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Cambio de hábitos: ¿cómo disminuir el consumo de sal?

Cambio de hábitos:  ¿cómo disminuir el consumo de sal?
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La sal es una parte esencial de nuestra dieta. Sin embargo, la mayoría de las personas consume más de lo que piensa y de lo que es saludable. Recomendaciones del Dr. Matías Tisi Baña, director de la carrera de Especialización en Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y jefe del Servicio de Clínica Médica del Hospital Universitario Austral, en el marco de la semana de acción contra la sal.

“Un consumo excesivo de sal contribuye a elevar la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo de muchos problemas de salud, entre ellos infarto de miocardio y cerebral, e insuficiencia cardíaca y renal”, alerta el doctor Matías Tisi Baña, director de la carrera de Especialización en Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.

La Organización Mundial de la Salud tiene como un máximo objetivo alcanzar la disminución del consumo individual de menos de 5 gramos de sal (3 g de sodio) por día, “lo que permitiría importantes reducciones en las muertes y resultantes de la discapacidad de enfermedades cardiovasculares (ECV)”, afirma Tisi Baña, quien además es jefe del Servicio de Clínica Médica del Hospital Universitario Austral. “Esta disminución de la sal no afecta la palatabilidad de los alimentos y, por lo tanto, no debería disminuir la rentabilidad de las compañías de alimentos”, agrega.

El especialista de la Universidad Austral menciona al Prof. Martín O’ Flaherty de la Universidad de Liverpool, que sostenía que, si bien todos debemos estar atentos a la cantidad de sal que consumimos, la industria alimenticia y el Estado tienen un rol esencial en disminuir la cantidad de sal en los alimentos procesados y ultra procesados, para hacer que la opción saludable sea también la más fácil.

En ese sentido, el Dr. Tisi Baña resalta que “la mayoría de la sal en exceso que consumen las personas no viene de los saleros sino de los alimentos procesados como el pan, las comidas instantáneas, las carnes procesadas y los condimentos. La comida en restaurantes también contribuye al exceso en el consumo de sal”.

De todas formas, también explica que cada uno puede tomar otras medidas para disminuir el consumo de sal.  “En ese sentido -asegura-, son buenas las recomendaciones de la agrupación World Action on Salt & Health (WASH) que sugiere reducir lentamente la cantidad de sal que se utiliza al cocinar, incorporando nuevos hábitos como: usar hierbas, especias, limón, ajo, pimienta y ají molido para condimentar, en lugar de sal; enjuagar verduras y alimentos enlatados, ya que suelen conservarse en agua salada; revisar las etiquetas de los alimentos para verificar los niveles de sal y elegir la opción de sal más baja”.

Por último, el jefe del Servicio de Clínica Médica del HUA aconseja alejar los saleros y condimentos salados de la mesa, para que los miembros más jóvenes de la familia no desarrollen el hábito de agregar sal a sus alimentos.
 

Ideas para reemplazar los ingredientes altos en sal 

  • Atún en salmuera por atún en agua.
  • Salmón ahumado por salmón fresco.
  • Sándwich de jamón y queso por pollo fresco en rodajas y ensalada.
  • Manteca salada por manteca sin sal.
  • Aderezos para ensaladas o mayonesa por hierbas frescas, vinagre balsámico o jugo de limón.
  • Evitar los fideos y arroces condimentados e instantáneos, es preferible cocinarlos con verduras, pescado o carne.
  • Reemplazar el consumo de pizza con ingredientes altos en sal como anchoas, aceitunas y fiambres por alimentos con un bajo contenido de sal como pollo, champiñones y maíz dulce.

Más allá de las recomendaciones, “resulta necesaria la intervención de los gobiernos y/o instituciones para favorecer el descenso del consumo de sal en la población. En virtud de ello, la Organización Panamericana de la Salud sugiere distintas medidas para crear conciencia:  reformular los productos alimenticios para que contengan menos sal y sodio, fijando valores de referencia de sal/sodio en los alimentos; crear un entorno propicio en instituciones públicas, tales como hospitales y escuelas, para que puedan proponerse opciones con menos contenido de sal; desarrollar campañas de comunicación para crear conciencia, y exigir un etiquetado frontal en los envases que proporcione información de fácil de lectura y comprensión para los consumidores”, concluye el director de la carrera de Especialización en Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Biomédicas.

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