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Es todo una cuestión de confianza

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Vamos a imaginarnos una pequeña historia: tengo un programa de radio en una ciudad donde me escucha mucha gente y en plena transmisión comienzo a decir que me llegó el dato de que el fin de semana no va a haber nafta por alguna razón que no viene al caso. Se empieza a correr el rumor más y más, la gente empieza a creerlo y se dirige al surtidor a llenar el tanque.

A las horas, la cola de la estación de servicio es de media cuadra, los que pasan se asombran y preguntan qué pasa. -Parece que el fin de semana que viene no habrá nafta-, responden en la fila. Todos en la ciudad recurren a llenar el tanque y horas más tarde ¿qué sucede? Adivinaste, las estaciones de servicio se quedaron sin nafta y tuve razón.

¿Cuál fue el problema? No era la escasez de combustible, porque había suficiente para abastecer la demanda habitual, sino que la demanda se multiplicó por un rumor que se difundió de manera contundente, la gente lo creyó y terminó sucediendo.

Sé que el ejemplo es bastante tonto y poco probable que suceda, pero muchas veces los mercados funcionan igual. Yo no creo en esa teoría que dice que los mercados son siempre eficientes, porque no tengo dudas de que tanto el pánico como la euforia son un factor muy importante en los precios.

A fines de abril Argentina parecía que explotaba por los aires. Recuerdo ese último viernes mirando la cotización del dólar, eran las 14, faltaba una hora para que cierre la semana y mi expresión fue: “Una hora, parece una eternidad”. En esa hora podría haber pasado cualquier cosa: nadie vendía, compradores asustados pagaban muy caro, el tipo de cambio volaba y hablaban del dólar hasta en los programas de cocina.

¿Qué pasó durante el fin de semana? Se convenció al FMI de poder intervenir en el mercado cambiario, algo totalmente contrario a las reglas de los préstamos que otorga dicha entidad. Sin embargo al darse cuenta de que somos un país algo especial, con una mentalidad totalmente bimonetaria, cedieron.  

Podemos Intervenir: dos palabritas mágicas que cambiaron todo el humor del mercado y produjeron un efecto “plancha” en el tipo de cambio, lo que a su vez acomodó todas las otras variables.

Bueno ¿Entonces ya está? ¿Todo solucionado? Vamos por el mundo generando expectativas y listo. No, no amigues, esto no es así: las expectativas se generan con orden, paciencia, responsabilidad y sobre todo mucho tiempo. Aquello sirvió para frenar un desmadre, pero ahora hay que seguir trabajando.

Esta semana se conoció la formula “Macrichetto” y a los mercados al parecer les encantó. Pasamos de la depresión a la normalización ¿y ahora? ¿Euforia total por una fórmula que ni se sabe si va a ganar? Mejor analicemos un poco.

 

Luego de que se calmara un poco el dólar, Cristina anunció su fórmula con Alberto Fernández. Primera medida que al mercado le cayó bien: una CFK más moderada, buscando alianzas más hacia el centro (cada uno podrá creerle o no, es una cuestión personal). Luego, pasaron las semanas y todas las listas se fueron definiendo. El mercado termina volando con la apertura de Cambiemos a Pichetto. Entonces sí, el dólar bajó fuerte esta semana, ocasionando que también bajen las tasas de interés y el riesgo país.

¿Pasó algo diferente en la economía real como para justificar semejantes movimientos? No mucho. La confirmación de un leve descenso de la inflación, una leve recuperación en algunos sectores, pero no mucho más. Se trató simplemente de una cuestión de confianza. Lógicamente, con un dólar calmo y tasas a la baja, la reactivación puede ir mejorando. Pero tampoco nos pasemos de eufóricos; esto recién empieza. Hasta octubre falta muchísimo, pero es muy importante controlar las emociones extremas.

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