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¿Quién quiere ser millonario? Sobre ciencia, tecnología y política

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Hace un par de días, la presencia de una investigadora de CONICET en un programa televisivo causó un revuelo, porque puso de manifiesto el desfinanciamiento que viene sufriendo la ciencia argentina en los últimos años.

El pasado 12 y 13 de abril tuvo lugar en la Ciudad de Córdoba el Primer Plenario Nacional de Directoras y Directores de Institutos del CONICET. Participaron más de 130 Directoras/es y se recibieron numerosas adhesiones de directores que no pudieron asistir. Se elaboró un documento donde se manifiesta el desfinanciamiento que viene sufriendo la ciencia argentina en los últimos años.

Ahora bien, ¿Por qué habría de financiarse a “la ciencia” habiendo sectores de la población que sufren carencias?; ¿Qué importancia puede tener “la ciencia” cuando faltan tantas otras cosas?

Sin intentar poner a los organismos de ciencia y tecnología por encima de cualquier otro, ni arrogarme la potestad de ser la persona indicada para emitir juicio al respecto, expongo aquí mi idea personal acerca de porqué para un país, en este caso nuestro país, es importante valorar el desarrollo científico-tecnológico propio. Para ello me baso en algunas ideas principales.

  1. El desarrollo del país no va a lograrse poniendo en competencia a la producción de materias primas con la producción industrial.

Nuestro país es rico en materias primas, pero hoy en día eso no alcanza. Las condiciones climáticas, sumadas a la globalización, pueden afectar seriamente las ganancias económicas que pueden generar. Aprovechar nuestra riqueza para generar productos con alto valor agregado puede hacer la diferencia. Para ello es importante que seamos capaces de aportar ese valor mediante el desarrollo industrial. Sin menospreciar el aporte económico de las industrias extranjeras, existe en nuestro país potencial suficiente para el desarrollo de una industria propia.

 

  • La dependencia científica y tecnológica nos empobrece y enferma.

 

Hace unos años sufrimos el cierre de las importaciones. Seguramente existía un motivo económico que lo justificara, que no soy quien para discutir. Sin embargo, lo que se puso en evidencia en esa oportunidad, es que la industria de todo tipo requirió realizar eternos trámites para poder importar los insumos necesarios para fabricar de todo, inclusive medicamentos. Muchas empresas sufrieron graves crisis y hubo gente que enfermó gravemente. De haber contado con insumos propios, fabricados en el país, eso no hubiera sucedido. Ahora bien, para fabricar determinados insumos se requiere el desarrollo de una industria propia. Pero no cualquier industria, sino una industria moderna y eficiente.

  1. El país cuenta con los recursos humanos.

Argentina siempre se ha destacado por ser “exportadora de cerebros”. La gente capacitada está aquí, deseosa de poder hacer lo que mejor sabe hacer. Sin embargo, a lo largo de mis casi 40 años de carrera y con pocas excepciones, he visto como diferentes gobiernos han vaciado las universidades e instituciones tecnológicas del país, utilizado políticamente a los organismos, menospreciando a docentes e investigadores. Ahora bien, para el desarrollo de una industria propia, moderna y eficiente se necesita el desarrollo de tecnología, que debe apoyarse en el desarrollo de la ciencia. Eso no puede lograrse sin investigadores.

  1. La investigación requiere insumos y equipamiento.

El modelo de investigador que solo y con un microscopio lograba importantes descubrimientos científicos, ya no existe. Actualmente se requiere equipamiento de alta complejidad y muchos insumos que no se producen en el país. Los largos procedimientos de licitación de los organismos estatales y las continuas e históricas devaluaciones hacen que se haga prácticamente imposible comprar equipos. A veces el problema no es la falta de equipos sino la falta de lugar donde ponerlos. Otro rasgo clásico es la deficiente infraestructura edilicia, con hacinamiento de investigadores y becarios.

  1. El centralismo nos empobrece.

El desarrollo focalizado de una sola parte del país genera pobreza. La migración a los grandes centros urbanos de las personas que viven en las provincias periféricas produce una concentración poblacional que es origen de graves deficiencias habitacionales, de salud y educación. Para lograr un desarrollo equilibrado es importante que cada provincia genere su propia riqueza. Esa riqueza puede estar basada en la producción primaria, en la industria o en los recursos naturales, pero en todos los casos requiere el aporte de la ciencia y la tecnología para su buen desarrollo, implementación, optimización, protección. Es fundamental que ese aporte se dé localmente y regionalmente, debido al interés y conocimientos especializados de los investigadores en cada lugar. Por eso es importante que la inversión en ciencia y tecnología sea distribuida con criterio federal.

  1. Más que nunca, la investigación debe ser multidisciplinaria.

La evaluación global sobre la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas recientemente dada a conocer por la ONU señala que un 25 por ciento de las especies del planeta está amenazado y un millón se encuentra al borde de la extinción debido a la influencia directa del ser humano, con serias implicaciones económicas para todos los países, pero marcadamente en países no desarrollados o en desarrollo, como el nuestro. Ya no es posible el desarrollo industrial con una mera meta económica. Es imprescindible que el desarrollo económico sea acompañado de un equilibrio social y ambiental. Entre otras cosas, hay que producir en equilibrio con la naturaleza, hay que conocer la historia que nos trajo hasta este lugar, hay conocer y valorar la función de todas las especies que habitan la tierra. Para ello es necesario el aporte de todas las ciencias.

Nuestros dirigentes, en todas las épocas, manifiestan la intención de colocar a Argentina en el mapa. Sin embargo, esto podrá lograrse solamente con una visión moderna, integradora y de vanguardia. Si admiramos la educación finlandesa, no debemos omitir que Finlandia no pone en duda lo que valen sus educadores. Si admiramos el desarrollo de Canadá, no debemos omitir que los canadienses cuentan con extensos territorios gestionado por pueblos originarios, que además tienen voz en el parlamento. Y así podría seguir. De nada valen los discursos si no se traducen en hechos.

Y muy importante, lo que acabo de exponer es transversal a todos los gobiernos. No tiene que ver con partidos políticos, sino con una concepción de cómo debiera ser la política de ciencia y tecnología para que realmente redunde en beneficio de la población de nuestro país en particular.

Para finalizar, respondiendo las preguntas iniciales, el desfinanciamiento de los organismos de ciencia y tecnología terminará generando más dependencia, mientras que la inversión en ciencia y tecnología puede generar riqueza, salud y bienestar para la población. El problema es que no es inmediato. Muchas veces los resultados no se obtienen en 4 años y no pueden mostrarse como logro de un gobierno. La definición de políticas de estado a largo plazo es lo que ha caracterizado a todos los países desarrollados que hoy vemos con admiración. Se requiere tiempo, paciencia e inversión. Pero el resultado, finalmente valdrá la pena.

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2 Comentarios

  1. Claudio Ariel Pavlik

    Excelente síntesis del histórico problema argentino, con el financiamiento en ciencia, tecnología y educación, la mirada a corto plazo de nuestros dirigentes, sesgada aveces con pensamientos políticos, cambia las reglas de juego continuamente, un día repatriamos científicos y al otro los estamos expulsando. En estas cosas es en las que nos tenemos que poner de acuerdo los argentinos, aquí no debería existir la grieta, todos deberíamos saber a estas alturas que un país que no invierte en la educación de su población, que no invierte en ciencia y tecnología a largo plazo, es un país destinado a repetir una y otra vez sus propios fracasos

  2. Juan Haridas Gowda

    Muy buen artículo. Desgraciadamente, vemos hoy como ayer que no hay una visión de largo plazo, lo que se refleja con fuerza particular en nuestro pequeño mundo forestal. Si la inversión en ciencia es una asignatura pendiente para nuestro país, la base para una ciencia forestal fuerte y aplicada, como la que generan dos países que nombras en el reportaje (Finlandia y Canadá), necesita hoy más que nunca de una mirada local y de largo plazo. Desgraciadamente, esto no parece estar en la agenda del presente gobierno, como tampoco marcó a los gobiernos anteriores, lo que no sólo implica que seguimos desaprovechando una enorme oportunidad para mejorar la calidad de vida de una población rural cada vez menor, sino que estamos perdiendo oportunidades de aprendizaje que nos permitirían valorizar las 30 (¿?) millones de hectáreas de bosques productivos que aún cubren nuestro árido país.

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