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Dos años y medio de destrucción económica

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Es ilustrativo intentar poner en cifras, cuanto daño económico hizo este neoliberalismo recargado, hoy en el poder en Argentina.
El cálculo de grandes magnitudes económicas, como este, siempre parte de variables que pueden medirse de distintas formas, por caso como sucede con el PBI. Ese indicador económico tiene diversas metodologías, e incluso utilizando similares bases de ordenamiento, los resultados varían según que organismo los calcula, por diferir en metodologías o evaluaciones.
Por eso, este análisis muestra con claridad el contexto general –muy preocupante-, con el criterio de grandes magnitudes, y no pretende tener una pretensión contable de centavos, ni mucho menos.
Tómese el presente como una primera y seria aproximación al complejo tema, sobre el cual la opacidad y las desviaciones de la atención son las constantes del establishment, pues mostrar resultados tan desastrosos, que además puede calificarse en buena medida como intencionales, resulta molesto para sus perpetradores y los poderes en las sombras (o en el exterior) que los mantienen en el poder.
Las diferencias de magnitudes llegan a ser considerables, sobre todo si se calcula el PBI de uso corriente (valor estimado de la producción anual de bienes y servicios de un país determinado), sea a costo de factores o precio de mercado; o el PBI PPA (valuado según la Paridad del Poder Adquisitivo).
Para este estudio, se utilizó como base el PBI estimado para Argentina por el Banco Mundial para el año 2017, el cual se entiende que es a precio de mercado, el cual nos da un valor relativamente intermedio entre otras bases de cálculo utilizadas por otros entes económicos.
Esa base es de 619.872 millones de dólares (para 2017), extrapolándose los valores para 2015 y 2016, según la variaciones conocidas del PBI nacional (de -2,3 % y + 2,8 % respectivamente; mientras que para 2018 se estimó una caída del 2,0 %, compatible con un cálculo moderado de la incidencia negativa que tienen y
tendrán los acuerdos con el FMI y los impactos muy negativos de los tarifazos, que agregan deterioro al actual cuadro de severa depresión económica.
Valga la salvedad que recientemente el economista Alejandro Tagliavini puso en duda el crecimiento de 2017, pues solo sería reflejo del brutal endeudamiento, volcado a la economía interna con fines electorales.
Se va conformando una severa crisis estructural que nos lleva a un remolino horroroso peor que la estanflación –estancamiento con inflación-, pues estamos entrando en depresión e hiperinflación.
Esos datos del PBI Real (solo el de 2018 es estimado, en esa columna), se comparan con el PBI que era esperable alcanzar, si Argentina seguía aplicando políticas económicas keynesianas, de un Estado activo, inclusivo y protector del mercado interno, de nuestras industrias y nuestros entes tecnológicos.
En tal sentido, dado que el PBI en 2015 creció 2,6 % (demostrando ese dato duro de la realidad otra de las repetidas falsedades reiteradamente dichas por el actual presidente, que dijo apenas asumido “hace cinco años que no se crece), es coherente aplicar el mismo porcentaje de incremento del PBI, como piso válido para 2016, 2017 y 2018; si no se hubiese dado un giro ultra neoliberal como se perpetró.
Por supuesto, como toda estimación es un dato discutible, pero a la vez es defendible y dotado de cierta coherencia. Con grandes obras públicas energéticas en sus fases iniciales, como la Central Nuclear Atucha 3 y las dos grandes hidroeléctricas en el Río Santa Cruz (en ambos casos con financiación china asegurada), con la hidroeléctrica Chihuido 1 con financiación rusa asegurada, con varias otras obras importantes en ejecución o planificado pronto comienzo, como autovías, hospitales, escuelas, etc., con los fuertes apoyos a la industria nacional y otras medidas estatales activas, de ningún modo resulta descabellado sostener que si las medidas económicas de corte keynesiano hubiesen continuado, el PBI hubiera seguido creciendo y el país desarrollándose, en un escenario totalmente diferente al desguace general neoliberal actual.
Con eso se calcula el PBI Proyectado, que es el mínimo al cual se hubiese llegado, previsiblemente, si no se cortaban las medidas de política económica
keynesiana, de un Estado activo, protector del mercado interno y de nuestra gente.
De las dos columnas se obtiene la tercera, con las diferencias, las que en los tres años analizados (2016, 2017 y 2018, del actual gobierno oligárquico – liberal), la riqueza que se perdió asciende a 118.463 millones de dólares.
Por supuesto, si se toman otras magnitudes del PBI, según estudios de otros entes, se puede establecer un rango de (+) (-) 20 % en ese volumen de PBI perdido a consecuencia del cambio abrupto de política económica.
Pero a esa ya muy considerable magnitud de riqueza no producida, abortada por el abanico de medidas de desprotección, desamparo social y desindustrialización intencional, se le debe agregar el efecto pernicioso del mega endeudamiento externo, el cual se agrava día a día, y que ya insume aproximadamente la tercera parte del gasto público actual, en concepto de cuotas de deuda que vencen prácticamente mes a mes.
Según se difundió recientemente, la deuda externa argentina crece en una espiral creciente muy acentuada, en este momento a razón de 213 millones de dólares…¡por día!
Con ello, el daño económico perpetrado hasta ahora se puede estimar que roza los 250.000 millones de dólares, destrozados en prácticamente todos los sectores socio económicos argentinos, excepto los privilegiados de las oligarquías “del campo” (grandes terratenientes y mega grupos sojeros), la minería extractivista (no industrialista), las finanzas y los especuladores y fugadores de divisas, las energéticas (eléctricas, petroleras, gasíferas, y el gran negociado de las “renovables sesgadas, entre otros rubros del sector).
A toda esa friolera de destrucción económica, cabe agregar el efecto muy negativo de haber congelado o según el caso directamente destruido proyectos de elevado valor estratégico y tecnológico, por desguace o por desfinanciaciones de entes creadores de tecnología, con lo cual se abortan irracionalmente los respectivos importantes efectos multiplicadores que siempre son consecuencia de invertir en desarrollos tecnológicos propios. En eso cabe incluir, entre otros, al INTA, el INTI, el Plan Nuclear, ARSAT, INVAP, el CONICET, las Universidades Nacionales, etc.
Este muy negativo accionar económico – social, es continuador directo del “proceso” y del noventismo, solo que hoy es atendido por sus propios perpetradores y dueños de corporaciones que lucran medrando con la destrucción nacional, si bien se repiten varios operadores que ya habían dejado sus improntas nefastas en los años ‘90.
Abajo se detallan las bases de cálculo de este análisis.
Cuanto nos hizo perder del PBI el actual gobierno neoliberal – En millones de U$S
AÑO PROYECTADO REAL       DIFERENCIA
2015     616.857           616.857            –
2016     632.895           602.669      30.226
2017     649.350           619.872      29.478
2018     666.234           607.475      58.759
Diferencia total acumulada 118.463 (*)
Estimando un rango de (+) (-) 20 %, esa magnitud oscila entre 94.770 millones de dólares, y 142.556 millones de dólares, de riqueza destruida o abortada.
Bases de cálculo – PBI 2017 según Banco Mundial – Wikipedia –
Extrapolado a los restantes años, según tasas de variación del PBI, para valores reales.
2016 (-) 2,3 % // 2017 (+) 2,8 % // 2018 (-) 2 % (estimado)
Los valores proyectados parten de 2015, con un crecimiento mínimo estimado de 2,6 % anual.
Ese fue el crecimiento de 2015, en el marco de políticas económicas keynesianas.
La diferencia es el PBI perdido, a consecuencia del retorno del neoliberalismo.
A esa suma perdida, se le debe adicionar como otra negatividad, el endeudamiento externo nuevo, el cual con lo ya cobrado del mega crédito del FMI más la deuda a dolarizarse de las LEBACs, se está como mínimo en el orden de 130,000 (**) millones de dólares.
Con las salvedades dichas, sumando (*) + (**) el perjuicio ya perpetrado es estimado en 248.463 millones de dólares, que con la variación de (+) (-) 20 % de la variable (*) puede considerarse entre 224.770 millones de U$S y 272.156 millones de U$S; además del efecto negativo sobre los desarrollos tecnológicos. Y sobre todo los tremendos daños sociales, difíciles de cuantificar.

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