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La puja por alcanzar las metas inflacionarias: el deseo de aplanar expectativas

La puja por alcanzar las metas inflacionarias: el deseo de aplanar expectativas
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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis. El aumento sostenido de los precios de los bienes y servicios es un problema grave en el cual la Argentina se encuentra inmersa por sus problemas estructurales y que implica efectos adversos tanto en su valor de la moneda, en el ahorro, en la recaudación fiscal, como también, la asignación de los recursos productivos alterando sus precios relativos, entre otros. En tal sentido, en septiembre de 2016, el actual presidente del Banco Central Federico Sturzenegger había anunciado que a partir de enero de 2017 la política monetaria se llevaría a cabo bajo un régimen de metas de inflación decreciente, que contaba con una proyección para el corriente año en un rango de entre el 12% y el 17% e ir reduciéndola gradualmente hasta alcanzar un 5% anual en 2019.

A punto de llegar al último mes del año 2017, se puede decir que el objetivo ha sido demasiado ambicioso y que la inflación anual superará el 17%. Más precisamente, se estima que la inflación de este año será de alrededor de entre el 22% al 24,5%. Sin embargo, a pesar de haber fallado en el pronóstico, no hay que quitarle mérito al BCRA, ya que el 2016 cerró con una tasa de inflación superior al 40%.

¿En qué consiste la política de Metas de Inflación?

Esta política tuvo su origen en Nueva Zelanda, a fines de la década de los ochenta, cuando el Banco Central de dicho país comenzó a trabajar con un nuevo enfoque de política monetaria que consistía en metas explícitas de inflación. Al tener éxito en lograr una marcada desaceleración de los precios, otros países comenzaron a adoptar dichas estrategias, siendo actualmente alrededor de 30 los que han adoptado el establecimiento de metas de inflación explícitas.

Dicha política se basa en la premisa de que los aumentos sostenidos de los precios no se deben exclusivamente a la expansión monetaria o al estado de las cuentas fiscales, sino que también son importantes las expectativas de los agentes económicos. Por lo tanto, para lograr el objetivo, es necesario llevar adelante ciertas acciones:

Fijar metas para la inflación claramente explícitas, lo que significa que muchas veces se deberán subordinar otros objetivos como el crecimiento del PBI o el tipo de cambio. En el gráfico 1 se muestran las metas de inflación y las expectativas de inflación del público para los siguientes años.

  1. Para la aplicación de este tipo de políticas es indispensable contar con un Banco Central autónomo y con un mandato expreso de preservar la estabilidad de precios como objetivo primordial;
  2. Es imprescindible un aumento progresivo de la transparencia y la comunicación política, lo que refuerza la necesidad de tener estadísticas confiables;
  3. El Banco Central no debe ser la fuente de financiamiento del tesoro, sino que debe concentrarse en el control de los agregados monetarios. Esto es consistente con las acciones del BCRA ya que, como se puede observar en el gráfico 1, han disminuido notablemente los adelantos transitorios al tesoro nacional y el uso de reservas, debido el primer caso principalmente al nuevo paradigma del financiamiento del déficit fiscal a través del endeudamiento externo.
  4. A partir de ello, la manera de conducir la política sería muy sencilla: una vez que el Banco Central haya establecido la meta de inflación, si la tasa observada es mayor a la meta seguirá aumentando la tasa de interés con el fin de contraer la demanda agregada y de esta forma desacelerar el aumento de los precios. En el caso contrario, si la inflación está por debajo del objetivo, la entidad monetaria tiene que disminuir la tasa de interés buscando el efecto opuesto. Esto se hace a través de colocaciones y retiros de títulos del Banco Central, en el caso de Argentina las LEBAC, en donde se fija una tasa de interés orientada a inducir la tasa de inflación hacia el objetivo perseguido.

    Además de lo ya mencionado, es importante aclarar que para que dicha política funcione, es fundamental el esquema de formación de precios y salarios que tienen los empresarios y los trabajadores. Para ello, se presupone que los precios y salarios de la economía se fijan tomando como referencia la inflación futura y que las metas fijadas por el banco central son creíbles.

    Particularidades del Caso Argentino

    Ya se ha mencionado que Argentina no alcanzará los objetivos establecidos de inflación para el año 2017 y, según las expectativas de los agentes económicos, tampoco se espera que el BCRA logre sus metas de inflación para los siguientes años (gráfico 1), por lo que se hace fundamental el análisis de las causas de ello. En primer lugar, merece algunos comentarios adicionales el nivel previo de la tasa de inflación y el rango que se ha establecido como objetivo. Si se considera la experiencia de las economías latinoamericanas que utilizan este enfoque (Brasil, Chile, Colombia, Perú y México), en todos los casos las tasas de inflación de partida eran inferiores al 10% anual y la meta inicial establecida se encontraba cercana a ese nivel. Esto contrasta claramente con el caso argentino, donde la tasa de inflación de 2016 fue del orden del 40% y la meta para 2017 admitía un máximo del 17%. Una inflación tan alta genera una distorsión importante en precios relativos, ello hace que los empresarios y trabajadores busquen fijar precios y salarios, no pensando en la inflación futura, sino contemplando la inflación pasada y su pérdida real de poder adquisitivo. Otro factor que afecta los precios relativos es el atraso en las tarifas de servicios públicos y modificar dicha distorsión tiene un costo en términos de incrementos en el nivel general de precios, acelerando la inflación.

    Para abordar fuertemente con las expectativas, desde el Gobierno Nacional, tal como salió en el diario digital AMBITO FINANCIERO (http://www.ambito.com/904034-audacia-gobierno-quiere-paritarias-en-10-para-2018), empezó a diagramar las negociaciones de las paritarias para el próximo año cercanas al 10 %  con el pedido  de que no haya demasiado énfasis puesto en los conceptos de “piso” y “techo” para las metas de inflación y se adicione las ganancias por productividad que tuvieron.

    Entonces, las metas del Banco Central propuestas para el próximo año serán de difícil cumplimiento sino se aborda fuertemente las variables económicas que terminan impactando en la tasa de inflación como el déficit fiscal, el tipo de cambio y el nivel de endeudamiento en aras de sanear la economía doméstica.

     

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