ECONOMIA, LA CHACRA, Ultimas Noticias

No dijo ¡Eureka! pero le dio vida a los tomates misioneros

No dijo ¡Eureka! pero le dio vida a los tomates misioneros
Compartí este articulo en:

Como las grandes cosas, ésta también se descubrió por una combinación de casualidad y observación. Se trata del tomate que se hizo misionero. Te contamos la historia.

En las chacras de Misiones hay una plaga muy común a la que dicen del “marchitamiento”. Cuando aparece arremete con todo, hasta la raíz. Es el destino de muchas plantaciones y sobre todo las de tomate.

Otra ‘plaga’, en este caso por molesta es la “tutiá” considerada por los colonos misioneros como un yuyo. Pero ¿Quién, en Misiones, no se encontró alguna vez con esa planta espinosa de florcita blanca y un fruto rojo, muy pequeño, que parece un mini tomate?.  Esa es la “tutiá” que se llama también revientacaballos o espina colorada (Solanum sisymbriifolium).

Esta es la historia entre la Tutiá, la enfermedad del tomate, y la familia Helbich…


La familia Helbich, de Andresito, tiene una chacra de seis hectáreas. Javier Helbich nos contó: “En la chacra trabaja toda la familia. Las chicas (las dos hijas), más que trabajo tienen responsabilidades. Están a cargo de arrancar los yuyos de entre las plantas”. Pero resulta que hace dos años atrás no arrancaron ciertos yuyos porque tenían muchas espinas. Era la planta ‘tutiá’. El “yuyo” entonces creció, sobrevivió a una epidemia en el invernadero de los Helbich, y hasta un verano sin agua. “Teníamos tomate y otras plantas. Les agarró una bacteria y no sobrevivió nada. Salvo el yuyo. Me sorprendió porque tenía sanas las raíces”, contó Javier. 

Así que tenemos dos hijas que no arrancaron los yuyos porque tenían espinas. Tenemos un invernadero infectado. Una planta-yuyo que sobrevivió. Y a Javier  a quien todo eso le llamó la atención. 

Comenzó a hacer plantines en macetitas de la planta-yuyo. Luego injertó en una muda de tomate, una planta de tutiá. Y voila! Nació un tomate, sano y “muy rico” al paladar de Javier y su familia. 

El injerto es una técnica de más de cinco mil años que utiliza la humanidad y se cree devino de observar a la vegetación que naturalmente realiza el proceso. 

La cuestión con Javier Hebisch es que si bien no dijo ¡Eureka! descubrió algo muy importante para Misiones: el antídoto para la bacteria que arruina muchos cultivos en la tierra colorada.


“Comencé a realizar pruebas porque las raíces estaban sanas en un suelo enfermo. Coseché semillas de la planta, hice macetas y luego probé en escala de a cien plantas. Y tuve una cosecha normal de tomates”, contó. 

“Esta enfermedad es muy común y no hay cómo combatirla porque ataca el suelo”, explicó Javier. 

Este agricultor de 42 años, probó mezclar una planta de tutiá con diferentes hortalizas, pero sólo funcionó con el tomate. “Es muy común este yuyo en la chacra, se usa mucho para los problemas de riñones”, comentó. 

Toda esta experiencia fue hace dos años y Javier está ansioso por compartirla con otros agricultores que tienen desde hace tiempo el problema de esa enfermedad; “en Misiones se conoce como ‘marchitamiento’; y es una pseudomona (un bacilo) muy común”, señaló. 

En el laboratorio de la Biofábrica

Javier Helbich quiere compartir esta solución a los problemas del tomate, pero aún faltan las pruebas para que el Senasa de el visto bueno. “Queremos expandirlo y por eso la Biofábrica de Misiones está haciendo los estudios. Nosotros no somos viveristas, somos productores, por eso tenemos que trabajar en conjunto con la biofábrica. Ya se hicieron las primeras pruebas y lograron hacer los trasplantes”, contó orgulloso Javier. 

El tomate misionero, se convierte una vez más en la prueba de que la producción de alimentos debe estar en manos de los agricultores. 

Bookmark and Share
Compartí este articulo en:

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*