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El largo camino para erradicar la pobreza

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Escribe magister Guillermo Knass. Si sometemos al Congreso una ley que tienda a erradicar la pobreza, seguramente la votación va a ser unánime a favor. No existe Gobierno de país en el mundo que no quiera bajar los índices de pobreza de su población. Tampoco creo que haya gobiernos que quieran crear una pobreza clientelar como un modo de permanecer indefinidamente en el poder. Existe una correlación entre triunfos electorales y crecimiento económico con disminución de la pobreza, y en consecuencia también existe correlación entre derrotas electorales con incremento de pobreza, producto de las crisis económicas.

Tampoco es cierto que algunos países tengan como finalidad la pobreza de otros para poder controlarlos, en todo caso puede ser una consecuencia no deseada de alguna política en beneficio propio, pero a todos nos conviene que las personas sean menos pobres y consuman más bienes porque esto es más producción en los países desarrollados.

De hecho, el título del presente artículo es realmente el primer objetivo del desarrollo sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano, o sea que las acciones de las Naciones Unidas van prioritariamente hacia el combate de la pobreza; veamos algunos datos interesantes:

  • En 1990 existían 1900 millones de pobres en todo el mundo, en 2015 esta cantidad disminuyó a 836 millones de pobres.

Esta disminución es asombrosa si se la compara con otras épocas y tiene mucho que ver el crecimiento económico de China e India en el periodo mencionado.

  • El programa de las Naciones Unidas considera pobres a las personas que viven con menos de 1,25 Uss por día

Si bien la medición en nuestro país es distinta, primero utilicemos la de las Naciones Unidas para comparar:

A un dólar de 29 pesos una persona necesita en un mes 1123,75 pesos para no caer en la pobreza extrema y 4495 pesos necesita una familia tipo.

Parece poco… lo que pasa es que la medición unidimensional de la pobreza (valorar la canasta básica de alimentos y comparar con los ingresos de las personas) deja mucho que desear, pero la idea del artículo es en parte medir la pobreza argentina con la vara internacional.

El concepto de “pobreza extrema” internacional lo podemos relacionar al de “indigencia” argentino, que bajo el mismo método (valorizar la canasta y comparar con los ingresos de las persona )  considera que una persona es indigente si tiene menos de 2537,15 pesos mensuales para vivir, en el mismo sentido una familia tipo necesita para vivir 7839,80  ( no multiplica por cuatro integrantes dado que el Indec estima la familia tipo con hijos menores que tienen menos requerimientos calóricos, por ende menos alimentos y necesitan menos dinero para comprarlos; el coeficiente de la familia tipo es 3,09 ). Serian 2,82 dólares diarios mínimos por persona aproximadamente para no ser indigente.

Según la medición del Indec, para no ser pobre una persona debe cubrir una canasta básica total (en la indigencia se mide solamente por la canasta básica alimentaria) que según datos de junio está valuada en 6343,62 pesos por persona y 19601,73 pesos para la misma familia tipo.

Bueno podríamos decir que, si medimos a la Argentina con el concepto de pobreza extrema internacional, tenemos menos indigentes de lo que muestran las cifras oficiales.

Pero el punto no es tener menos indigentes según con que método de medición lo hacemos, el punto es ¿cómo puede ser que la Argentina tenga indigentes?

Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA al tercer trimestre del 2017 existían en la Argentina 2.600.000 “indigentes”, personas que dado su nivel de ingreso no cubrirían los requerimientos calóricos mínimos, con todo lo que esto significa.

Realicé un ejercicio simple de los cuatro productos primarios típicos que produjo la Argentina en la campaña 17-18 en el caso de los granos, y el total de la faena vacuna del 2017. Transforme esa producción en los kilocalorías que representan y cuantas personas podían alimentar en el término de un año; el resultado es el siguiente:

El resultado es por lo menos alarmante, solo con estos cuatro productos primarios tenemos la capacidad de dar de comer a más de 300 millones de personas en un año, y no debemos olvidar que la campaña de referencia estuvo afectada por una fuerte sequía (ya hice el cálculo en otros años, y sumando por ejemplo la producción de leche se supera tranquilamente la dieta mínima de 400 millones de personas año).

Hablar de pobreza por encima de la indigencia ya es un poco mas complejo, depende de la educación, salud, vivienda etc. pero bajo ningún punto de vista con esta producción de alimentos debería haber hambre. Por más que suba el dólar, caigan los bonos o el FMI nos ponga un ajuste severo (cuando sube el dólar o caen los bonos pasan muchas cosas, pero esto no hace achicar las hectáreas o adelgazar las vacas).

“En la Argentina hay hambre, no porque falten alimentos, como pasa en otros países, sino porque sobra inmoralidad”, dijo Raúl Alfonsín, ex presidente de la Nación.

PD: (si ya sé que subió el dólar ayer)

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