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La Argentina después del 10 de diciembre ¿Vuelve el posneoliberalismo?

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Luego de la derrota estrepitosa del gobierno en las elecciones primarias del 11 de Agosto y el consecuente adelantamiento de la crisis económica generada por el “mejor equipo de los últimos 50 años”, los argentinos nos encontramos transitando un terreno tristemente conocido, el fin del ciclo neoliberal y sus dolorosas consecuencia: aumento de la pobreza, de la indigencia, inflación astronómica, desempleo, corridas cambiarias, riesgo país por las nubes, pánico generalizado por miedo a perder los ahorros y la lista sigue…todo esto con “fuga y misterio” de Piazzolla de fondo. En este triste “revival” hasta aparecen economistas (como Paul Krugman) que incrédulos observan como la Argentina vuelve a tropezar con la misma piedra, una y otra vez.   

¿Cómo llegamos a esto? Sin lugar a dudas la llegada de Cambiemos al gobierno es el resultado de una estafa electoral sin precedentes, basta tan solo con mirar las promesas que realizaba Mauricio Macri en su campaña en el año 2015 para darnos cuenta como hizo todo lo contrario a lo que prometió: el no pago de los impuestos a las ganancias, dólar bajo, 2 millones de puestos de trabajo, lluvia de inversiones, resolver el problema de la inflación, créditos hipotecarios, pobreza cero, vaciamiento del plan progresar, plan Belgrano y los 3 mil jardines de infantes. Del “realismo mágico al trágico” tranquilamente podría ser titulado el gobierno de Cambiemos, que al final de su mandato lo único que logro fue aumentar el número de pobres y la brecha de la desigualdad en el país a niveles latinoamericanos. Cada vez que Macri dice que “estamos cerca de terminar de cruzar el rio”, en realidad, estamos cerca de terminar con la excepcionalidad Argentina y la fusión definitiva de nuestro país con los estándares latinoamericanos en lo que refiere a la brecha social.

Quedará para el futuro la discusión si el gobierno de Cambiemos fue “neoliberal puro” o si en realidad intentó ser una versión moderna de la Concordancia (alianza política conformada por conservadores, radicales antipersonalistas y partido socialista independiente, que gobernó el país en la denominada década infame), es notable hasta como se repiten algunos nombres, pareciendo confirmar la teoría del “eterno retorno” de Friedrich Nietzsche. Siendo benévolo con la concordancia me animaría a decir que su versión moderna es pura improvisación.

Si la gente voto en contra de Macri y de su proyecto neoliberal, cabe la siguiente pregunta ¿vuelve el posneoliberalismo?

Este concepto nace en el seno de CLACSO, donde académicos reconocidos de la región, a grandes rasgos, lo han utilizado para diferenciar a los gobiernos latinoamericanos que comenzaron en los tempranos años 2000 (por supuesto que no fueron todos idénticos) con tendencias progresistas, diferenciándose de los gobiernos neoliberales adscritos a la agenda del Consenso de Washington de los 90´s. El sentido de este concepto que más se adapta a nuestro país es el dado por los investigadores Ruckert, Macdonald y Proulx: “el posneoliberalismo es de utilidad si lo entendemos no como una ruptura total con el neoliberalismo, sino como una tendencia a romper con ciertos aspectos de las prescripciones de la política neoliberal”. 

Alberto Fernández en una distendida y reveladora conferencia en el Congreso español, abordó distintos temas que serán cruciales para la Argentina, dándonos algunas “pistas” de cuáles serán los puntos principales de la ruptura con el modelo actual y que se adaptan perfectamente a esta visión posneoliberal. En lo que refiere a como encarará el pago de la deuda con el FMI, ha dicho que la Argentina “honrara sus deudas pero no a costa de más padecimiento del pueblo”, dando un guiño a la apuesta al consumo y al mercado interno.

Unas de las mayores rupturas seguramente estarán en la política exterior, clave para cualquier gobierno. El candidato presidencial del Frente de Todos dijo que “la Argentina es el primer país de la región que se pone de pie” e inmediatamente después realizó una valoración positiva de los gobiernos de corte progresistas que estuvieron en el poder en la región hasta hace pocos años, antes de la “restauración conservadora”. En su discurso, deslizo varios conceptos relacionados a grandes teóricos latinoamericanos, como el brasileño Helio Jaguaribe y el argentino Aldo Ferrer (sin nombrarlos), quienes desde la academia intentaron darle forma a la integración latinoamericana y su importancia en un contexto global multipolar. Alberto Fernández, hablo de la importancia de primeramente fortalecer el MERCOSUR, como unidad inferior para luego pasar a una unidad superior y más abarcadora como la UNASUR. Hasta fue más lejos, proponiendo una cercanía con el México de López Obrador, aprovechando que tiene una visión latinoamericanista y reformadora. 

Vemos que las antiguas ideas integradoras latinoamericanas propuestas en su momento por los gobiernos posneoliberales, gozan de plena actualidad en el pensamiento de Alberto Fernández, pero que a diferencia del pasado tiene un obstáculo cuyo nombre es Brasil. El gigante latinoamericano está siendo gobernado por Bolsonaro, quien promueve una relación “neocolonial” con los Estados Unidos y la consecuente destrucción de las instituciones regionales. Restara ver si Bolsonaro es simplemente una coyuntura (expresión de deseo del propio Alberto Fernández), así como lo fue Macri, o si en cambio vino para quedarse. Nuestro futuro y el de la región dependerá mucho de las decisiones que tomen nuestros vecinos cuando llegado el momento concurran a las urnas y si llegan a confirman el camino actual, nosotros tendremos que barajar y dar de nuevo.

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