muy argentinos y sentir que somos los únicos argentinos. No en vano siempre decimos que “la Argentina se termina en la General Paz”.

Ya sea que estemos hablando de Messi o de Maradona, del Gobierno o del Papa, del laburo o de la cosecha, los porteños opinamos siempre en blanco y negro. O algo es “lo mejor” o es “la peor mierda que puede hallarse”.

Hoy los gobernantes del grupo empresarial “no cambiemos” la tenemos re clara. Hemos sido bendecidos con la sabiduría de “entender” mucho sobre todos los temas y como buenos entendidos… improvisamos.

Hemos estado en todos lados y en todas las situaciones, o tenemos un pariente, amigo o conocido que estuvo. Podemos resolver cualquier situación desde la mesa del bar y siempre –pero siempre- tenemos la razón. Los demás “no entienden nada, ¿vistes?”.

En lo comunicacional -debemos reconocer- somos implacables.

Instalamos los temas y ponemos una cobertura mediática de la ostia.

Por algo todos los argentinos nos debemos a Durán Barba.

Nuestro amigo y asesor, el Jaime, ha hecho una lectura espectacular de los argentinos. Somos cholulos, nos empantanamos siempre en el pasado, queremos defecar más alto de lo que nos da el “tujes” y somos bastante indoctos y desinformados, aunque creemos que profesamos cultura general. A partir de estos conceptos, instala y establece líneas de comunicación para los subordinados voceros del poder central, subestimando el sentir real de todo un pueblo, el mismo que se está agotando de tanto “chamullo” y putea a los cuatro vientos cuando tiene que ir al supermercado o a pagar las cuentas.

Esta es nuestra Argentina que no para de crecer, con lluvia de inversiones, puestos de trabajo e inflación que la dejamos subir porque es una pavada controlarla ¿Se acuerdan? Ahora y según dichos de Dujovne, con una “inflación atípica” y con “crecimiento negativo”.  Casi como si el el capitán del Titanic -al hundirse- les dijera a sus pasajeros que estamos ante un proceso de una “atípica sumergida y gélida navegación”.

Como siempre amigos, del otro lado de la reja está la realidad, de este lado también está la realidad, lo único irreal es la reja… Y a pesar que nuestro rumbo económico y social va hacia la nada misma, VAMOS POR MÁS!!!

 

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