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Gisela Spaciuk: “Estamos redoblando la apuesta por la educación pública en un contexto diferente de país”

Gisela Spaciuk: “Estamos redoblando la apuesta por la educación pública en un contexto diferente de país”
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El retrato clásico de Frida Khalo domina la pared de su despacho. Otros cuadros menores de niños guaraníes y un par de pinturas abstractas le dan color a una oficina sencilla y funcional que se completa con una foto de los hijos. Gisela Spaciuk hace cuatro años empezó a usar esa oficina y ahora fue reelegida por un nuevo período como decana de la facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. El cuadro de Frida no es accesorio. Se define como feminista y celebra que en el año del centenario de la reforma universitaria, por primera vez una mujer haya sido electa para conducir la Universidad Nacional de Misiones. Alicia Bohren es también integrante de la agrupación Convergencia, que integra Spaciuk.

El resultado de las elecciones significó una contundente ratificación para la agrupación política. Convergencia, Unidad y Compromiso obtuvo 84 de los 120 votos ponderados para el rectorado, lo que constituye el 76,38 % de los votos, contra 23,64 de la lista UNaM Somos Todos.

“Para nosotros son sumamente gratificante como equipo de trabajo, tanto a nivel de la Universidad, como de la Facultad, los resultados obtenidos. Por lo cualitativo de los números: Se volvió a elegir no a personas, sino a un proyecto de trabajo y reconoció que hemos sido capaces de cumplir, de accionar, de construir, de hacer crecer la Universidad y la Facultad de Humanidades. Así que desde ese lugar estamos orgullosos, contentos y renovados en la energía. Estamos redoblando la apuesta para los cuatro años de gobierno que vienen, en un contexto diferente de país, de la educación pública y de la prioridad que la educación pública”, argumenta.

En realidad, Spaciuk fue electa inicialmente en el Gobierno anterior y ya pasó medio mandato con un Gobierno nacional distinto, del que es crítica, aunque reconoce que los proyectos encarados, pudieron culminarse.

“El tema es para adelante. Eso nos pone en alerta y nos interpela porque nuestra política de expansión territorial es clave para pensar la accesibilidad, la permanencia, el derecho a estudiar.  Eso se hace si uno puede mantener las idas al interior, las estructuras, los docentes, las becas”, analiza.

¿Cómo mantener eso cuando se analiza un recorte presupuestario?

Lo que más se ve afectado, es cómo crecer. Esta Facultad tiene cuatro carreras nuevas, de las cuales dos, las hemos puesto en funcionamiento ya este año 2018.

¿Cuáles son?

La tecnicatura en interpretación de lenguaje de señas argentina, y el nuevo plan de técnico en investigación socioeconómica, que es una licenciatura en investigación y análisis estadístico de datos, vinculado con una de las grandes demandas laborales, que son los trabajos de consultaría, mediciones, que requiere un grado de expertise en particular, que no es solo de las de las estadísticas, sino de la investigación en general. Y tenemos, ya con curso de aprobación definitiva, la licenciatura en ciencias políticas y la licenciatura en educación. Son apuestas y definiciones institucionales que ya se tomaron y las armamos con aportes propios, y de otras instituciones, como fue el acuerdo con la Vicegobernación de Misiones y el Parque de la Salud. En ese modo de co-gestión estamos enfrentando esta situación. No es lo ideal, porque lo ideal es conseguir el presupuesto genuino, para que las carreras permanezcan, no obstante, encontramos una salida en esto de articular y coordinar acciones, del medio misionero, tanto del ámbito público, como del ámbito de privado.

En realidad, es lo que siempre se le reclamaba a la Universidad, una inserción más fuerte dentro de la sociedad…

Sí, creo que es muy marcada la inserción que hemos tomado como Universidad, como Facultad. Esto de tener las extensiones áulicas o sedes, nos permite una presencia permanente en la zona. Al dictado de las carreras, le articulamos trabajos de investigación y de producción de conocimiento, que están vinculados con el tema regional o local, donde están las sedes y actividades de extensión y vinculación tecnológica y eso es bueno porque las tres actividades sustantivas, también se desarrollan en las sedes.

¿Cómo ve el escenario de la educación en un contexto de recortes, como los ya anunciados de investigaciones de universidades?

El panorama ni siquiera es poco alentador, sino bastante trágico, en posibilidades de crecimiento, casi que nulo y de sostenimiento, tenemos que pelearlo.

En ese escenario, lo mejor es la asociatividad…

Exactamente, que alternativa encontramos nosotros, la asociatividad, potenciarla. Lo ideal es que el presupuesto general de la Nación financie y las alianzas se vayan generando. Pero a un municipio de tercera categoría, que ya tiene problemas de presupuesto, le cuesta, más allá de la intención, de los actores y de lo que hemos podido generar.

¿Porque crees, que Convergencia fue ratificada en la conducción y desde todos los sectores, incluso los estudiantes?

Creo que es porque ven en los cuadros que tenemos, en las acciones que hemos desarrollado, un proyecto institucional que responde a la defensa contundente de la universidad pública, gratuita y de excelencia. Además estamos en el año del centenario de la reforma y creo que también apostaron, no solo al proyecto de trabajo, sino a un modelo de gestión, de amplitud, de inclusión y de contención de los distintos sectores. Eso hizo que la Convergencia ahora sea, Convergencia, Unidad y Compromiso, porque hemos podido incorporar sectores al proyecto original.

¿Qué opinión le merece la frase de María Eugenia Vidal, quien dijo que a la universidad no llegan los pobres?

No creo que haya sido un error y que lo dijo sin querer. Es una definición personal y política de la gobernadora Vidal y del proyecto político al que pertenece. Creo que no tiene idea de lo que sucede en la universidad pública, porque no cree en la universidad pública. La mayoría de los que pasamos por la universidad pública, venimos de familias de trabajadores. Es cierto que hemos apostado en algún momento muy fuerte, con el gobierno nacional, no a este, el anterior, a potenciar el ingreso a la universidad, que a pesar de que fuera pública y gratuita, había sectores que no llegaban.

Había limitaciones…

Había sectores con más pobreza económica, con dificultades para ingresar, mantenerse y egresar, si la universidad no apuesta a becas, o como había apostado al Progresar, a las becas del Bicentenario, a las becas propias de la universidad, etc, que faciliten la posibilidad del ingreso y la permanencia. Y creo que en estos sectores,  en los cuáles también me cuento, hay pobreza económica, pero hay una fuerte riqueza en términos de ganas, de educarnos, de pensar, de aprender y eso sigue siendo el mejor criterio para la movilidad social. Y no tiene que ver solo con la posibilidad de empleo, el título, como se quiere reducir hoy, sino que quien pasa por la universidad pública, sale distinto. Nosotros tenemos la experiencia del programa de gestión pública, con el programa Ellas Hacen, todas mujeres que venían de un programa social, que percibían una beca, o un resarcimiento económico, para la terminalidad de la escuela primaria, o secundaria en algunos casos, o para hacer algún curso en oficios. Apostamos en conjunto como universidad, a que podían hacer una carrera universitaria, y la experiencia lo demostró.

¿Hay universitarias de este programa?

Ya hay graduadas. Hicimos una apuesta superadora a las reglas que estaban ya marcadas.. Entonces e título, más allá de que le puede dar, o no un ingreso económico, las fortalece en las actividades que tienen incluso hoy.

Mencionó su propia experiencia ¿Puede contarla?

Mi mamá es maestra y mi papá es mecánico, y, soy la primera generación de estudiantes universitarios. Los contextos, generan o no, la posibilidad de estudiar. Hay que desmontar la idea que “la gente no estudia, porque no quiere”. A veces queremos estudiar, pero no se puede. Yo me fui a estudiar medicina a la UNE, en Corrientes a comienzos de 1989, y después vino la hiperinflación. Y cuando digo esto no le estoy pegando a Alfonsín, a quién respeto considerablemente como cuadro político y con quien encuentro puntos de anclaje en la defensa en un montón de cuestiones, sobre todo en la defensa de la educación pública, como parte de un modelo de país inclusivo y demás. Con la hiper me dijeron: “Tenés que volverte”, a pesar de que yo vivía en una pensión, modestamente y me iba bien, volví. O búscate un trabajo, en ese contexto, por más que tuviera voluntad de buscarme un trabajo, no había. Entonces vine en el año 90, vine y me inscribí en la Facultad de Humanidades, en Trabajo Social, porque quería ayudar a la gente. Esa fue mi elección. Vivía con una abuela, y me habían conseguido un trabajo, que me permitió hacer la carrera.

Por eso también dentro de las medidas que venimos tomando está el reglamento de inclusión para trabajadores y para estudiantes embarazadas, para ampliar las posibilidades de ingreso, permanencia y egreso. No estaban dentro de la normativa vigente y cuando uno trata de garantizar derechos, hay que institucionalizar, e institucionalizar.

Después de pasar los 90, que no fueron los mejores años para la universidad pública, ¿qué recomendación das a quienes estudian ahora?

En principio, que no abandone, aún con cualquier dificultad, personal que se le presente, tanto como de las que se presentan en nuestra organización, por los paros que ya hay, que las clases que no va a tener, de los profesores que por ahí no encuentra acá, los va a encontrar en las clases públicas. Qué no deje. Que se acerque a alguien, a la dirección de bienestar estudiantil, al centro de estudiantes, al departamento de su carrera, que pregunte, que busque a alguien que lo contenga, que plantee su problema, que estamos para escuchar, y para encontrar algún tipo de respuesta dentro de las normas institucionales que les permita avanzar. Este es un espacio donde todos podemos sentirnos menos solos, fortalecer solidaridades no sólo para defender la educación pública, sino para muchas cosas que están pasando.

Estamos en el año del centenario de la reforma y hubo una gran movilización, especialmente de las mujeres, en torno al debate sobre la despenalización del aborto…

También estuvimos muy movilizadas nosotras con el tema de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, que son temas que se ponen en términos de brecha, pero son temas que nos ponen en la discusión de la noción de derechos, del papel de la mujer, las desigualdades.

¿Fue un triunfo para la universidad también?

El triunfo está en el debate, porque no hay una postura única y no creo que deba haberlo, puede haber en un cuerpo colegiado que se pone de acuerdo en una cantidad de votos y dice que sí, pero en los actores institucionales pueden haber diferencias por las ideologías. La mayor condición de igualdad se da en la universidad pública en la discusión y el debate, con respeto, plural. Hemos constituido un movimiento, muchas nos denominamos feministas, y hemos formado un frente feminista universitario, que nos pone a discutir otros temas, no es casual, que tengamos la primera rectora mujer electa. Las mujeres ya estamos definiendo donde queremos llegar con calidad, empezamos a discutir nuestra propia formación y las propias posibilidades que tenemos de ir fortaleciéndonos, con las contradicciones que tenemos, como todo movimiento, como toda gestión, pero lo importante es que nos podamos nuclear y es el modo de hacer gestión y política, de romper patrones tradicionales de hacer política. Donde podemos tener diferencias, pero en nuestro movimiento nos podemos unir y el árbol no nos impide ver el bosque, porque sabemos que sin árboles no hay bosque.

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