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Apertura o proteccionismo, lo que está en juego en el acuerdo con la Unión Europea

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Hace unos días el Gobierno anunció la firma de un acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur básicamente para que, a través de la eliminación de barreras arancelarias y cupos, se incremente el comercio entre ambos bloques de países.

El hecho tiene una trascendencia incluso mayor que la propia creación del Mercosur y genera la obligatoria polémica a la que estamos acostumbrados por estos lugares; muchas especulaciones se están realizando sobre a quiénes beneficia y a quiénes perjudica, por ende es importante tener en claro algunos conceptos:

1 El tiempo:

El acuerdo tiene que ser refrendado por los poderes legislativos de los países comprometidos. Expertos estiman que esto podría llevar un plazo de dos años con lo cual mañana no va pasar nada todavía. No obstante dos años pasan rápido y si esto se ratifica (esperemos que así sea aunque Francia ya manifestó su desacuerdo) va a cambiar para siempre el comercio exterior de nuestro país.

2 A favor o en contra

La eterna discusión entre librecambistas y proteccionistas vuelve a florecer. Los primeros exponen basados en las ideas de David Ricardo y sucesores sobre el argumento que el comercio internacional genera beneficios para todos, ya que permite desde el lado de la demanda tener a disposición más bienes para comparar a la hora de elegir y desde el lado de la oferta más consumidores para venderles productos; los segundos establecen que hay que proteger la industria nacional para que se desarrolle, y la principal manera de hacerlo es con cupos y aranceles a los productos importados. La literatura es sumamente amplia sobre este tema, la realidad es que los países desarrollados son ambas cosas dependiendo del momento y del rubro que se trate. Europa y Estados Unidos protegieron su industria hasta que se desarrolló y aplican subsidios y trabas arancelarias a su producción agrícola para custodiarla de los productos de los países en vías de desarrollo. 

Lo cierto es que no se puede hacer una religión ni de una idea ni de la otra: todo depende del país, del rubro y del poder de lobby que tenga el empresario que se ve amenazado por la competencia internacional.

El dato que no hay que dejar de tener en cuenta es que a Argentina le fue muy bien con el modelo agroexportador. De hecho es cierto que tuvo el PBI per cápita más alto del mundo vendiendo trigo y carne; ver cuadro:

En el año 1895 Argentina superaba en PBI per cápita incluso al propio Estados Unidos, pero ¿cuándo empieza la decadencia?: existen muchas opiniones y no queda claro todavía si en los años 30 (culpa de Uriburu) o en los años 40 (culpa de Perón) pero sí está claro que a medida que el país se fue cerrando al mercado interno, fue perdiendo su pujanza económica. 

La patria agro exportadora fue muy criticada por las desigualdades sociales que coexistían en el país, pero hay que ubicarse en la época: el Keynesianismo, el Estado de bienestar, la responsabilidad de contención de los sectores más vulnerables, etc. son conceptos que nacieron años después, por lo que cualquier modelo hubiera acarreado tales desigualdades, ya que era el rol del Estado y no lo que se producía lo que las generaba.

El otro punto a mirar con lupa es la crítica que se hace a los procesos de apertura comercial que tuvo la Argentina en los años recientes, sobre todo en la última dictadura y en la década del 90 y cómo el país cayó en un proceso de desindustrialización por tener que competir con productos más baratos. 

No me gusta generalizar ya que cada sector de la industria tiene su realidad, pero si hay algo en común en estos dos procesos: que la Argentina tuvo el tipo de cambio atrasado (o el dólar barato) que hacían que nuestros productos, por más eficientes que fueran los empresarios, fueran caros para el resto del mundo. Pero la culpa fue de la política cambiaria primero de la plata dulce de Martinez de Hoz y después el uno a uno de Cavallo  y no de la dinámica del comercio en sí, con lo cual sería un suicidio tener una moneda única con Brasil y abrirnos al mundo, como lo explicamos acá http://www.economis.com.ar/la-moneda-unica-no-esta-facil/.

Vengan de a uno por las conclusiones:

Con el comercio exterior nos fue bien.

Las desigualdades no son culpa del comercio exterior, al contrario China sacó más gente de la pobreza extrema comerciando con el mundo que con el comunismo cerrado de Mao Tse Tung.

Nuestro país es muy chico para crecer con el mercado interno, debemos vender afuera si queremos crecer.

Que si vamos a vender materias primas y comprar productos industriales es una estupidez: compramos lo que queremos o necesitamos (si no le compramos a Europa le seguiremos comprando a China, Brasil, etc.). Nadie nos obliga.

También vendemos lo que producimos, y si hoy producimos materias primas eso es lo que vamos a vender. También aquí conviene aclarar que la agricultura cambió y la mano de obra que genera toda la cadena entre maquinaria, estudios, seguros, agroquímicos generan bastante más empleo que un tipo tirando semillas o arreando el ganado como era en 1895.

¡Bienvenido sea el tratado! ¿Qué va a pasar? Depende de los negocios que sepamos generar. Ahora, por favor, no atrasen el dólar (cosa que ya está ocurriendo) porque va a ser un desastre que para variar le vamos a echar la culpa a los malos europeos por fundirnos y no como corresponde a nuestras erráticas políticas cambiarias.

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