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La columna de Hartfield: Hay que hacerse amigo del hombre de la Bolsa

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Muchas veces cuando me reúno con gente que me llama para interiorizarse sobre operar en Bolsa, me voy con la sensación de que estuvieron viendo la película de Lobo de Wall Street y a Leo Di Caprio tirando billetes en un yate que debe valer millones de dólares y que está coronado de jóvenes en bikinis. Pero no, vamos a desmitificarlo un poco.

 

Es muy importante tener una cuenta en una sociedad de Bolsa, sean personas físicas o jurídicas: la razón más simple es que todos deberíamos tener algo de capacidad de ahorro (entiendo que es un tiempo difícil donde es quizá momento de pensar en cómo llegar a fin de mes que en cómo tener capacidad de ahorro). Al fin y al cabo, son muchas las ventajas de operar en Bolsa y no son tan difíciles si las comparamos con lo que hacemos habitualmente en el banco.

 

En primer lugar, la “inversión” más cómoda que hace todo el mundo es comprar dólares, podemos estar de acuerdo o no con esa actitud, pero es lo que hay. La depreciación del peso lleva a creer que el dólar es una manera de protegerse de la inflación y ya por una cuestión cultural muchísima gente acude a ese tipo de ahorro en una moneda extranjera. Muchas personas apenas reciben el sueldo o ingreso y saben que cierto excedente lo pueden dolarizar de manera inmediata. Pero existen dos ventajas de hacer lo mismo vía Bolsa; la primera es que es más barato y la segunda es que la diferencia entre la compra y la venta es muchísimo menor dándote la posibilidad no sólo de comprar dólares, sino también de vender a precios normales.

La otra inversión más común es el plazo fijo. El banco te asigna una tasa donde colocamos el dinero a un cierto plazo y recibiremos una tasa pre pactada. Mediante Bolsa existen miles de instrumentos para invertir, pero los de más corto plazo (Lecaps) son muy simples y habitualmente más competitivos que el plazo fijo, se pueden comprar a precio de mercado y simplemente esperar al vencimiento para obtener la tasa, con la ventaja de que no solo se puede comprar sino también vender si es necesario usar el dinero antes del vencimiento del activo.

Pero si hablamos de productos un poco más sofisticados, la Bolsa cuenta con un sinnúmero de activos financieros donde se puede invertir desde muy poco dinero, apostando al corto, mediano o largo plazo y con el nivel de riesgo que cada inversor esté dispuesto a asumir.

¿Pero para qué sirve la Bolsa?

La bolsa es como un mercado de frutas donde existen compradores y vendedores, en este caso hablábamos de “comprar” activos financieros, pero ¿quién los vende? Cualquier entidad que necesita financiarse, y es ahí donde me quiero detener: las empresas también deberían tener a mano siempre un agente de bolsa para poder conseguir financiamiento.

Las maneras más comunes son los cheques donde se pueden poner a la venta, existen inversores genuinos que aprovechan esos productos para comprarlos y hacer tasa y a veces hay oportunidades donde algunos entes estatales compran dichos cheques a tasas más bajas para “subsidiar” de alguna manera el crédito. Pero no solo los cheques sino también existen otros instrumentos como pagarés bursátiles tanto en dólares como en pesos y también obligaciones negociables llamadas ONs para emprendimientos mayores.

Y así, otros tantos productos como la cobertura de tipo de cambio a través de los contratos de futuros de dólar van haciendo de la Bolsa un lugar que debería usar cualquier persona o empresa que se ocupe de sus finanzas en estos tiempos tan volátiles.

¿Tiene costo? NO, cada sociedad de Bolsa tendrá su política, pero no debería tener costos ni de apertura ni de mantenimiento la cuenta. Simplemente se pagan costos por transacción, o sea comisión por compra o venta, el resto es gratis y debería ser universal.

 

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