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Buenas noticias

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Qué bueno es dar buenas noticias, decía, con una firmeza que no tenía, el fugaz Fernando De la Rúa, justo un año antes de tomar el último vuelo en helicóptero. Su mensaje, en diciembre de 2000, anunciaba el Blindaje del Fondo Monetario Internacional por 39.700 millones de dólares, con el apoyo de bancos, AFJP y otras entidades financieras.

“Festejemos, porque este año se va y viene uno nuevo, mejor, llegó el momento de cosechar los frutos del esfuerzo. La Argentina ya no tiene riesgos, es segura y previsible, ahora podemos crecer en paz. El 2001 será un gran año para todos”, pronosticaba el líder de la alianza.


El monto del préstamo que terminaba con la incertidumbre en la Argentina, era mucho mayor a lo que los “mercados” esperaban.    

“Hemos acordado un stand by de acceso derivado por el monto de 50 mil millones de dólares que es once veces la cuota de la Argentina. Demuestra el apoyo que tenemos de la comunidad internacional y es una muy buena noticia“, dijo este jueves un fortalecido Nicolás Dujovne al anunciar el nuevo préstamo del FMI que permitirá “evitar una crisis” tras el sacudón cambiario”. “El país va a seguir creciendo”, prometió.

En 2000, el Blindaje había salido sin complicaciones porque “las autoridades argentinas decidieron encarar el problema en la etapa preliminar de la crisis“, y el organismo estuvo dispuesto a actuar también para evitar el contagio que ya se empezaba a sentir en los países vecinos y en los mercados emergentes en general.

“Estamos contentos, porque nos va a permitir seguir recorriendo el camino hacia el equilibrio fiscal y desterrar el problema que tiene la Argentina de gastar más de lo que tiene“, insistió Dujovne, investido superministro.

A los 50 mil millones del Fondo hay que sumarle 5.650 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial y CAF, que “despejan cualquier incertidumbre sobre el programa económico y la situación de los mercados”.

“Es un punto de partida importantísimo para la Argentina. Va a generar más posibilidades de desarrollo. Ayuda a fortalecer el desarrollo y el crecimiento y la generación de empleo; eso es lo que sirve”, completó el presidente Mauricio Macri al brindar por el día del periodista. Fue lo único que dijo después del dramático mensaje inicial.

El Fondo, en 2000 también había sido “generoso”. Autorizó a ampliar el déficit fiscal de 2001 a US$ 6400 millones en lugar de los 4100 millones pactados originalmente, y a alcanzar el equilibrio fiscal en 2005, en vez de en 2003.

El entonces ministro de Economía, José Luis Machinea, asumía “con realismo” ante el FMI que “el PBI crecerá menos del 4,5% previsto en el presupuesto de 2001”.

Dujovne ahora reconoció: “Sabemos que producto de la turbulencia financiera que tuvimos, vamos a crecer un poco menos y vamos a tener más inflación que la que pensábamos. No hay magia. El Fondo Monetario nos puede ayudar, pero nosotros tenemos que resolver nuestros problemas solos”.

Como en 2000, Argentina recibe un “respaldo” inusitado del FMI.

“Demuestra un fuerte liderazgo”, opinó el entonces titular de la entidad Horst Köhler, sobre Fernando De la Rúa. El organismo estaba entonces preocupado por la crisis política.

“El ajuste fiscal requerirá de un “fuerte compromiso político”. No solo ya de la clase política: de toda la sociedad”, dijo ahora Roberto Cardarelli, uno de los economistas del Fondo al frente de la relación con la Argentina en el primer mensaje tras el acuerdo.

El país gobernado por De la Rúa fue merecedor de una confianza excesiva. Argentina estaba sobreendeudada y el fantasma del default estaba a la vuelta de la esquina.

Hoy la Argentina es el país del mundo que más le debe al FMI, cuatro veces más que Grecia, hasta ahora el país más endeudado con 12.800 millones de dólares.

El país helénico recibió en 2010 también una ayuda extraordinaria, que alcanzó los 145 mil millones de dólares entre el FMI, la Unión Europea y otros organismos. Pero después de cumplir todas las metas impuestas, Grecia sigue hundida en una profunda depresión, con una caída de salario real que llega al 40 por ciento, un PBI 27 por ciento más bajo y una desocupación del 22 por ciento, porcentaje que se duplica entre los más jóvenes.

Peor aún, la relación deuda pública/PBI, que superaba el 80 por ciento en 2010, hoy llega al 180 por ciento. En Argentina, antes del acuerdo con el Fondo pero después de la devaluación por la corrida cambiaria, la deuda equivalía al 65 por ciento del PBI.

Argentina también tiene metas que cumplir. Varias. Aunque el FMI ofrece “cláusulas de salvaguarda social inéditas“. “Prevé eventuales relajamientos en la meta de déficit para ser aplicado una porción del gasto en programas sociales en caso de ser necesario intervenir e incrementar el gasto social”, festejó Dujovne. En realidad, no somos los únicos privilegiados: en Grecia también se prometían reformas para “combatir el despilfarro, frenar la evasión fiscal y proteger a los más pobres”. Los resultados no fueron  muy alentadores, como se puede apreciar: más del 35 por ciento de los griegos vive en riesgo de pobreza o exclusión social.

Entre las metas impuestas por el acuerdo con Christine Lagarde, Macri se comprometió a reducir el déficit en un monto cercano a los 20 mil millones de dólares, unos 500 mil millones de pesos. Los principales recortes pasarán la obra pública, con un ajuste del 81 por ciento y en transferencias a provincias, del 74% en tres años, para achicar el gasto en relación al PBI. Además, se prevé hasta 2020 una baja en salarios de los trabajadores estatales del 13 por ciento (la coincidencia es pura coincidencia) y en los subsidios a las tarifas y transporte de un 48 por ciento. El gasto “extraordinario” por jubilaciones también deberá reducirse 30 por ciento.

Las metas de inflación para este año simplemente desaparecieron y para los años próximos serán de 17%, 13% para 2020 y 9% para 2021.

Con este préstamo Macri se garantizó contar con respaldo financiero para lo que resta de su mandato, aunque esto no evite recurrir al mercado financiero para cubrir los gastos. De hecho, ya no podrá echar mano del Banco Central, que se encargará de hacer cumplir las metas de inflación y estará ocupado en intentar desactivar la bomba de tiempo -de fabricación casera, a manos del propio Federico Sturzenegger- de las Lebacs.

La contundente muestra de respaldo no es simple mérito. El FMI necesita que el sistema económico financiero argentino se sostenga. Argentina es un ejemplo de la derrota del “populismo” y un retroceso de Macri podría arrastrar a otros países de la región. La situación del hermano mayor no es la mejor: Lula preso sigue siendo el mejor candidato brasileño y los postulantes del establishment no tienen mayor imagen positiva que Michel Temer, que apenas roza el tres por ciento. 

No es la primera vez que el FMI premia a sus favoritos. Lo hizo antes con Carlos Menem, en momentos en que las señales de resquebrajamiento de la Convertibilidad eran evidentes. Pero siguió prestando y acompañando al “modelo”.

Para Macri, el respaldo del FMI es un arma con el que cual presionar para alcanzar las metas que hasta ahora fueron esquivas. La culpa del ajuste será del Fondo. Pero sigue sin haber un programa que sustente el crecimiento. El ajuste suele traer consigo un efecto negativo en la economía.

La situación política para el Gobierno no es la mejor. Los últimos meses acumularon conflictos y la vuelta al Fondo no es una buena noticia, para buena parte de la sociedad que no quiere repetir la historia. El consultor Gustavo Córdoba sostiene que los últimos días creció la sensación de que Cambiemos “es igual” que los partidos políticos tradicionales cambiados en las dos últimas elecciones. Del otro lado, el peronismo entendió con la discusión por las tarifas, que puede pensar en una unificación, aunque más no sea para recuperar poder.

El gobernador Juan Manuel Urtubey, uno de los que se pone en la largada para ser candidato a presidente, adelantó el respaldo al Gobierno. Pero advirtió: “Nosotros no cogobernamos. El presidente es Macri y la responsabilidad del destino de Argentina es suya”.  La idea es compartida por los demás gobernadores.

Las provincias ya achicaron sus presupuestos y en muchos casos no tienen los problemas que exhibe la Nación.

El “misionerismo” no va a cambiar su decisión de no poner palos en la rueda. Pero al mismo tiempo, pide que los gobernadores sean escuchados para que se ponga el acento en el desarrollo económico y no únicamente en el ajuste que paraliza.

Misiones es un ejemplo en sustentabilidad financiera y una planta estatal sumamente moderada en relación a la cantidad de población.

El ajuste ya es un problema político. Lejos de ser una mera abstracción de los discursos presidenciales, se siente en la calle, con reproches permanentes incluso en aquellos que admiten haber votado por el cambio.

Resulta hasta llamativa la defensa a ultranza que hace el radicalismo de las medidas del Gobierno ante el silencio del PRO purista. “Recurrir al FMI pidiendo ayuda es bueno. No es pedirle ayuda al diablo como mucho creen”, reprochó el diputado nacional Luis Pastori, quien insiste en el buen andar de la economía, pese a que los datos de la realidad se empeñan en desmentirlo. La economía solo muestra algunos sectores que recuperaron dinamismo, mientras que la mayoría está en baja.

Posadas es un ejemplo. La coparticipación crece por efecto inflacionario, pero la recaudación propia está bastante por debajo de la inflación desde el año pasado.

La fe ciega de Pastori en el modelo parece ser la única en sostenerse dentro del radicalismo. Son varios los jóvenes criados al cobijo de Franja Morada que empezaron a mantener reuniones con los jóvenes de Podemos, el espacio creado por militantes de espacios políticos diversos. “Y se suman más”, contó uno de los principales de Podemos.  

No son los únicos desencantados. La Renovación también comenzó a recibir a dirigentes y profesionales que buscaban una alternativa al todo o nada del kirchnerismo, pero se sienten decepcionados con el cambio.

El misionerismo que se consolida en el tiempo con un modelo distinto al nacional, sin endeudamiento, con incentivos a la economía y con permanente ampliación de derechos, es un refugio ante un escenario de más ajuste. Mientras en Buenos Aires se realizaba un “panazo” en protesta contra los tarifazos y la suba de la harina, en Misiones el gobernador Hugo Passalacqua sellaba un acuerdo con los panaderos para congelar por tres meses el precio del pan a cambio de una bonificación de la tarifa eléctrica que llega al 50 por ciento. “La sensibilidad social nace de la cercanía, de conocer qué pasa en la realidad y hacer lo que esté al alcance del Gobierno en un momento difícil para todos”, señaló Passalacqua.

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Un Comentario

  1. César Alejandro López

    Recomiendo esta lectura. Abarca globalmente temas de política y economía de la Argentina. Muy interesante.

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