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Acuerdo UE-Mercosur, un beneficio para todos y todas

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Si bien comencé a escribir esta nota sobre el acuerdo de libre comercio entre los 2 bloques la semana pasada, me pareció razonable aguardar al menos unos días más para finalizarla.

Sucedió que, durante estos días a través de twitter, en los medios e inclusive en el bar o la calle, se leyó y escuchó absolutamente de todo, sobre si el acuerdo nos resultaría beneficioso o no. Aunque lo más sorprendente es que todas esas opiniones llegaban sin conocer (en la mayoría de los casos) en qué consiste un tratado de libre comercio (TLC) y sin haber leído una sola línea del borrador del acuerdo (todos), algo que recién se empezó a conocer hace un par de días. Pero como coincide el año electoral (pensemos que la negociación llevaba más de 20 años donde la misma Cristina Kirchner llevo adelante una agenda al respecto) y coincide con la gestión de Macri, nos perdemos en la grieta y resulta que los del mejor equipo de los últimos 50 años necesitados de sumar alegrías se subieron rápidamente al carro triunfalista y los de la década perdida ahora resulta que le achacan los peores augurios al acuerdo con pésimos fundamentos.

Y así, como cuando durante los mundiales nos convertimos de la noche a la mañana en técnicos, esta semana se volvieron todos expertos en comercio internacional. Y es ciertamente insólito porque mal que les pese a varios, Argentina es uno de los países más cerrados y menos libres del mundo con un gen socialista brutal adoctrinado desde los primeros niveles escolares reforzado incluso en las universidades estatales más prestigiosas, y que explican en gran parte porque a pesar de haber caído tantas veces en los mismos errores, a pesar de llevar 30, 40 o 70 años en la misma dirección, pero hacia abajo, nos cuesta tanto ver hoy al comercio como una oportunidad para crecer, para desarrollarnos, para mejorar nuestra calidad de vida, pero sobre todo para imitar lo que hacen los países que hoy prosperan. Y es que a diferencia del tema de la dolarización que fue tema de moda durante el fatídico 2018, los tratados de libre comercio tienen sobrada evidencia empírica donde recostarnos. Es notable que los llamados progres que envidian por ejemplo el estilo y calidad de vida de los países nórdicos (y que pifian feo en creer que son socialistas), no se den cuenta que justamente las causas de su desarrollo se explican cuando vemos que son de los países con los mayores índices de libertad del mundo (Fundación Heritage). Es decir, queremos ese estilo de vida, pero no queremos hacer lo mismo que han hecho para lograrlo. ¿Y qué hacen hoy los países que prosperan? Bueno, entre tantas cosas, no avalan cepos ni controles de capitales, respetan los derechos de propiedad, tienen un estado pagable, libertad y facilidad para hacer negocios, una moneda sana, flexibilidad laboral, entre otras cosas más, ah y por supuesto, un elevado nivel de apertura económica.

Mientras tanto nosotros, vegetamos por debajo del promedio mundial y arañando el nivel de “mayormente cerrados”, como para que tengamos una idea de cómo nos ve el mundo cuando aquí, apenas se abre una ventanita, ya estamos gritando a los cuatro vientos que hay una apertura excesiva y que el mundo esta proteccionista, es decir se opina desde la ignorancia y de espalda a los datos, inclusive economistas. EL mundo puede estar hoy sumergido en una batalla comercial impulsada por el presidente de Estados Unidos que a pesar de muchas medidas correctas en materia económica comete el error mercantilista típico de los populismos, de pensar que el déficit comercial es malo. Pues sus medidas ya la están pagando los norteamericanos con productos mas caros. Aun así, lejos está Estados Unidos de ser ejemplo ya que hoy se puede permitir esos errores y muchos más, es un país rico y serio, pero además hoy disfruta de pleno empleo y niveles salariales de los más altos del mundo.

Pero el libre comercio, debe ser el tema donde los economistas más coincidimos a la hora de hablar de medidas de progreso, inclusive los más keynesianos (Krugman por ejemplo ha desarrollado excelente bibliografía fundamentándolo), ya que los monetaristas y  austríacos no tienen prácticamente dudas allí. Las exportaciones e importaciones son dos caras de una misma moneda y frenar importaciones es hacerle lo mismo en el corto plazo a las exportaciones. Por supuesto que quienes se corren mucho más a la izquierda son los primeros que comienzan a buscarle la quinta pata al gato, y si hay algo que abunda en nuestra querida argentina es gente de izquierda, pero de una muy distinta y lejana respecto de las izquierdas de los países desarrollados.

Ahora bien, yendo al tratado firmado entre UE y Mercosur, no debe cabernos duda de que es la dirección correcta, principalmente porque este acuerdo nos va a obligar a realizar las reformas estructurales y económicas tan necesarias como urgentes para ser competitivos en un proceso que no arranca mañana, sino que aún debe ser todavía redactado, traducido, aprobado por ambos bloques y que además llevara un proceso de reducción arancelaria de al menos entre 10 y 15 años para ser completamente implementado. Y si no somos competitivos hoy, pues bien es buen momento para dejar de perder más tiempo y comenzar a trabajar al respecto, en lugar de ver empresarios prebendarios que detestan competir más preocupados por pedir protección y vender sus productos malos y caros en lugar de servir mejor al consumidor. Para quienes miran el tratado con desconfianza les comento que, sin acuerdo ya Argentina tiene hoy más niveles de pobreza que hace 40 años, desempleo cada vez más escondido en empleo público o informal, un estado impagable y todos los medios de financiación que no resisten más incrementos (deuda, emisión e impuestos) pero, sobre todo niveles de inversión y ahorro respecto al PBI de los mas pobres de nuestra propia región. Ah, y por si fuera poco, somos un país donde no se gana dinero, envueltos en cientos de regulaciones, industria del juico y donde se debe trabajar 8 meses solo para pagar impuestos haciendo que el mejor negocio sea meterse en política. Nuestro país lo que necesita son inversiones, que generen empleo y mejoren el salario real y para que las mismas aterricen necesitas tener además de reglas claras y una economía sana, un mercado, es decir gente que este dispuesta a comprar, y la UE te ofrece un acceso a más de 500 millones de habitantes, es decir hablamos del 30% del PBI mundial que posee un ingreso per cápita por encima de los USD 35 mil, Ahora ¿en serio vamos a pensar que incrementar el tamaño del mercado puede ser malo? ¿O vamos a seguir con esas estupideces del pez grande y el pez chico? Por ello, no tengo dudas que cualquiera que se resista al acuerdo, es por una cuestión más de ideología proteccionista que por que cuente con argumentos válidos para estar en contra.

Y si no queremos ir muy lejos a buscar mayor evidencia sobre los beneficios de un acuerdo, puesto que en el mundo hay decenas de tratados de libre comercio en vigencia, tenemos el caso de Chile, único país desarrollado de américa latina que, con 16 tratados de libre comercio mediante un proceso de integración al mundo que comenzó antes de la década de los 80, hoy nos duplica en nivel de exportaciones y posee un pbi per cápita 40% mayor al nuestro, una brecha que cada vez se hace mayor.

En el caso particular de Misiones, como no tomar este acuerdo (y los que vendrán) con optimismo. Lleva 2 años, 2017 y 2018 con fuerte crecimiento anual en sus exportaciones de 18,4% y 13,4% respectivamente y ya el primer trimestre de 2019 muestra datos con la misma tendencia no solo en el anualizado de 3,7% sino mucho mas importante, en las cantidades por 19,4%. Y si uno mira, cuales fueron sus principales mercados, Europa ni figura hoy en los 3 primeros destinos, por lo que el mercado que se le abre con este acuerdo le cae como anillo al dedo. Misiones debe tomarse este acuerdo muy en serio, ponerse a trabajar para poder abastecer en volumen y para ello deberá volverse muy competitivo. Además, por su ubicación estratégica, puede aprovechar para convertirse en un imán para inversiones de diversos tipos sabiendo que con el turismo tiene mucho por ofrecer también. Es decir, tiene tiempo, pero mucho por hacer también.

En conclusión, no hay dudas de cómo ha sido el resultado de los países que se integraron al mundo con potencias económicas, todos salieron ganando en bienestar para sus poblaciones, y ese el camino que debemos recorrer. Es cierto que, en todo proceso o cambio, se generan ganadores y perdedores y probablemente habrá rubros que se verán beneficiados más que otros. Pero lo que debemos tener en cuenta es que ese resultado debe ser medido por la mejora lograda a través del consumidor teniendo la posibilidad de conseguir mayores bienes y servicios a los mejores precios posibles. Los empresarios y la política a través de una planificación de largo plazo deberán preparar las bases para competir no sólo con el consumidor local sino también con el de la UE y eventualmente los recursos que se pierdan deberán migrar hacia los sectores de mayor dinamismo y rentabilidad, algo que no solamente sucederá dentro del Mercosur sino también en la propia UE. Es un proceso de reacomodamiento sano que traerá más beneficios para todos. Está en nosotros elegir el camino del progreso o seguir el que venimos recorriendo hace ya demasiados años. A trabajar.

 

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