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Queremos despedir sin causa ni motivos a cualquier empleado”, disparó, sin preámbulos el empresario Julio Crivelli al defender la reforma laboral que impulsa el Gobierno nacional. “Queremos que sea más fácil despedir gente”, primereó Martín Cabrale, director de la compañía de café homónima. La crudeza con la que se expresaron va en sintonía con las reformas de segunda generación que se están gestando en la esperanza de que Mauricio Macri sea reelegido. 

Esos son los grandes temas en los que “no se puede volver atrás”, dicotomía favorita del Gobierno para hacer campaña agitando el fantasma de un pasado que nos condenaba a ser Venezuela. 

La gente está dispuesta a seguir sacrificándose en apoyo a un proyecto que permitiría una salida definitiva a la crisis”, dijo en su breve paso por Misiones la vicepresidenta Gabriela Michetti en defensa de las políticas económicas aplicadas por el Gobierno nacional que generaron un desempleo de dos dígitos y la pobreza del 35 por ciento. Es el sacrificio que debe ofrecer el argentino para “no volver atrás”. 

Pero Argentina ya tiene antecedentes de reformas laborales (y otras similares que se quieren desempolvar) y los resultados no fueron los que se prometieron antes, iguales a los que se promocionan ahora. 

Durante la segunda mitad de la década de los 90, el entonces presidente Carlos Menem impulsaba reformas similares para “facilitar las negociaciones laborales y darles a las empresas más flexibilidad para contratar y despedir”. Eso, se suponía, ayudaría a las empresas pequeñas y medianas, reduciendo una tasa de desempleo que andaba por entonces entre 13 y 15 por ciento. En el paquete de decretos impuesto por el riojano, se suplantaba el régimen de indemnizaciones por un fondo de desempleo que cubría los nuevos despidos. Ese fondo, con aportes de los empleadores, otorgaba a los trabajadores una cobertura mucho menor que las indemnizaciones vigentes.

Después la fugaz alianza tuvo sus propias reformas, con la Banelco grabada a fuego. Las consecuencias no fueron elogiosas en ningún caso. Menem se fue con récord de desempleo y pobreza y el gobierno de De la Rúa estalló en medio de un caos de ambos. Cuando el ahora fallecido ex presidente huyó en helicóptero, el desempleo acariciaba el 18 por ciento. Hoy ya está nuevamente arriba de 10 y la pobreza es del 35 por ciento, según el último informe de la Universidad Católica Argentina.

Sin embargo, las demandas de una reforma vuelven a dominar la agenda política central, que se ofrece como única alternativa, las dos caras de la grieta. El discurso se repite casi sin atenuantes, pero poco se habla de cómo generar empleo para sacar a los millones que hoy naufragan en la pobreza. 

El presidente Mauricio Macri, a poco más de un mes para las PASO, disparó la munición más gruesa contra la oposición. A falta de propuestas -y sobre todo de resultados-, la oferta electoral mutó ahora al descrédito del rival. El candidato a la reelección sostuvo que “la fórmula Fernández-Fernández es una destrucción de futuro para los argentinos”. 

Del otro lado, la respuesta de Alberto y Cristina es mostrar que la destrucción es el presente y no el futuro. 

No son esos los intereses de Misiones, aunque parezca repetitivo. La campaña sucia que domina la contienda nacional contempla pocos problemas reales de las provincias y es más un catálogo de demandas de sectores en puja. 

Por caso, el Gobierno nacional ofreció a las “economías regionales” la rebaja de un peso en las retenciones a las exportaciones. El gesto, a 30 días de las Primarias, alcanzó a productos del núcleo central del país y dejó fuera a decenas de otros sectores. En Misiones, la yerba, el té, la madera y el tabaco, brillaron por su ausencia y solo los cítricos tuvieron consuelo, pero tienen escasa incidencia en la economía global. 

Tampoco hay generosidad en el gesto preelectoral del Gobierno.

Los empresarios misioneros advierten que cuando los exportadores liquidan divisas cobran al tipo de cambio que hoy ronda los 40 pesos, menos tres pesos de derechos de exportación, lo que equivale a unos 37 pesos. A eso hay que sumarle que hoy la tasa de interés promedio para prefinanciar exportaciones está entres cinco y seis por ciento, más los costos de logística en aumento, los combustibles que siguen costando cada día más y costos laborales. Cuando los exportadores liquidan sus divisas también queda menos dinero para que haya derrame en la provincia.

En realidad, un Gobierno preocupado por el bienestar general equilibrado entre regiones, debiera aplicar una suerte de corte regulador. Si el dólar cuesta $ 46/47, el exportador paga los 3 pesos, pero a medida que baja el precio del dólar debe pagar menos derechos de exportación.

Esa es una demanda que debe emerger del interior que busca recuperar competitividad y que bien puede sumarse al reclamo de una compensación histórica que enarbola Misiones para cubrir el atraso en el reparto de recursos, lo que genera una profunda desigualdad con el resto de las provincias. 

Es, también, un argumento que sustenta al “misionerismo” como oferta electoral y que se desmarca de la grieta, como bien explicó el gobernador Hugo Passalacqua en un spot de campaña. 

“Los misioneros y misioneras tomamos hace algunos años una decisión histórica. Tomamos la decisión, refrendada el 2 de junio de ir hacia un proyecto social, político y económico, misionerista. Nuestro. Que nadie nos diga de afuera lo que tenemos que hacer o dejar de hacer”, reflexionó el Gobernador. 

 

Antes, para que no queden dudas, dio un fuerte mensaje político en el aniversario de la Independencia. Recordó que hubo una declaración previa, en 1815, que tuvo como protagonista a Misiones y las demás provincias del Litoral, pese a que la historia oficial sepultó ese grito. Y advirtió: “No vamos a tolerar que se traicionen  los intereses del pueblo de Misiones”.

Nuestros diputados cuando vayan a Buenos Aires, deben ir –y si no, rendirán cuenta acá- a representar la soberanía de los misioneros, no de ningún interés de afuera de Misiones, solamente el de la gente que está hoy acá, que nos sigue por los medios, no vamos a tolerar que se traicionen los intereses sagrados del pueblo de Misiones”, insistió en parte  de su mensaje por el día de la Independencia, durante el acto central que se realizó en la avenida Costanera de Garupá.

Ese es el argumento central de la boleta corta que defiende la Renovación. Que los diputados que se elijan sean los representantes que vayan a defender las demandas locales y no las impuestas por los partidos centronacionales. 

No es banal el planteo. El diputado nacional Luis Pastori, reciente candidato a vicegobernador por la alianza Cambiemos, hizo gala de la histórica sumisión del radicalismo al poder central y cuestionó al “misionerismo” que ahora reclama “justo al gobierno más federal”. 

 

Pastori insiste en que el Gobierno provincial “llora miseria”, porque “nunca recibió” tanta coparticipación como ahora. 

La realidad se empecina en contradecirlo. Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) reveló que Buenos Aires es la única provincia del país en donde los envíos automáticos de fondos por parte del Gobierno nacional a través de la Coparticipación Federal se incrementaron en términos reales durante en lo que va del año.

De acuerdo al informe publicado por la consultora que conduce Nadin Argañaraz al mes de junio de 2019 el monto recibido por los distritos a través de la Coparticipación Federal superó los $158.000 millones. Esto significa un incremento del 46,6% respecto al envío de fondos durante el mismo mes del año anterior. Sin embargo, por efecto de la inflación en términos reales se registró una caída media del 5,8%. En el caso de Misiones, la coparticipación aumentó 48,1 por ciento en el primer semestre, contra una inflación que superó los 50 puntos, por lo que la caída real es de cuatro puntos porcentuales

Tampoco es el reparto nominal el eje del reclamo “misionerista”, que no apunta con exclusividad al gobierno de Macri, sino a quien se siente en la Rosada, sino que Misiones plantea una compensación histórica que la equipare con los recursos que recibe El Chaco, la provincia más beneficiada del NEA, pese a que tiene menos población y actividad económica. La coparticipación acumulada en cuatro años en la provincia gobernada por Domingo Peppo equivale a un presupuesto actual de Misiones: 70 mil millones de pesos. Misiones reclama un aumento proporcional de recursos estimado en unos 3.700 millones mensuales. 

Misiones, con menos recursos, mantiene en marcha una ingeniería económico-financiera que permite al mismo tiempo aliviar el impacto de la inflación e inyectar optimismo a un sector comercial que vive la depresión del momento. El Ahora Carne, que debutará en las próximas horas en más de 300 carnicerías de la provincia o la nueva línea de préstamos a tasas bajísimas que lanzó el Fondo de Crédito de Misiones, son apenas muestras del esfuerzo que realiza el Estado para sostener la actividad económica. No se encuentran en otras latitudes, sinergias semejantes. 

Debate al margen, queda claro que el misionerismo no es un concepto que abracen todos. Pero no será ese un impedimento a la hora de decidir en el cuarto oscuro: los candidatos presidenciales también irán en boleta corta, ya que la Justicia electoral avaló la coexistencia de boletas. 

El argumento jurídico es que el elector tiene que tener a mano todas las opciones necesarias y que no puede ser obstaculizado a la hora de decidir el voto. 

Con esa premisa se puso en marcha la campaña de la Renovación. El jueves, más de mil dirigentes de toda la provincia se citaron en el Centro de Convenciones para afinar el mensaje y alistar la tropa. El argumento a utilizar para retener el voto misionerista, más allá de las preferencias nacionales. 

El acto fue encabezado por el gobernador electo, Oscar Herrera, quien arengó a la Renovación a salir a buscar el voto, uno por uno, en cada uno de los 76 municipios. Insistió en que los diputados misioneristas serán vitales para sostener la gobernabilidad en Misiones y presionar para lograr que se atiendan las demandas locales. 

Las cuestiones técnicas y legales de la boleta corta fueron explicadas por Ricardo Wellbach, Fabiana Marchuk, Claudia Gauto, Gabriel Manito y Patricia López, encargados del andamiaje jurídico electoral de la Renovación.

“El ciudadano espera que lo ayudemos a vivir mejor y, en ese sentido, hay que ayudarlo a elegir lo mejor”, definió Diego Sartori, quien encabeza la lista de diputados nacionales, junto a Ivonne Aquino, Néstor Pitana y Chela Leyes.

En rigor, la Renovación es el único espacio que está decididamente haciendo campaña. El resto de los espacios todavía no se sacó la modorra, pese a que queda poco tiempo para el primer encuentro con las urnas. En Cambiemos se esperanzan con que el Presidente logre recuperar el ímpetu y genere un efecto arrastre a favor de los candidatos propios. Pero primero tienen que resolver la interna del 11 de agosto. La vicepresidenta Gabriela Michetti dejó claro que el candidato macrista es Alfredo Schiavoni. Del otro lado, el veterano Ricardo Barrios Arrechea empuja al radicalismo para lograr imponer la candidatura del joven Ricardo Andersen. Por el peso partidario, quizás logre su cometido. Las consecuencias pueden ser inesperadas.

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