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La pregunta por la gobernabilidad

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Una de las características implícitas del gradualismo es la perdurabilidad del plan. O, mejor dicho, del gobierno. La idea de ajustes incrementales y espaciados en el tiempo en el gasto público y otras variables de la macro supone, precisamente, disponibilidad de tiempo. Por eso, el planteo gradualista puede ser considerado hasta soberbio. Porque descuenta una reelección. “Vamos de a poco, algunas cosas quedarán para el segundo mandato”, se escuchó con frecuencia en la Casa Rosada. ¿Y si no hay segundo mandato? Esa es la pregunta que más nos han formulado estos días. Algunas voces de Cambiemos hablan de desestabilización. El diálogo con la oposición dialoguista entró en suspenso. Y los socios menores del Presidente (UCR, Carrió) tuvieron algunos comportamientos erráticos.

Todas las posibilidades quedaron abiertas. Porque a partir de los cimbronazos económicos recientes (tipo de cambio, Merval, más aumentos de precios en canasta básica, anuncio de retorno al FMI) los escenarios de proyección político-electoral y macroeconómica tienen un nuevo punto de arranque. Ahora, todo depende de cómo salga parado el gobierno de la situación que se ha planteado. Si las cosas empeoran y el gobierno no logra dominar los temores y las expectativas, la popularidad seguirá declinando y el malestar social seguirá creciendo. Lo que comenzó en los fondos institucionales, se trasladó en cierta medida a los tenedores locales. Desde la tarde del viernes la cosa está movida en los bancos.

A todo esto, que ya supone muchas aristas, hay que sumar el impacto que puede temer el anunciado acuerdo con el FMI. Es clave para el gobierno hacer el ejercicio del liderazgo. La sociedad (y en particular, su propio núcleo de votantes, que podríamos estimar en un 30%) no deben perder la fe acerca de quién está al mando. La descoordinación e inconsistencia de las políticas son problemáticas, pero el vaciamiento de la política es el drama mayor.

Pues bien, si el gobierno no logra ninguna de las dos cosas -domar la crisis de confianza y demostrar a la opinión pública que está a cargo-, no habrá reelección. Ya no se tratará de Cambiemos vs. Kirchnerismo, porque la sensación de vacío generará una fuga hacia adelante. Una parte importante del electorado buscará respuestas, y la democracia algo proveerá. Siempre hay políticos ambiciosos y aspirantes a salvadores de la patria.

En cambio, si el gobierno logra atravesar el duro camino de la devaluación, estabilizar un nuevo precio para el dólar, aminorar los costos políticos y evitar que el nuevo dólar se traslade todo a los precios -para lo cual necesitará algún tipo de intervención activa-, hay un futuro. No estaremos ante una pérdida de timón: se habrá tratado de un reajuste general del modelo. Una macro más sustentable, con fuerte costo social, pero manteniendo los resortes de la gobernabilidad. Luego, ahí también habrá que evaluar cómo queda el gobierno después del cimbronazo. En cualquier de los dos casos, la situación que atravesamos es un trampolín. Después de esto, sea quien fuere el Presidente, estaremos ante un nuevo gobierno.

 
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