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Industricidio, genocidio económico, feudalismo y desguace nacional

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La política de industricidio brutal y genocidio económico a escala masiva, que el neoliberalismo en su versión más cruda y apátrida están siendo perpetrados por el macrismo y sus subordinados políticos, tiene muy pocos antecedentes en la historia mundial.
No se trata de “errores” o de “mala praxis”, es perversa intencionalidad de daño planificado y ejecutado, más allá de la sucesión de prácticas brutalmente directas a veces con torpezas operativas, tratadas de ocultar con permanentes coberturas mediáticas y con las sucesivas instalaciones de temas distractivos, para intentar tapar los temas centrales, que tienen que ver con el desguace intencional del país y las acciones de reinstalar el feudalismo mitrista campero del siglo XIX, con el objetivo de máxima de hacer desaparecer a Argentina como nación soberana y Unidad Política; destrozando a la vez su identidad nacional y cultural, ocultando y falseando la historia, destrozando nuestro presente y haciendo trizas nuestro futuro.
Cuesta encontrar a lo largo de la historia, otros países en que haya ocurrido tanta y tan profunda destrucción socio económica, sin que haya sido provocada por una guerra.
Egipto en el siglo XIX, presionado por Gran Bretaña a destruir su incipiente industria textil y las otras que iban creándose rápidamente (de forma tal de asegurar el suministro de algodón en bruto a las hilanderías y textiles británicas, y eliminar un posible competidor indeseable), es uno de los pocos casos, no logrando hasta hoy salir del marco del subdesarrollo crónico.
Alemania y Japón, obligados a aplicar el destructivo Plan Morgenthau, después de la guerra, desde 1945 a 1948, año este último en que se cambió por el Plan Marshall, presionado a ello EEUU por la realidad geopolítica mundial, con la Unión Soviética en posesión de la bomba atómica; esos son otros dos de los muy pocos casos de desindustrialización forzosa en tiempos de paz.
La apertura indiscriminada de importaciones; las tasas de intereses a valores exorbitantes; la timba financiera institucionalizada que garantiza ganancias descomunales con meras “operetas” especulativas que desalientan toda iniciativa productiva; la destrucción del mercado interno por la caída brutal del consumo,
motivada a su vez por las bajas de los salarios y el aumento constante de la desocupación; los aumentos descomunales y las dolarizaciones de las tarifas de los servicios públicos esenciales (energía eléctrica, combustibles, agua, gas, teléfonos, celulares, etc.) ahogan a las industrias, a la actividad económica total y en gran medida a los argentinos en general (menos a las minorías vinculadas con los pocos sectores privilegiados); todo eso y mucho más, incluidas las explicitas manifestaciones de Michetti, el propio Macri, diversos ministros y otros involucrados con el genocidio neoliberal en perpetración, que desprecian clara y abiertamente a las industrias y a los entes tecnológicos, valiéndose de malicias, tergiversaciones, cuando no de explícitas ideas antiindustriales y feudales de la vieja oligarquía tradicional; aquella que en los siniestros años ’30 del siglo XX, fue calificada como “la oligarquía de la bosta” por estar manejada en esos años 
predominantemente por el sector ganadero, muy vinculado en esa época como subordinado gustoso del imperio británico.
Ese industricidio premeditado con alevosía, es paralelo a una gigantesca operación de genocidio económico en plena perpetración y acentuación, aumentando aceleradamente la pobreza y la miseria, y haciendo caer el nivel de vida de todos los argentinos…menos los oligarcas tradicionales, los neo oligarcas de las finanzas, las intermediaciones parasitarias, las corporaciones de los pocos sectores muy privilegiados (Bancos y finanzas, petroleras y gasíferas, generadoras de energía privadas, concesionarias de servicios públicos en general y operadores de peajes, grandes mineras, y los detentadores del poder real que llenan ministerios y entes públicos con familiares, amigos, amantes, etc. –todos con altísimos emolumentos y en muchos casos para ignotas tareas nunca  comprobables-).
El genocidio económico expulsó a la miseria lisa y llana (en muchos casos al abandono de vivir a la intemperie), a quienes de la clase media baja o de la pobreza con cierta dignidad, empujaron al abandono total por despidos y/o por destrucción del trabajo cuentapropista o informal, ante las caídas de ingresos de la clase media a la cual prestaban servicios (como plomeros, carpinteros,
 electricistas, constructores, etc.).
Ese proceso de genocidio claramente planificado, se acentúa con los deterioros de los establecimientos educativos, con el abandono de hospitales casi terminados y con los faltantes de insumos esenciales como regla general en muchos hospitales, en algunos casos agravado todo con el despido de personal calificado y su no reemplazo en el sector sanitario, con las magras raciones en los
comedores escolares y otros comunitarios, con los hostigamientos a curas de los pobres y a personas dedicadas a servir voluntariamente al bien público, las persecuciones incluso feroces a ollas populares (como la que se quiso montar en el obelisco porteño el 9 de Julio), con otras medidas de hostigamientos a los sin techo (como colocar elementos punzantes u otros, para impedir utilizar diversos
lugares públicos como improvisados albergues de noche), con el abandono total al que someten a muchos carecientes, que terminan muriendo de frío y de hambre, y  otras bajezas similares, todo en el marco del ocultamiento a la opinión pública o la minimización de la gravísima situación socio económica con características de
pandemia de causas político – económicas.
Claro está que como de mínima quieren llevarnos sin escalas a aquella Argentina subdesarrollada y colonia económica británica del siglo XIX, buscan precarizar totalmente el trabajo y destruir los salarios al miserable nivel de subsistencia. Para eso necesitan crear inmensas legiones de desocupados y subocupados, que hagan tender a la baja los salarios, por la desesperación del desempleo. Y para eso necesitan desarticular completamente el gremialismo, de forma de tener inermes a los empleados buscando además con desparpajo, poder despedir a voluntad, sin indemnizaciones, tal como lo expresaron algunos del “círculo rojo” (empresarios o dirigentes de grandes empresas, vinculados y apoyantes explícitos del neoliberalismo macrista).
Como siempre lo hicieron, los oligarcas “del campo” se regodean ante el industricidio y la concentración obscena de la riqueza, pues de esa forma pretenden terminar con el “mal ejemplo” de los buenos salarios y buenas condiciones laborales de los asalariados industriales, a la vez que ansían regresar a “los buenos tiempos” de patrones todopoderosos, con peonada sumisa y carente de todo derecho, incluso elementales derechos humanos.
A todos esos señorones ultra poderosos, así como a sectores de clase media alta que los acompañan y apoyan, no les importa en absoluto que todo eso nos ponga en serio riesgo de disolución nacional, que es el claro objetivo del mega poder financiero especulativo transnacional, que busca la globalización a ultranza, la desaparición de los Estados Nacionales (excepto tal vez las Potencias Atlantistas, que son socias de aquellos), y la cosificación extrema del ser humano, inculcando el egoísmo, las perversiones de todo tipo, y la degradación general para facilitar la manipulación masiva de grandes masas poblacionales.

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Un Comentario

  1. Hola !concuerdo con tu editorial!faltó hablar del sistema judicial y la complicidad de varios actores políticos de la oposicion!sobre todo la vergüenza de tener un ministro de defensa cómo Ahuat !por otro lado q sabes del libro q estaba realizando bulak sobre la deuda externa??

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