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Paraguay necesita una nueva transformación después de 15 años de crecimiento rápido

Paraguay necesita una nueva transformación después de 15 años de crecimiento rápido
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Por Bas Bakker y Natasha Che. En los últimos 15 años, Paraguay ha sido una de las economías con crecimiento más rápido de Sudamérica, lo que ha permitido reducir los niveles de pobreza del país de un 58% en 2002 al actual 26%.

El crecimiento del PIB real fue de más de un 4,5% anual, muy superior al promedio de 1¾% correspondiente a América Latina en conjunto. Además, el ingreso per cápita aumentó de USD 1.300 en 2002 a casi USD 6.000 en 2018.

Sin embargo, mantener este crecimiento sólido podría resultar más difícil, puesto que los factores que apuntalaron el crecimiento en el pasado serán menos favorables en el futuro. Las políticas que impulsan la inversión y la productividad pueden ayudar a Paraguay a sostener el crecimiento inclusivo para las generaciones futuras.

Transformación económica

Los extraordinarios resultados del crecimiento han dejado huellas claras en Asunción, la capital de la nación. Han surgido resplandecientes edificios de apartamentos y ajetreados centros comerciales. Hoteles de estilo industrial elegante y nuevas sedes de empresas irradian una atmósfera cosmopolita. El crecimiento ha sido tan rápido que los embotellamientos de tráfico, poco comunes hace 15 años, ahora son una realidad cotidiana para los residentes de la ciudad.

Asimismo, si bien el ciclo económico de Paraguay solía seguir la tendencia de sus vecinos, durante la década pasada el país se ha vuelto mucho más resistente y ha continuado creciendo frente a una volatilidad y a shocks externos significativos. Cuando Brasil —uno de sus principales socios comerciales— sufrió una de sus más profundas recesiones en 2015 y 2016, Paraguay creció a una tasa de casi el 4%.

 

La razón del vigoroso crecimiento

Entonces, ¿por qué ha sido tan rápido el crecimiento, y qué perspectivas tiene de continuar?

En parte, el crecimiento sólido fue el resultado de una recuperación de una crisis anterior. A fines de los años 1990 y principios de los años 2000, Paraguay se vio afectado por una crisis bancaria, una recesión profunda y una depreciación aguda del tipo de cambio. Para 2003, los ingresos per cápita eran menores que en 1980.

La recuperación fue favorecida por un cambio de rumbo en las políticas económicas. En primer lugar, se restableció la estabilidad económica, con la ayuda de dos programas del FMI. Luego las políticas económicas se mantuvieron prudentes, incluso durante los buenos tiempos. La inflación y la volatilidad del tipo de cambio descendieron cuando el banco central comenzó a fijar metas de inflación. Se disminuyó el déficit fiscal y se redujo la deuda pública de un 52% del PIB en 2002 hasta alrededor del 20% del PIB en la actualidad. En 2015 entró en vigor una ley de responsabilidad fiscal con el fin de mantener bajos los déficits y la deuda. Como resultado, Paraguay evitó el ciclo de auge y caída que afectaba a otros países de la región.

El auge de los precios de la soja y otras materias primas agrícolas impulsó aún más el crecimiento. Los precios en dólares de las exportaciones de soja se triplicaron entre 2000 y 2014. Esto no solo originó un acentuado aumento de los valores de las exportaciones, sino que también desencadenó un considerable aumento de sus volúmenes, puesto que la inversión agrícola se volvió muy rentable. El auge de las exportaciones se propagó al resto de la economía gracias a una apreciación del tipo de cambio real, que impulsó los ingresos reales y la demanda interna.

El desafío de mantener un fuerte crecimiento

Mantener un crecimiento firme podría resultar más difícil, puesto que los factores que sustentaron el crecimiento en el pasado serán menos favorables en el futuro. En 2014, los precios de la soja llegaron a su nivel más alto y desde entonces han descendido en un tercio. Las tierras agrícolas destinadas a los cultivos principales se han duplicado en los últimos 15 años, y resultará difícil que se produzcan nuevos aumentos significativos.

Además, en gran medida, el crecimiento se ha originado en la utilización de más insumos en lugar de un uso más eficaz de ellos. El empleo ha crecido con rapidez, pero el crecimiento de la productividad se ha mantenido moderado.

Continuando con la transformación

Dado que es probable que el sector agrícola crezca con mayor lentitud que en el pasado, el crecimiento rápido solo continuará si otros sectores pueden progresar. El aspecto positivo es que están comenzando a surgir nuevos sectores exportadores, como las exportaciones de la industria manufacturera en virtud del régimen de maquila. No obstante, aún son reducidas. Las exportaciones no agrícolas y de energía no hidroeléctrica alcanzan solo el 7% de las exportaciones totales.

Hacer de Paraguay un destino de inversión más atractivo podría contribuir a acelerar la transformación. Como se analizó en la última evaluación económica para Paraguay y sus documentos de referencia adjuntos , una mejora del clima de negocios y de los indicadores de gobernanza facilitaría la diversificación y el crecimiento de la productividad. Serían de particular utilidad políticas que se centraran en mejorar la infraestructura de transporte, el Estado de derecho y la gobernanza, y la calidad de la educación.

Política fiscal

Algunas de las reformas costarán dinero. Los niveles de gasto público en Paraguay son bajos. Establecer nuevas prioridades en el gasto podría crear algunas posibilidades, puesto que la composición del gasto es desequilibrada, con una proporción importante destinada a los salarios. El aumento de los ingresos crearía un mayor margen para el gasto relacionado con las reformas y las necesidades de inversión. Las tasas de impuestos en Paraguay son bajas, pero los ingresos tributarios son aún más bajos de lo que se esperaría, dadas las tasas. La tasa del impuesto sobre las personas físicas es del 10%, pero la recaudación tributaria corresponde solo al 0,1% del PIB, como resultado de las exenciones y las deducciones. Sería de ayuda una reforma tributaria que se centrara en reducir las exenciones y las deducciones y en mejorar el cumplimiento tributario.

Cuando de política fiscal se trata, no solo es importante considerar el corto plazo, sino también los desafíos a más largo plazo. La población de Paraguay aún es joven. Sin embargo, dado que la población está envejeciendo gradualmente, en el futuro surgirán déficits elevados en el sistema de pensiones. Para evitar esto, sería más adecuado realizar ahora pequeños cambios en el sistema de pensiones (por ejemplo, un aumento moderado en la edad de jubilación) que grandes cambios en el futuro.

Hacia el futuro

Paraguay ha tenido un buen desempeño en los últimos 15 años. Se recuperó de una crisis anterior, se desacopló de sus vecinos más importantes y logró grandes avances en la reducción de la pobreza. Estos logros se vieron favorecidos por un cambio de rumbo en las políticas macroeconómicas, así como también por una escalada de precios de las materias primas agrícolas. Si sigue aplicando lo que ha funcionado bien (políticas macroeconómicas prudentes), implementando al mismo tiempo otras reformas que se centren en el lado de la oferta, es posible que continúe el crecimiento sólido.

Cuando la gente piensa en países pequeños, sin litoral y económicamente exitosos con mucha energía hidroeléctrica, suele pensar en Suiza. Sin embargo, si sus extraordinarios resultados económicos se mantienen, pronto la gente podrá pensar en Paraguay.

 
 
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