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¿Reconfiguración del mapa político en América Latina?

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El domingo anterior una noticia provocó el alerta en nuestra América, pues un episodio podía cambiar el rumbo de los acontecimientos políticos de Brasil: el juez Rogério Favreto había aceptado el pedido de “habeas corpus” de Lula Da Silva, decisión que le otorgaba la libertad inmediata. No obstante, la Policía Federal del país vecino no liberó al exmandatario, acatando un despacho del juez Sergio Moro, encargado de la causa “Lava Jato”, quién consideró que Favreto era incompetente para tomar esa decisión y solicitaba esperar la resolución de Gebran Neto, que finalmente fue negativa.  

Estas marchas y contra marchas no tardaron en suscitar especulaciones. Los medios de comunicación y los líderes políticos de la izquierda latinoamericana comenzaron a hablar de un posible “efecto contagio”, relacionando la decisión de Favreto con el resultado de la elección presidencial mexicana.  

El domingo 1 de julio Andrés Manuel López Obrador (AMLO) obtenía un triunfo histórico en la contienda electoral de México, convirtiéndose en el primer presidente elegido que fuera postulado por un movimiento de izquierda y que gobernará con esa plataforma.

Con el 53% de los sufragios, AMLO y su partido, triunfaron en 31 de los 32 estados del país, conquistando la mayoría en las cámaras del Congreso.

Con la izquierda suramericana alicaída tras perder terreno ante la derecha en países claves como Brasil, Argentina y Chile, la victoria de López Obrador sería interpretada como una bocanada de aire fresco para esta corriente política. Los dirigentes de la izquierda pueden interpretar esta victoria como una anticipación de su regreso en la región.  

Sin negar la trascendencia de la llegada de AMLO al poder en México, deberíamos ser muy cautelosos de no sobreestimar el posible impacto sobre los países de América del Sur. La idea de una América Latina única, que abarca desde México hasta Argentina, es un anhelo desde los tiempos de la independencia, pero tomarla como una unidad política no resulta lo más adecuado.

Para entender los procesos políticos de los países que la componen es preferible dividir este gran continente en tres regiones: América del Sur, América Central y América del Norte de habla hispana. La partición se realiza en base a que además de un pasado colonial común, sus instituciones, economías, estructuras sociopolíticas y problemas de seguridad nacional distan de asemejarse.

Particularmente México se determinó como una región distinta porque su estructura económica y política se encuentra más vinculada con Estados Unidos y Canadá, que con los otros países de América Latina.

Por ello, algunos analistas están convencidos de que el fenómeno vivido la semana pasada en México no tendría un correlato en los países que componen América del Sur, sino que, por ciertas particularidades, tiene más semejanzas con lo ocurrido en el 2016 en Estados Unidos y la victoria de Trump, a pesar de que el estadounidense sea considerado un conservador de derecha y el mexicano un revolucionario de izquierda. Al igual que Trump, López Obrador fue percibido por sus electores como la mejor opción para cambiar un sistema político que los desilusionó.

El actual presidente de los Estados Unidos, durante su campaña, manifestó que iba a “drenar el pantano” de Washington, y el presidente electo mexicano hizo hincapié en sacar al “régimen corrupto” de su país.

Además, ambos fueron etiquetados de populistas/nacionalistas, y vistos como riesgos para la democracia liberal o la economía de mercado. Y, por último, los dos prefieren enfocarse más en la política nacional que en las relaciones exteriores.

Por lo tanto, parece más razonable analizar la realidad política de América del Sur observando las elecciones presidenciales de este año en Colombia y en Paraguay. Ambas se caracterizaron por dos hechos claves: la baja participación en los comicios y el triunfo de los partidos de derecha. En Colombia, en la segunda vuelta realizada en junio, ganó Iván Duque candidato del partido Centro Democrático, que lidera el ex mandatario de ese país Álvaro Uribe; y en Paraguay triunfó Mario Abdo, representante del histórico Partido Colorado.

En Venezuela triunfó el oficialismo pos chavista pero la victoria se encuentra manchada por reiteradas denuncias de fraude y una intensa crisis económica.

Para terminar de definir el mapa político-social de América del Sur queda por presenciar la elección del país más grande de la región, Brasil, donde todavía reina la incertidumbre por la participación de Lula como represente del Partido Trabajador.

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