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Los impresentables de siempre

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A estas alturas, a dos meses de las elecciones presidenciales de abril en Paraguay, está más que claro, “cristalino” como dice Jack Nicholson en esa película donde hace de comandante de la base de los marines en Cuba, que el único ganador de las internas coloradas de diciembre pasado fue el presidente Horacio Cartes, cuyo proyecto de sucesión presidencial fue derrotado por la oposición partidaria.

Cartes consiguió lo que quería, encabeza la lista de candidaturas al Senado, y aunque su presidenciable Santiago Peña no pasó la prueba, enseguida se las arregló para recomponer el escenario, de tal forma que hoy aparece como el mentor del proyecto político que ofrece el Partido.

Con todo, su figura es la menos rechazada en una larga lista de nombres para el Senado, que no estarían ahí si no fuera porque el sistema electoral paraguayo solo permite el voto a lista completa. Vale decir que el desbloqueo de listas no es un tema que entusiasme, tampoco, a nadie entre la denominada clase política, ni siquiera al “progresismo”.

El caso más paradigmático es el del político luqueño, Oscar González Daher, quien fue expulsado del Senado el 23 de diciembre por tráfico de influencias en el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, órgano que designa a jueces y fiscales, en un escándalo de proporciones, y ahora figura otra vez entre los cinco primeros candidatos.

El Partido Colorado ya avisó que no bajará su candidatura. Pero, González Daher, no es el único impresentable de la lista.  Lo secundan nombres como Juan Carlos Galaverna, quien confesó haber sido el arquitecto del fraude electoral de 1992, que puso a Juan Carlos Wasmosy en el Palacio de los López, y solo recibió una suspensión de parte de sus colegas; Víctor Bogado, acusado por estafa y cobro de indebido de honorarios, en los sonados casos de la “niñera de oro” y el “mecánico de oro”, entre otras joyitas; Javier Zacarías Irún, cuestionado dirigente del Alto Paraná, y Juan Afara, actual Vicepresidente, empresario y hombre ligado al agronegocio, con todo lo que ello implica en un país con cientos de miles de familias campesinas sin tierra.

Contra todos ellos hay abundante prueba documental y física. Contra González Daher hay un arsenal de grabaciones, que no solo lo comprometen a él, sino que salpican a un número todavía indeterminado de actores, llegando incluso hasta Cartes. Víctor Bogado  espera un juicio oral, o mejor dicho todo el mundo espera que Bogado sea llevado a juicio oral. Galaverna confesó abiertamente el delito, relamiéndose de su impunidad, y salió finalmente impune. Afara usó de prestanombre a su hija, recién graduada en Agronomía, para hacerse de tierras públicas en Itapúa.

Con las pruebas contra Zacarías Irún se podría empapelar el Puente de la Amistad, y un poco más. Y con la que hay contra su mujer, Sandra MacLeod, intendenta de Ciudad del Este, se empapelaría fácilmente la supercarretera de Itaipú.

La lista sigue, nadie prácticamente se salva de ser tachado de algo, hasta vínculos con el narcotráfico y otras mafias. Nunca la oferta electoral colorada fue tan mala como en las últimas dos elecciones generales. Pero esta vez, es la suma de todo lo abominable; lo dicen en el mismo Partido Colorado, cuya “unidad granítica”, para usar un término de la jerga acuñada durante la dictadura, está lejos del granito de los viejos tiempos.

La chapa presidencial recayó en el senador Mario Abdo Benítez Jr., que con el seudónimo de “Marito” intenta disfrazar su pasado  ligado al stronismo con un ropaje de ternura, modernidad y gestión eficiente. Pero todo el mundo sabe que “Marito” es Mario Abdo,  el hijo preferido de papá, la mano derecha de Alfredo Stroessner, cuya fortuna malhabida heredó junto al siniestro apellido. Y la  devoción por el tirano, a quien suele reivindicar públicamente, y a quien despidió de estricto luto, cargando incluso el féretro en el cementerio municipal Campos da Esperança, de Brasilia. Por estos días, la foto del sepelio da la vuelta al ciberespacio.

El otro gran salvavidas de plomo de Junior, además de su papá, son los integrantes de la lista al Senado, los propios y los de Horacio Cartes, comenzando por el mismo Cartes, cuya impopularidad y desaprobación alcanza niveles épicos. Y cuyo gobierno  ha aumentado la pobreza, el desempleo, la precarización laboral, el hambre, la corrupción que se devora presupuestos, salarios  e impuestos, mientras la educación y la salud pública se derrumban.

Cartes ha ganado de tal forma la jugada, que aunque Junior pierda, como pronostican las encuestas, él conseguirá su banca de  senador, incluso contra la Constitución que prohíbe taxativamente la postulación a los presidentes, asignándoles una banca vitalicia  al dejar el cargo, con excepción de aquellos que fueran apartados de la Presidencia mediante juicio político, como el caso de Fernando Lugo, que hoy es Presidente del Congreso y va por el rekutú (reelección, en guaraní).

En la misma situación está Nicanor Duarte Frutos, que ya fue impedido de asumir la banca que ganó en las elecciones de 2008, donde Lugo derrotó a su candidata presidencial. Es probable que en esta ocasión, ni él, ni Cartes, puedan jurar como  senadores. Todo dependerá de la suerte electoral que corra su abominable lista en abril. Según los primeros sondeos, en el mejor de  los escenarios, el Partido Colorado obtendría 15 senadores, cinco bancas menos que las que ostenta actualmente, con gran  crecimiento de la izquierda y el progresismo. Así las cosas, es probable que después de todo no le alcance a Cartes para llegar, y que  en el colmo del surrealismo, el luqueño González Daher se convierta en el senador echado dos veces por la misma razón.

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