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Efectos del “CuadernosGate” en las provincias

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Los efectos de las investigaciones de corrupción administrativa iniciadas a partir del llamado “CuadernosGate” aún no están claros. En las encuestas, por ahora, son limitados. Los primeros sondeos nacionales de opinión (me refiero a los primeros días posteriores a la noticia) no muestran demasiados cambios en la calle respecto de las mediciones de julio. En todo caso, lo que dicen hasta ahora es que la imagen del presidente y la aprobación de la gestión de gobierno, que venían en declive, no se recuperan por esto. Aunque la tendencia a la mejora que venía mostrando Cristina Kirchner se detiende, y hasta retrocede. La novedad de los últimos cuatro meses fue que la ex presidenta, de a poco, comenzaba a perforar su techo. A su núcleo duro de apoyo (30%) comenzaba a sumar algunas adhesiones más, mientras que su imagen negativa comenzaba a caer. Los “cuadernos” podrían operar contra este fenómeno.

Más intrigante que el impacto sobre electorados macristas y kirchneristas es lo que ocurre en las franjas intermedias, de baja politización. En un contexto de incertidumbre económica y judicialización política, en el electorado no alineado hay riesgos de cierto hartazgo con la dirigencia. Ninguna de las fuerzas establecidas luce para ellos como capaz de mostrar futuro o de practicar la moralidad pública. El “quesevayantodismo” nunca es buena noticia.

Pero más que la calle, hoy hay que focalizarse en cómo lo ven quienes deciden. Son más sensibles e inestables las percepciones del “círculo rojo” (local e internacional) que las del electorado. Los votantes ya están saturados de noticias de corrupción, se hicieron su propia idea sobre el asunto, y parecen más preocupados por la economía que por las otras agendas. Los mayores de 40 temen el regreso a viejas escenas de crisis. Mientras tanto, los círculos rojos huelen un “Lava Jato” o un “Mani Pulite” en el ambiente. Ven riesgos imprevistos. Riesgos sistémicos.

Por “un Lava Jato” solemos entender a un caso de corrupción que afecta al conjunto de la dirigencia política y económica. Y que termina teniendo un impacto resonante en el sistema. Una crisis de la dirigencia, digamos. En el “cuadernos gate” todo parece dirigido a dejar fuera de la competencia al kirchnerismo, y a que los empresarios involucrados presenten explicaciones o paguen las multas correspondientes. Pero puede salirse de ese cauce controlado. En un contexto de incertidumbre económica, la sombra de una crisis sistémica multiplica las dudas y los riesgos. Un Lava Jato no luce bien.

Y para los gobernadores tampoco. Se ha extendido la tesis de los beneficios de este escenario para el peronismo federal. Sin embargo, no hay que dejar de tener en cuenta que los gobernadores también sufren los efectos de la crisis y la inestabilidad. Los que asumieron en 2015 no han podido aún dar buenas noticias a sus electorados. Y temen a los competidores internos. No hay beneficiarios directos bajo la sombra de una crisis sistémica: nadie sabe, en definitiva, como puede terminar.

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