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La increíble historia del General Belaieff

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Pocas historias tienen matices tan extraordinarios como la vida de Juan Belaieff, el general ruso que ayudó a Paraguay a ganar una guerra y se convirtió en héroe. El día que murió, mujeres, ancianos, niños y hombres se congregaron frente a su sepulcro y bailaron una danza ancestral para despedirlo. También cantaros para honrar a Juan Belaieff, el general ruso que huyó de su país tras la revolución de 1917 y encontró refugio en Paraguay, en donde quiso que lo enterraran.

Pero no en un cementerio, sino en la tierra de los Maká, una etnia indígena en la zona del Chaco, en el noroeste paraguayo. “En el mundo no existe una persona como él…nadie que pueda querer a los maká tanto como nos quiso él”, le dice a BBC Mundo Andrés Chemei, actual cacique de la tribu. Cuando Belaieff falleció, el 19 de Enero de 1957, Chemei tenía alrededor de 14 años. “Ese día la comunidad se sintió huérfana, hubo llanto y mucha tristeza.

Fue nuestro protector, nuestro hermano y nuestro amigo” y prosigue: “Nuestros antepasados nos dijeron que Belaieff era el mediador de Dios. Por eso, después que murió, le orábamos para que hiciera llegar a dios nuestras peticiones”. Chemei es el cacique de todos los maká, una tribu integrada por aproximadamente 2.000 personas y esentada en los cuatro de los 17 departamentos que conforman a Paraguay, según el censo oficial de las comunidades indígenas.

Se los suele ver en el Centro de Asunción, la capital paraguaya, vendiendo artesanía. Se sientan en el suelo y atan hilos de colores en el dedo gordo del pié para tejer con las manos.

Juan Belaieff- cuyo nombre en ruso es Ivan Timofeyevich Belyaaev- llegó a Paraguay en marzo de 1924. “Se fue de Rusia huyendo de la insurrección de 1917 que derrocó al régimen zarista”. Le cuenta a BBC Mundo, Lucía Giovine, quien es descendiente de los inmigrantes rusos que llegaron a Paraguay tras ese evento y se ha dedicado a documentar sus vidas a lo largo de los últimos 20 años. “Salió rumbo a Estambul (Turquía), de allí viajó a Alejandría (Egipto), en donde se encontró con su esposa Alexandra. Estando en esa ciudad abordaron un barco que los llevó hasta Argentina, luego llegaron a Paraguay. Belaieff era un ruso blanco” explica Giovine.

Quienes se oponían a la Revolución de 1917 formaron el Ejército Blanco por eso se les conocía como “los blanco”. Ellos se enfrentaron al Ejército Rojo que defendía la insurrección durante la guerra civil que se desató poco tiempo despues que el movimiento liderado por Vladimir Lenin llagara al poder.. Los blancos perdieron. Quienes pudieron escapar buscando refugio, entre ellos, Belaieff que con alrededor de 70 de sus compatriotas, llegaron posteriormente a Paraguay. El militar, perteneciente a una familia aristócrata, se adoptó con rapidez a Paraguay y a su capital, Asunción en donde se estableció. Belaieff contaba que siendo niño, encontró un mapa antiguo de Asunción en el ático de su casa y, desde entonces el lugar quedó en su memoria. En la época de la revolución se enteró que el presidente paraguayo estaba buscando especialistas que ayudaran al desarrollo del país, así que decidió irse”, refiere la BBC Dimitry Belyaev, bisnieto del hermano menor del general.

“Era un señor muy amable, considerado y de buen carácter, distinguido y elegante. Usaba mucho el uniforme del ejército paraguayo y siempre estaba acompañado de muchos indios que se quedaban en su casa y reposaban bajo una planta de mango” le decía a BBC Mundo, Igor Fleischner, quien, junto a sus padres, vivió en la casa de Belaieff, siendo niños, hace más de 60 años.

El militar

Al poco tiempo de haber llegado a Asunción, el gobierno paraguayo le encomendó a Belaieff una misión secreta: hacer un reconocimiento del Gran Chaco, una región que se extiende a Bolivia, Argentina y Brasil y a la que algunos se habían referido como el “infierno verde”.

El Gran Chaco es un lugar inhóspito. Es seco y caluroso la mayor parte del año, pero se inunda intempestivamente en la época de las lluvias veraniegas. “Muchos de los exploradores europeos que se aventuraron a explorar el área antes que Belaieff no regresaron nunca, Las muertes hicieron que , para los paraguayos, la zona se convirtiera en una tierra misteriosa a la que pocos querían acercarse”, indica el texto de Isaenko y Chesterton.

Pese a esto, el militar ruso realizó 13 expediciones al Chaco paraguayo entre 1924 y 1931. Presentó sus múltiples hallazgos en detallados informes que se conservan hasta hoy. El objetivo de las misiones era determinar cuáles eran los mejores lugares para construir fortines militares que permitieran la custodia de la frontera con Bolivia, que fue objeto de disputas territoriales, poco después que Paraguay se independizó de la corona española en 1811.

Cuando se desató la guerra entre ambos países (1932-1935) la información recopilada por Belaieff fue fundamental. De hecho, un descubrimiento que hizo en una de sus últimas expediciones fue la chispa que desató el conflicto. conflicto… Con ayuda de indígenas de la etnia chamacoco, el general halló la laguna de agua dulce Pitiantuta en marzo de 1931. En el Chaco, el agua es un tesoro: la temperatura puede llegar a ser 35ºC. “Los soldados morían de sed”, apenas podían tomar un cuarto de litro al día, el ejército dejó de usar caballos porque consumían demasiado agua”, le explica a BBC Mundo el coronel Roberto Olmedo, director del Museo Militar del Ministerio de Defensa de Paraguay.

Tras el descubrimiento, el gobierno paraguayo ordenó la construcción de un fortín muy cerca de la reserva acuífera.

“Un tiempo después, la laguna fue divisada por tropas bolivianas, y en junio de 1932, al grito de “Viva Bolivia” asaltaron el fortín. Así comenzó el enfrentamiento militar” indica Olmedo. Y añade: ”Las contribuciones de Belaieff fueron determinantes para que Paraguay ganara la guerra. Durante el conflicto fue miembro del Estado Mayor y asesor del presidente. Los reconocimientos cartográficos que hizo facilitaron las operaciones del ejército”. Pero eso no fue todo. “También trajo a militares rusos para que se unirán el ejército paraguayo. Su experiencia previa (muchos participaron en la Iª Guerra Mundial) y su conocimiento técnico, de ingeniería y de comando de tropas, fue muy importante” afirma Olmedo.

El indigenista

Un aspecto fundamental en el éxito de las misiones militares de Belaieff al Chaco fue la relación que estableció con los indígenas que vivían en la región. En sus memorias da cuenta de la superposición entre sus exploraciones y su investigación etnográfica. Y es que otro de sus objetivos era documentar la mayor cantidad posible de detalles acerca de las tribus y asentamientos en la zona oriental del Chaco. “Fue un etnógrafo importantísimo. Uno de sus principales aportes fue clasificar las etnias y las familias lingüísticas de las poblaciones indígenas del Chaco. Ese estudio, el más completo hasta la fecha, fue publicado por el reconocido Instituto Smithsonian , en Estados Unidos” le explica a BBC Mundo Adelina Pusineri, directora del Museo Etnográfico Andrés Barbero, en Asunción.

Llegó incluso a escribir un diccionario maká-español. “Hizo un estudio comparativo de 14 idiomas y dialectos de los indios chaqueños”. Concluyó que sus raíces se remontan al sánscrito, la base de las lenguas indoeuropeas”. Documentó un baile tradicional maká y organizó una obra de teatro llamada “fantasía india” en la que se representaban la vida de la etnia maká y cuyos protagonistas eran los propios indígenas. “La historia fue creada por Belaieff y la dirección artística estuvo a cargo de mi padre, Roberto Holden Jara, quien además de ser pintor, también luchó en la guerra del Chaco. Ambos eran indigenistas y estaban comprometidos con ayuda a las etnias locales”, le dice a BBC Mundo Beatriz Holden. La obra se presentó durante varios meses en Buenos Aires, la capital argentina. “Fue un éxito total”. Con el dinero que recaudaron, Belaieff logró comprar el título de propiedad de la tierra para los maká. Y todos los días los iba a ver, les enseñaba a leer, a rezar…. Fue su mundo y su vida hasta que murió” comenta Lucia Giovine. Cuando falleció, el sepelio se realizó en la iglesia ortodoxa rusa de Asunción. Además se le rindieron honores militares.

“La misa fue bastante larga. Lo que me quedó grabado de ese día fue que el cacique de los maká en ese entonces (padre del actual cacique) se sentó al lado de quién transportaba el féretro para asegurarse de que lo llevarán a la tierra maká y no al cementerio ruso”, recuerda Igor Fleischer, quien vivió en la casa de Belaieff, siendo niño.

Pero después de cierto tiempo, y como consecuencia de las inundaciones regulares que ocurrían en el terreno que el general compró para los maká, sus huesos empezaron a quedar expuestos. Así que a una familia maká se les encomendó su protección. Cuando el agua llegaba, se llevaban los huesos a buen resguardo y los traían de vuelta cuando el agua bajaba.

Años después de la muerte de Belaieff, los maká se trasladaron al municipio Mariano Roque Alonso, a unos 20 kilómetros del centro de Asunción. Siguen viviendo allí. Pero cuando se mudaron, la familia encargada de preservar los restos del militar, se quedó en la tierra en la que lo enterraron para cuidarlo. Existe una versión de que Belaieff había fallecido en el interior del Chaco y que su féretro fue transportado a hombros por los maká hasta Asunción a unos 300 kilómetros.

“Fue el protector de los pueblos indígenas. Cuando había problemas, él los solucionaba.

Después de su muerte fue que supe lo importante que había sido” dice con nostalgia el cacique Andrés Chemei.

NOTA. Mi padre Teodoro Schmalkó,”ruso blanco” , ex militar, a la sazón exilado en Francia donde se recibió de Agrimensor y fue derivado a Siria y Líbano, en ese entonces Colonias Francesas a construir caminos, desde donde fuera convocado por Belaieff para ayudar a Paraguay en la Guerra del Chaco. Llegamos a Asunción en 1935 en momentos en que se firmaba la Paz del Chaco, por lo que mi padre no pudo actuar en la contienda. Yo tenía 4 años, pero hay una imagen que no puedo olvidar y es la de Belaieff con los demás rusos blancos asistiendo a la misa de los domingos en la Iglesia Ortodoxa Rusa de la Calle Yegros, siempre vestido de traje y corbata. ¿imaginación?.

Miguel Schmalko.-

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