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El voto de la bronca

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Como sabemos, en Argentina hay problemas con el empleo, la pobreza, el nivel de ingreso, la inflación. La situación socioeconómica se ha deteriorado. Los pronósticos para el 2019 no son alentadores, y algunos escenarios -mantenidos en cautelosa prudencia- son más desfavorables aún. Y el estado nacional tiene un acuerdo marco con el Fondo Monetario Internacional que significará más ajustes de cinturón. El contexto económico de la elección presidencial es un pasivo para la reelección de Mauricio Macri. ¿Cuántos presidentes o primeros ministros de las democracias contemporáneas han logrado reelegir con la economía cayendo y el FMI sobre sus hombros.

Como hemos venido sosteniendo en informes anteriores, el Presidente conserva una intención de voto aceptable (3 de cada 10 votantes). Es el núcleo duro que lo apoya a pesar de los problemas de la economía; la aversión al peronismo en todas sus formas lo aglutina. Nadie le disputa a Macri ese 30%, que no ve opciones a la hora de votar. Si apareciese un competidor convocante dentro de ese mismo segmento de votantes, el Presidente estaría en problemas graves.

Sin embargo, a Macri le cuesta mucho crecer por fuera del núcleo duro no-peronista. Del otro lado del respaldo ideológico o identitario, lo que hay es mucha disconformidad con lo económico. Eso ayuda a explicar la conformación de una nueva versión de “voto bronca” al gobierno. Que tiene dos manifestaciones clave.

Por un lado, a lo largo del 2018 se ha ido recuperando Cristina Kirchner, quien hoy está primera en intención de voto. CFK es quien mejor expresa el sentimiento opositor dentro del universo del “voto peronista”, y por eso las versiones “moderadas” del justicialismo quedaron obturadas. Ahora la versión prometedora de ese sector es Lavagna, quien precisamente se caracteriza por no haber confrontado con la ex presidenta.

Y por el otro, un grupo creciente votantes que hoy opta por candidatos más radicalizados: Olmedo, Del Caño y Espert. Sumados, los tres se quedan con 10% de los votos. Por ahora, beben del agua del tercio “no alineado” que pretendía liderar el peronismo alternativo. Olmedo, Del Caño y Espert tienen partidos chicos y escasa presencia nacional, pero acceden a los medios y lanzan consignas tan ruidosas como inaplicables. Ese perfil “antisistema” les permite captar algunas voluntades.

Podemos conjeturar que si la situación económica empeora, hay que esperar tantoun fortalecimiento de CFK dentro del universo peronista como un aumento del voto -sumado- por los candidatos radicalizados. Ambas cosas seguirán obturando el surgimiento del peronismo moderado, y complicando la continuidad de Cambiemos

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